No soy de guardar rencores

Carpetazo

No soy de guardar rencores. Pero si soy proclive a decir lo que siento como ciudadano. Y digo hoy que en este estado los ladrones son sus majestades. Los reyes en un imperio pobre.

Ayer concluí dos semanas de peregrinar por todas las instituciones relacionadas con la justicia, clamando casi hincándome para que se atendiera mi denuncia de robo Lpz/1322/2017. Hoy digo con tristeza de que nadie escuchó mi súplica.

Puertas cerradas en la Procuraduría. Despotismo en el personal. Indiferencia y burla de los jefes. Ofensas de los responsables. Y la disculpa estúpida de “no podemos hacer nada. Hay atrás de usted 1321 personas esperando ser atendidos». Un agente tuvo el cinismo de recomendarme que me olvide del asunto y que compre un perro.

No me frustro con la cachetada en frío de una Procuraduría que en mi caso me está demostrando que no  existe para el ciudadano. Que le pasa en penumbras ese bodrio del Nuevo Sistema de Justicia penal. Una procuraduría que no procura y que traiciona a un gobierno que si da muestras de que le preocupa la gente.

Me cansé en estas dos semanas de caminar. De tropezarme en las escaleras. De declarar al vacío mis penurias y dolor por el arrebato de mis cosas, por los reyes del robo y de las complicidades. Harto estoy de decir el apodo del granuja responsable y ver que la mano oficial no lo apunta.

Molesto en demasía de decir que ese pillo anda vendiendo ya mis cosas. Y triste por ver que la autoridad se molesta y cierra las puertas cuando me ve llegar para hacer la pregunta ¿ lo detuvieron?

Los rencores no me llegan. La expresión de coraje no me cesa. Pero tampoco me cierro a la ingenuidad. Se que no pasará nada. Mis 100 plumas con historia, guardadas con recelo toda mi vida. Una vida vieja. Y achacosa, no volverán. Mis recuerdos, regalos de mis amigos se fueron. Mis fotos, mi colección de periódicos. Mi título, mis documentos. Mis cuadros ya no son míos. Ahora están en manos de ese pelafustán protegido por la ley intocable.

Gracias Procurador. Gracias a quienes se pitorrean de mi suerte y de mis 14 atracos y mancillamiento a mi hogar. Y que nunca fueron castigados.

Gracias a mi Dios. Gracias, porque hoy este domingo me ha dado la luz del entendimiento para darle carpetazo a este oprobioso tema. ¿Qué pasó?

Nada. Nada ha pasado en este imperio de la ley, del Rey  Salomón…Perdón, del Rey Palemón. Y sus secuaces. Y de policías ciegos y burlones.

Tacaño

Con tanta gente que llegamos al Valle no se sabía quiénes éramos buenos. O malos. O si éramos una mezcla de ambas cosas. Quién sabe. Lo que si es que llegamos cada persona de diferentes manías, costumbres, culturas. Y también con caudas o en términos coloquiales colitas pisables.

Yo conocí a muchos y a la vez conocí a los míos. Hoy les voy a platicar de Juan Rodríguez Pérez. Un hombre gordo. Un poco calvo. Su manía, una absoluta tacañez. Esta rayaba en la exageración. Tenía una frutería. La más grande de La Toba. Las manzanas jugosas. Los plátanos rozagantes. Olía rico. Los precios carísimos. Pero como en aquellos tiempos había dinero a raudales eso no importaba.

Pero como había ricos. Muy ricos Había también pobres al extremo. Y estos pedían a Juan ya sea mejores precios. O el clásico pilón. O vaya la caridad. Y a esto Juan siempre contestaba. Ahí dejen mis frutas. Prefiero que se echen a perder. En los años que le conocí siempre uso un pantalón azul. Y una misma camisa gris. El hacía todo en la tienda para no gastar. Comía un birote. Y una coca. No le hablaba a nadie. Era un hombre aparte de tacaño misterioso. Decían que tenía un colchón repleto de dinero. Y el tiempo pasó. La edad se le vino encima. Y las crisis también. Su frutería se fue achicando hasta quedar en un modesto tendejón donde estaba la fruta toda pachiche. Pero no la regalaba.

A los setenta años se fue a vivir a Zaragoza. Allá murió solo y abandonado. Las causas de su deceso fueron infarto al miocardio de diez minutos. Y como era tan tacaño no quiso ir con el doctor para no pagarle. Su rostro tenía un rictus de dolor. Era un hombre amargado.

Cuando esto pasó, unos vecinos de María Auxiliadora quemaron el colchón de este despedía un extraño olor. ¿Sería de dinero?.

Vidas Paralelas

Muy comentada la entrevista del alcalde comundeño Francisco – Pancho- Pelayo con Miguel Ángel Ojeda. En ella hizo una amplia descripción de lo que está haciendo para transformar esa región en un mejor destino. Bien…Los distritos del estado están en el abandono. Los diputados los abandonaron por el brillo del dinero. Hoy los problemas de los ciudadanos son solo de ellos. En los legisladores no tienen el más mínimo apoyo. Qué pena… Y con esto nos despedimos deseando lo mejor que es la vida misma. Y no olviden: hagan el bien y sean felices.

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