Una de las bases sobre las que se sostiene el estado moderno

Bastardos sin gloria

 y  el uso legítimo, no legal, de la violencia

Una de las bases sobre las que se sostiene el estado moderno, la que al final de cuentas vale, es la que le otorga, bajo el contrato social, el monopolio legítimo de la violencia; a partir de ello, las formas de dominación estatal, y de clase, han venido refinándose de tal manera que hoy en día es difícil poder determinar cuáles son logros del proceso civilizatorio social, o bien, formas de la dominación estatal y clasista, como lo señala Lois Althusser en su texto Los Aparatos de dominación Ideológica de Clase.

Dentro de estos mecanismos se encuentran sin duda, la de hacer ver la violencia como algo totalmente detestable y contrario al ser humano que pretenda llamarse buen ciudadano, hombre de bien, buen cristiano, o cualquier otra etiqueta que signifique que se rechaza toda forma de violencia por ser contraria al ideal social. Estos mecanismos hacen que el ciudadano común y corriente, especialmente las clases medias, tenga una aversión muy marcada por los métodos violentos para lograr cualquier meta; esto en realidad no es malo cuando es una convicción compartida, y llevada a cabo, por la totalidad del colectivo social, sin embargo, cuando ésta es una idea que se impone como forma de sojuzgamiento, resulta entonces que unos renuncian a la violencia, dejando a otros, en este caso al estado, delincuentes o a los dueños de los medios de producción, total libertad para ejercerla en sus diversas modalidades y lograr sus objetivos específicos, teniendo la seguridad que la población no actuará de la misma manera.

Es necesario decir, aunque se políticamente incorrecto, que en realidad el ser humano tiene el derecho de hacer uso de la violencia para defender sus causas; pasar del estado de naturaleza al estado civil, implica renunciar a este derecho para otorgarle al arbitrio del estado la función de hacer justicia ; cuando el pacto no se cumple, ya sea porque el estado u otros actores de la comunidad ejercen de manera deliberada y sin castigo alguno tal violencia, la soberanía que fue cedida al estado, el derecho al que se renunció, vuelve a estar vigente, dado que el pacto social de no agresión ha sido roto por algún actor social.

Además de lo antes señalado, el auge que ha tenido de nuevo el modelo capitalista en su versión neoliberal, a puesto más que nunca el consumo como fin social y como forma de realización personal; de esto ha derivado que el crimen, no solo el narcotráfico, sino toda una serie de actos que rompen la ley y lesionan intereses de terceros se vuelvan cada vez más común y permitido en el afán de conseguir el american dream. De tal suerte a  mediados de los noventa vivimos la famosa oleada de ladrones de cuello blanco que apoyados en diversas argucias, lagunas legales y complicidad gubernamental, desfalcaron a personas e instituciones; incluso tal fenómeno se dio recientemente de nuevo en los Estados Unidos, quebrando empresas, evadiendo el fisco y dejando a miles de personas sin empleo o sin sus ahorros.

En el caso de nuestro país el caso más evidente hoy en día es el narcotráfico, un fenómeno que rompe el pacto social de no agresión, de dejar al estado el monopolio de la violencia y del afán de consumo que justifica cualquier cosa.  Quentin Tarantino en la película Bastardos sin Gloria, hace una propuesta por demás interesante, pareciera algo radical, pero a estas alturas cualquier solución debe ser del tamaño del problema. En la película un comando de militares de los aliados, gringos, va matando nazis y llegan a tramar una conspiración para matar a Hitler. El jefe de la GESTAPO descubre tal complot, pero decide negociar con los americanos la vida del Fürher; a cambio de permitir el asesinato pide que se le exonere y reconozca como agente encubierto al servicio de los aliados, que se le otorgue una pensión vitalicia de acuerdo a su rango militar y que el Congreso de los Estados Unidos le entregue una medalla al mérito por los servicios prestados limpiando toda culpa de su participación en el holocausto. Brad Pitt que comanda al equipo de asesinos de nazis, al enterarse de esto, antes de entregar al desertor nazi a las autoridades americanas para que lo protejan y le den una nueva oportunidad de vivir en el mundo libre como un héroe, toma un chichillo y le marca la esvástica en la frente para que queden marcados de manera indeleble los crímenes que cometió, no solo el mencionado general alemán, si no todo lo terrible que significó el tercer reich para la humanidad, evitando con esto que por una negociación y conveniencia política quede en el olvido un episodio tan lamentable.

Desde luego que esto es aberrante para la mayoría de la gente, crecidos bajo el mandato de no hacer justicia por su propia mano, pero considerando el tamaño de los crímenes cometidos por el general nazi, en este caso, dejar que pasara al olvido y viviera una vida placentera sería una verdadera injusticia en términos filosóficos,  en términos legales todo se puede. En Estados Unidos hasta los años sesentas los negros tenían prohibido ocupar los mismos espacios en el camión o en los restaurantes que los blancos, así lo marcaba la ley, todavía en los ochenta el gobierno estadounidense se negó a repudiar la política de apartheid en Sudáfrica como se lo solicitaba la ONU, teniendo en cuenta que la ley y el aparato estatal puede obedecer a intereses particulares y sumamente injustos, ¿cuál imperativo moral está sobre el deseo natural de sobrevivir ante situaciones donde ni el estado ni los demás miembros del pacto social intervienen para resguardar la integridad de algún grupo social en riesgo? Para todos aquellos que rechazan la violencia quiero decirles que coincido con ellos, que la violencia es algo deleznable que empobrece a los seres humanos y a las naciones, pero también es cierto que la violencia no se puede explicar más que con la violencia, es decir, que más que pedir que quienes son vejados y amedrentados pongan la otra mejilla, debiéramos de señalar al que tiró la primera piedra, que puede ser desde un gobierno corrupto que renuncia a su obligación de impartir justicia, que permite que unos ciudadanos abusen de otros, hasta los grupos de criminales que sojuzgan con el temor y la violencia a poblaciones enteras.

 “El detonante de todo fue cuando el narco comenzó a violar a nuestras mujeres y niñas”: Médico Cirujano José Manuel Mireles Valverde, consejero general del  Consejo Ciudadano de Autodefensa de Tepalcatepec, Michoacán.

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