Ya llegará el momento de reconocer a Biden sin enfrentar la furia del desquiciado Trump.

Biden y el domador de circo

El triunfo del candidato demócrata a la presidencia, Joe Biden, es inobjetable. A estas alturas y con los abultados números de votos a su favor, sostener la teoría del fraude, pone a quien la proponga en una difícil situación, pues la palabra mágica para resolver esto es, PRUEBAS. ¿Dónde carajos están las pruebas que sustenten esta afirmación?

Entrar en esta discusión sería lo mismo que debatir sobre si llegó el hombre a la luna o no, cuando todos sabemos que la tierra es plana.

Ha llamado mucho la atención la postura del presidente López Obrador, al no pronunciarse públicamente para felicitar al virtual ganador de la elección al otro lado del Río Bravo.

Andrés Manuel ha apelado a la prudencia, a no precipitarse a felicitar al oponente de su cercano aliado, a esperar que esté un poco más clara la situación pues hay algunas inconformidades, dice el tabasqueño.

Esta posición vacilante, le ha ganado el reclamo de los que siempre le reclaman y el elogio de los que siempre lo elogian.

A mi juicio, López Obrador, juega con inteligencia, es astuto, sabe que esta metido en un pantano. Por un lado, cuida de no verse como el oportunista que corre a abrazar al vencedor despreciando al aliado vencido. Pero por el otro, evita enemistarse con el nuevo mandamás de la Casa Blanca.

Nuestro presidente, es un domador de bestias, vean ustedes como pudo conseguir que el extremista de derecha, Donald Trump, le diera oportunidad de hacer el ejercicio de instalar un gobierno que para muchos es de izquierda, cosa de la que difiero completamente, justo en su frontera sur. Y seguramente ya tiene lista su estrategia diplomática para definir las bases de la nueva relación de México con Estados Unidos.

¿Se imaginan cuántas reuniones secretas se habrán realizado entre los voceros del entonces candidato a la presidencia López Obrador y Trump para acordar la bendición del hombre anaranjado al oriundo de Macuspana? O piensan que fue de gratis que Trump aceptara a Obrador porque le caía muy bien.

Nadie puede ocupar la presidencia en México si no cuenta con la aprobación en Washington. Nadie. Y esta aprobación gira sobre el eje principalmente de que los del país del norte sigan siendo los principales beneficiarios. Ni modo, así son las cosas, nos guste o no.

Ahora Obrador tendrá que demostrar mayor habilidad pues estará en medio de dos grandes felinos, Trump y Biden deseosos de devorarlo al menor descuido. Y como buen domador a base de fintas, palabras suaves y amenazas tendrá que procurar mantener a raya a ambos.

Yo no dudo que lo pueda hacer, al morenista le sobran medios para navegar entre dos aguas, en eso es experto.

Ya llegará el momento de reconocer a Biden sin enfrentar la furia del desquiciado Trump. Por lo pronto le quedan al gobierno republicano dos agónicos meses y tratándose de un demente como lo es Donald, todo puede suceder.

Mucho trabajo le espera a Marcelo Ebrard.

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