En este mes de mayo se cumplen 9 años del inicio del ascenso represivo en contra de varios brotes de descontento social

“Atenco no se olvida”

En este mes de mayo del presente año se cumplen 9 años del inicio del ascenso represivo que el entonces presidente Vicente Fox implementó en contra de varios brotes de descontento social que habían surgido en el país.

Todo dio inicio a principios de los 2000, cuando la televisora de TV Azteca tomó 1,200 metros cuadrados para la instalación de una antena, sin el consentimiento de los dueños de las tierras, campesinos de Atenco. Al reclamar éstos su propiedad el presidente Fox decidió comprar las tierras a un precio que seguro ninguno podría resistirse, la cuantiosa cantidad de 1.20 centavos el metro cuadrado.

“Si nos quitan nuestra tierra, nuestro terreno, nos quitan todo”, dijo el ejidatario de Atenco Ignacio del Valle, en el 2001 después de que el gobierno mexicano anunciara que construiría el nuevo aeropuerto internacional de la ciudad de México, junto con la expropiación de casi 5, 000 hectáreas de terrenos agrícolas en Texcoco para llevar a cabo el proyecto. Fox en una primera propuesta ofreció $7 pesos por metro cuadrado, en una segunda propuesta elevó la oferta a $70 y en una tercera y última oferta el precio por metro cuadrado quedó en $700 pesos, las tres propuestas fueron rechazadas.

Alrededor de 50 campesinos, que se verían afectados con dicha decisión, mostraron su descontento al gobierno y bloquearon la carretera federal Texcoco-Lechería. Después de meses de resistencia y manifestaciones en la capital, los campesinos deciden formar una organización llamada El Frente de los Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT). En Agosto del 2002, Fox anuncia la cancelación definitiva del proyecto del aeropuerto.

En el 2006, en periodo de elecciones, el FPDT se anunció a favor de la nueva estrategia política del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Fue entonces cuando el Estado comenzó las provocaciones.

Pareciera que se había vuelto a la guerra sucia de los años 70 y 80. El gobierno haría lo necesario para controlar a todos aquellos revoltosos que, en busca de defender sus tierras y con machete en mano, atentarán en contra del proyecto nacional.

El 4 de Mayo del 2006, la policía municipal intentó desalojar a un grupo de vendedores de flores en el mercado de Texcoco lo que genero un enfrentamiento sumamente violento entre la policía estatal y los floricultores e integrantes del FPDT, que apoyaron al ver las agresiones por parte de oficiales. Esto fue el inicio de una de las más violentas represiones que se han visto a través de la historia del país, como lo fue en su momento la matanza del 68.

Es triste la clara inclinación que desde entonces poseen los medios de comunicación hacía el gobierno, obstruyendo que la información objetiva de los acontecimientos llegue a ser conocida por el resto del pueblo mexicano. Tal fue el caso del noticiero Hechos Meridiano, quienes sesgando la información dieron a conocer en cadena nacional que tanto los floricultores como los miembros del FPDT eran los agresores e incitaron al gobierno a imponer medidas más fuertes para acabar con estos hombres que ponían en entre dicho la autoridad del Estado.

“Camarógrafos y fotógrafos fuimos golpeados por miembros policiacos al ver como estábamos documentando los enfrentamientos, detenciones y allanamiento a casas particulares. Una prueba más del control que el Estado hace de la información” (Eduardo Verdugo, 2006).

Al crearse un consenso informativo que busca legitimar las acciones del gobierno, en este caso el ingreso de la policía y el abuso de los cuerpos policiacos a los pobladores de Atenco, provoca que el resto del país tenga una visión donde el gobierno siempre hace las cosas de manera correcta. Los pobladores de Atenco, guiados por el tan conocido dicho “ojo por ojo”, justifican su proceder de agresión contra la policía estatal como respuesta a una primera agresión por parte ésta, accediendo a su derecho de réplica.

La acción propagandística de los medios de comunicación busca explotar las emociones de la ciudadanía, el miedo, la inseguridad, la ira, etc. para crear una visión donde el pequeño grupo de Atenco se caracteriza por ser violento y dado que lo es, también es subversivos y por tanto está violando el orden constitucional y hay que ejercer la coerción, reprimirlos.

El número de policías que participó en el operativo fue de aproximadamente 3,500 efectivos frente a 300 civiles, una relación de 10 a 1. Aun cuando había ciudadanos de Atenco heridos por los golpes y granadas, la Policía Federal impidió el acceso a la Cruz Roja para poder brindar apoyo médico.

Además del fallecimiento de  Alexis Benhumea y Javier Cortés, la detención de 106 personas, entre ellas 16 menores de edad, 2 observadores de Derechos Humanos, 3 periodistas independientes y la expulsión de cinco extranjeros, treinta de cuarenta y siete mujeres detenidas fueron víctimas de vejaciones y violaciones por parte de elementos policiacos. Los responsables dicen fueron “excesos”, sin embargo hasta el momento nadie ha sido castigado por ello.

Peña Nieto, gobernador del Estado de México en ese entonces, afirmó que no fue un atentado contra los ciudadanos sino contra un grupo subversivo al que era necesario reprimir debido a que atentaba contra la paz y la seguridad de los pobladores de Atenco. Es obvia la hostil demostración de fuerza que el gobierno pretendía hacer al infligir un castigo ejemplar que sirviera como advertencia a otros movimientos.

Fue entonces cuando el gobierno del Presidente Vicente Fox mostró ahí lo que llegaría a ser una estrategia de represión contra los movimientos sociales y políticos: la combinación de fuerzas federales con locales para sofocar a sangre y fuego tales movimientos.

Este operativo tuvo como finalidad generar terror en la sociedad, dejar claro el mensaje de “NO meterse con el gobierno”. Doblar a la población mediante el miedo, permite a la elite gobernante tener un mayor control sobre nosotros, los gobernados. Es necesario romper con este miedo, debemos alzar la voz ante las injusticias a las que nos vemos sometidos, la opinión pública debe de ser un arma de presión hacia el gobierno que sirva para la moderación de su actuar.

Los invito a que reflexionemos, han pasado ya 9 años de este triste suceso y aún no han sido castigados los agresores, violadores y asesinos. No olvidemos que de lo único de lo que estamos ciertos es del pasado, el cual es la base para construir nuestro futuro, no permitamos que funcionarios abusen del poder que nosotros como ciudadanos les otorgamos mediante nuestro voto. Su función principal es salvaguardar nuestro bienestar. En la medida en que la ciudadanía no se quiera informar, será más difícil poder acabar con las ilegalidades, la violencia y la fuerza que nos oprime. Dejemos de ser indiferentes, aprovechemos el acceso a la información y alcemos la voz ante la injusticia social, porque al fin de cuentas nosotros, los mexicanos, tenemos el poder del cambio en nuestras manos.

 Darien Lizette García Gutiérrez, estudiante de Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey, campus GDA.

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