No cierren la puerta señores diputados

Al rojo Vivo / Puerta

No cierren la puerta señores diputados. No se vayan de vacaciones. No las merecen. Y no se vale que dejen la víbora chillando. Y un estado ávido de sus acciones.  Deben de reconocer que este periodo  fue muerto. Y que se van a gozar la dolce vita con una cauda de desprestigio, con un presupuesto saqueado y con el repudio ciudadano, por la indolencia ante la ola de crímenes que azota la entidad. No se vayan así diputados. No es sano para ustedes, ni válido para el Estado. No se entiende de su cerrazón ante la sangrienta realidad. No se tolera que los responsables de las comisiones de seguridad y justicia en lugar de llamar a cuentas a los responsables de las masacres colectivas se dediquen a organizar comilongas pantagruélicas para apantallar al pueblo y arrancar de manera tempranera las precampañas. No se vale. Como no es bien visto las compras compulsivas de bienes inmuebles, de lideresas parlamentarias. El pueblo ve, escucha y juzga. Y ya está hasta la coronilla de aguantarles diputadas y diputados sus cinismos. No cierren la puerta señores.

Tiempos

De pronto se atravesó una mano abierta en mi camino. Me sacó de mis pensamientos. Fijo la mirada en ese hombre que me dice: Jesús, dame una moneda. Tengo hambre. Como arco reflejo metó la mano a la bolsa. Nada. No encuentro nada. A la otra bolsa. Y nada. No dejo de mirarlo. Es él. Claro que es el mismo hombre que yo conozco de varias décadas. Un hombre que en su pasado fue rico. Músico de prestigio. De famas. No es una persona común. Y aquí está extendiendo su mano pidiéndome una moneda. Una moneda para comer. De la búsqueda infructuosa paso de la sorpresa a la respuesta. «Espérame tantito, dejé mi cartera en el carro. Voy por ella. Y lo dejé ahí con esa mano extendida, vacía. Retorno. Voy por el camino andado. Tomo mi cartera. Y ahí voy otra vez. Y en cada cuadro recuerdo la bonanza de ese hombre. Y su nuevo estatus. Me da tristeza. Siento que me duele el cuerpo. Me acordé de mis vacas flacas. Y de las gordas. También de la entrevista de mi padre donde dice que el hambre es lo peor que le puede pasar a un ser humano. Me acuerdo de muchas cosas. Y llegó al lugar donde lo vi. Y ese hombre ya no estaba ahí. Se había ido. Arrisqué con dolor los billetes que pensaba darle. Y mi día ya fue bueno. No me sentí agusto comiendo. Hoy de nuevo pasé por ese lugar. Y ahí estaba otra vez en su lugar. La mano extendida a una caridad avara. A la mirada indolente de muchos que lo miran casi con odio. No saben que esas expresiones son para ellos mismos por qué nadie estamos exentos de caer en esto.
Lo salude otra vez con aprecio. Me pidió agua. Se la di. Y también le di un fuerte abrazo. Mi amigo como yo, como muchos, atravesamos con dolor tiempos malos. Pero tenemos la esperanza de que lleguen los otros, los buenos. Los de la bonanza. Que Dios nos escuche.

Vidas Paralelas

En BCS los perros si comen carne de perros. Y lo digo por los ataques a mi hijo Antonio de Jesús. Obvio que se defiende solo. Pero me queda un dolor como padre al ver la saña con la que lo tratan por un chisme en su pequeña empresa. Son gajes del oficio y acciones cobardes de malagradecidos, forajidos y asaltantes. Ese es mi pena que los ataques vengan de gente chafa. Sin valor. Animo hijo, de esto y mucho más te encontrarás en la viña del señor. Todo pasará… Tiene sus costos el llegar a viejos. Achaques por doquier. Caídas vergonzosas. De todo hay. Pero un poco más vergonzoso es ser viejo y político. Ahí se sufre un poco más. Y diga si no señor ex gobernador Leonel Cota Montaño. Este personaje es víctima de los nuevos como Alberto Rentería líder local de Morena. Se le fue a la yugular al oriundo de Santiago porque anda de aprontón en las marchas del Peje. Esta humillación a Cota quien se resiste al retiro, es la comidilla del día. Andan agarrados del chongo por las cercanías del Mesías tabasqueño. Pobre Cota. Pero hay que entender que el tiempo pasa. Y el poder se acaba… Escándalo político por los robos que sufre Marco Antonio Almendáriz. Los ladrones no respetan fueros. Y mucho menos se resisten a robar a domicilios de nuevos ricachones como los de ese diputado al que le ha ido súper bien en los últimos tres mandatos… Y con esto nos despedimos por hoy. No olviden: hagan el bien. Y sean felices.

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