No aparece el cuerpo del estadunidense Lyle Alton Renner

Se “le perdió” un cadáver a la Procuraduría de Justicia
Mario Telechea
El señor Mario Telechea Fuentes se pregunta dónde está el cuerpo de su amigo Lyle Alton Renner, al que quiere darle sepultura desde el 21 de noviembre para que descanse finalmente en paz.

La Paz, Baja California Sur.- La Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) extravió el cadáver de un ciudadano norteamericano, de nombre Lyle Alton Renner, nacido en Dakota del Sur el 11 de marzo de 1935. Después de morir el pasado 21 de noviembre de este año en el Hospital General con Especialidades Juan María de Salvatierra, sus amigos buscaron darle entierro, pero luego de una serie de trámites burocráticos y supuestos traslados del cuerpo, los ministerios públicos perdieron al occiso.

Lyle vivía en Oregón, y era uno de esos pájaros de invierno que bajaba a la california original para pasar los tiempos de frío. Durante varias temporadas rentó un espacio con el señor Mario César Telechea Fuentes, y al cabo de los años se convirtieron en amigos. En el invierno de 2012 las cosas fueron un poco distintas, porque Lyle le confesaba a Mario haberse enamorado de una chica, que a la postre lo auxiliaba con labores de limpieza. El hombre le dijo a su amigo que volvería en 2013, pero ahora a vivir sus últimos años en una casa propia que su nueva amada le construiría con el dinero que enviaría durante el año, dinero de su pensión.

Al regresar a México este año, al puerto de ilusión, Lyle Alton Renner se encontró con que había sido estafado. En La Paz no había casa, no había dinero y, por supuesto, no había mujer, así que acudió con su único amigo mexicano en busca de ayuda. Lyle le dijo que no tenía más recursos que unos cuantos dólares en una cuenta de ahorros, así que sin dudarlo Mario lo recibió en su casa.

Al cabo de unas cuantas semanas, en las que el norteamericano no dejó de beber, su salud, junto a su estado de ánimo, empezaron a decaer de forma dramática. Ya vivía con Mario César para ese entonces, o “mister clean”, como lo llamaba él. Un día, cuando Mario volvió de trabajar, se encontró al señor Alton Renner desfallecido en el suelo, se había caído y había perdido el conocimiento. El médico le dijo a Mario, pues Lyle no hablaba español, que la salud de su amigo era extremadamente crítica, diagnosticándole poco tiempo de vida, pues su hígado se hallaba “destrozado”. Después de esa caída era otro, y no pasó más de una semana cuando, tratando de pasar del sillón del televisor a su poltrona, tuvo un nuevo accidente, el cual le provocó heridas en la frente y en el labio superior, pues estrelló su rostro contra la silla mecedora. Ese día fue el 21 de noviembre. Lyle ingresó al hospital y no salió con vida.

“Este año llegó, y llegó mal. Con lo de la muchacha se fue para abajo, en lo moral, en todo. Cuando llegó conmigo le puse su cuartito y todo, pero no puede levantarlo, se fue para abajo bien feo […] Cualquier cosa que pase, me dijo el doctor, háblame, yo te respaldo […] Se cayó aquí, se golpeó contra la poltrona, y yo lo vi muy golpeado, porque su brazo se le puso moreteado, se le puso negro, yo creo que tronó por dentro al momento de caerse, y bien asustado lo llevé al hospital y de ahí ya no salió. Llegó a las ocho de la mañana al hospital, y a las doce me dijeron que se iba a morir”.

Es aquí cuando inicia el duro proceso de intentar ofrecer sepultura a Lyle Alton. Telechea Fuentes se comunicó con la familia Renner para enterarlos de la noticia, pero asegura que los de aquel lado le respondieron que el viejo tenía planes de morir en México, y que no contaban con dinero suficiente para viajar hasta la media península y hacerse cargo de los gastos. El consulado mexicano hizo lo propio y recibió la misma respuesta, congelando las cuentas del extranjero con aproximadamente 16 mil pesos, y otorgándole así la responsabilidad a Mario César. Siendo su amigo, no dudó en recoger el cuerpo del hospital y llevarlo al panteón para que fuera enterrado bajo una lápida con su nombre, y no en la fosa común, pero el nosocomio entregó el cuerpo al ministerio público, en donde, luego de más de una semana de visitas y entrevistas postergadas para entregarle los restos, le confesaron que apenas llegó Lyle, fue extraído sin autorización, por no se sabe quién, para ser llevado a un destino todavía desconocido, quizá a un agujero anónimo o a algún campo de estudio.

“Los del consulado dijeron, fíjese que los parientes no quieren nada de él, que ellos le dijeron que se iba a ir a morir a La Paz, que no se fuera ¿Y ahora qué va a proceder?, les dije. Me dijeron que como los familiares no tenían dinero para llevarse el cuerpo, si yo podía, que yo me encargara de él, y les dije claro que sí, yo quería enterrarlo al día siguiente, ‘nada más que ustedes no me dejaron’ […] Llego al Salvatierra el 25 de noviembre y me dicen adelante, llévatelo, estamos acostumbrados a que nadie vea por los americanos, vienen a morirse, ‘nosotros los agarramos y los metemos a un pozo’ […] Puse mi nombre en un papel y me entregaron el acta de defunción, me vine a mi casa, y en cuanto llego me llaman del hospital para que lleve el acta otra vez, me regreso y se portan diferente y me quitan el acta, el mismo día, diciendo que iban a solicitar un terreno al gobierno para sepultarlo. Cuando regreso, el martes 26 de noviembre, lo habían mandado al ministerio público número 8 […] El viernes 29 me dicen en el ministerio público, la licenciada América Lagos, ‘no se preocupe, de aquí no se va a ir’. Le dije que me parecía una burla la manera en que hablaba de mi amigo, y se molestó, me dijo que ‘así esté engusanado’, ningún cuerpo salía sin su autorización, así que debía confiar […] Volví varios días y siempre me devolvían, que venga mañana, fui este viernes, 6 de diciembre, y con una sonrisa me dice la licenciada, ‘discúlpeme, pero el cuerpo ya lo enterraron, el 26’ ¿Cómo?, le digo, ‘sí, el 26 lo enterraron. El mismo día que lo trajeron del hospital se desapareció el cuerpo, se lo llevaron, me lo robaron’, me dijo”.

Ahora el señor Telechea Fuentes se pregunta dónde está el cuerpo de su amigo, al que quiere darle sepultura desde el 21 de noviembre para que descanse finalmente en paz. Culpa a los ministerios públicos por ignorantes, arrogantes y prepotentes, pero sobre todo por ineptos, esperando que en algún momento aparezcan los restos mortales del ciudadano norteamericano Lyle Alton Renner.

“Tengo quince días que no duermo, yo no puedo dormir. Yo no sé dónde está mi amigo, no sé dónde está. Y era mi amigo, no era un animal ni una cosa, era mi amigo. Yo quiero saber dónde está”.

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