Al Rojo Vivo / Quema

Hay poco amor y si lo gastamos en pleitos no tiene caso. Reza un dicho muy cierto y lo aplico hoy a la manera tan infame como nos estamos acabando nuestros recursos naturales. Obviamente los no renovables. La última forma de hacerlo es con los incendios. Y lo padecimos el pasado fin de semana cuando a en San Ignacio  se prendieron varias hectáreas. Ya en la misma semana en el sur se habían registrado más quemazones. Y todavía tenemos fresco el recuerdo de los incendios en la cañera Todos Santos donde se quemaron varias huertas y ocho viviendas. Conozco un caso de los afectados. Una familia muy modesta perdió todo. Un viejecito vio como el fuego le acabó todo el patrimonio. Ahí estaban sus instrumentos musicales, los recuerdos de su esposa ya fallecida, su dinerito, todo, no quedó nada. Y esto mismo le pasó al resto de las familias dañadas. Ayer me eché una vuelta para comprobar lo que ya me habían dicho y me dolió el alma y el estómago al ver la desolación, huella infernal que dejó el incendio. Pero estos casos son los más recientes. Hemos tenido una cadena de éstos en Santa Rosalía donde pegan con ganas, en Los Cabos.  Hace unos cuantos días cerca de la gasera. En fin a lo largo y ancho del estado. Y fíjese amigo lector que lo más triste de estas quemazones es que no nos preocupamos. Ya los vemos tan normales y tal exclamamos un “pobrecitos” y nada más cuando debería de ser diferente. Y me refiero con esto a una amaga realidad y es la que se refiere a que no tenemos en el estado la cultura de protección. Y aunado a eso no tenemos tampoco los recursos económicos para que los organismos encargados de salir al frente a apagarlos, ya sean los bomberos y Protección Civil. No hay dinero ni los elementos necesarios. No los tenemos y ahí está la prueba más evidente y devastadora que las huellas de los incendios. No son nuevos estos. Aclaro. Ya se han padecido con mucha anterioridad, pero creo que ya llegó la hora de hacerles frente y con seriedad armar estrategias para que los daños no sean tan aniquilantes.

 Todos

Es ocioso decir que además de los recursos económicos y materiales, se necesita la voluntad también del ciudadano. Que todos nos hagamos a la idea de que tenemos que cuidar nuestro entorno. Si vemos que hay pasto seco o palmeras caídas no se vale que se les prendan fuego de manera irresponsable. Las autoridades locales deberían de llamar a cuentas a quienes los provocan. Y es que la mayoría de todos los incendios de los últimos años no han tenido responsables. Y eso es penoso.  Hay que hacer algo para ya no seguir acabándonos lo que más queremos: nuestra casa común. Y esto lo digo por los Comondús que fueron devastados y hasta hoy no conozco que se hayan fincado responsabilidades a los incendiarios.

Vidas Paralelas

Ayer quedó demostrado esa buena relación del Ayuntamiento con Desarrolladores. Y esto fue cuando el alcalde Armando Martínez Vega recibió al Director General de Fincamex.

Con el objetivo de dar orden y legalidad a las acciones de trabajo que llevan a cabo las empresas desarrolladoras en el Municipio de La Paz. El Edil se reunió con el director General de Fincamex, Enrique de Rueda Peiro y le precisó que los desarrolladores habitacionales siempre tendrán el respaldo de la administración municipal en cuanto a los servicios básicos y prioritarios que la población necesita. Muy bien… Sabor del tiempo para comer sabroso vamos al Guadalajara. Expresión con aires de nostalgia que nos llevan a la mesa de lo que fue por muchos años en La Toba un lugar fino. Elegante donde don Chava Carrillo y su familia atendían con esmero a los comensales más exigentes. El Guadalajara tuvo varias sedes. Y nunca perdió la calidad. Fue también centro social. Se celebraban bodas, bautizos comuniones. Todo lo festejable. La cerveza más helada. Los vinos finos. Y las carnes del Guadalajara fueron historia. Don Chava. Un hombre de respeto. Y líder de una familia de trabajo. Sus manos mágicas no se limitaban para elaborar sabrosuras. Yo recuerdo un bistec ranchero. «Mmm, mamita mía, qué rico.»Ese centro del sabor y el tiempo unió a nuestra gente. Era nuestro orgullo. Y era don Chava. Muy nuestro. Me sirven por favor un pollo a la naranja  y me traen mi cerveza Superior. Dios mío. Qué tiempos. Don Chava.! … Y con esto nos despedimos deseando lo mejor. Y no olviden; hagan el bien y sean felices.

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