Nada nuevo nos trajo el desfile
El desfile ofreció un total general de 95 banderas institucionales, 3 banderas de guerra, 4,564 personas, 54 vehículos, 2 motocicletas, 8 binomios canófilos y una cuadrilla aérea, todo registrándose sin novedad (además de una señorita a punto del desmayo mientras desfilaba justo frente al gobernador: fue sacada de la formación y atendida por paramédicos militares).
El desfile ofreció un total general de 95 banderas institucionales, 3 banderas de guerra, 4,564 personas, 54 vehículos, 2 motocicletas, 8 binomios canófilos y una cuadrilla aérea, todo registrándose sin novedad (además de una señorita a punto del desmayo mientras desfilaba justo frente al gobernador: fue sacada de la formación y atendida por paramédicos militares).

 El Desfile Cívico Militar del 16 de septiembre -madrugador sin sentido, tratándose el 15 de septiembre de la mayor fiesta nacional- contó con participación de alumnos de nivel preescolar hasta nivel superior, así como el Ejército Mexicano, Marina, Fuerza Aérea, Policía Estatal, Policía Municipal y la Delegación de Charros, Jinetes y Cabalgantes. Nada nuevo, antes se ha visto más gente y más entusiasmo. Sobre el palco, funcionarios y políticos se hablaban al oído.  El desfile ofreció un total general de 95 banderas institucionales, 3 banderas de guerra, 4,564 personas, 54 vehículos, 2 motocicletas, 8 binomios canófilos y una cuadrilla aérea, todo registrándose sin novedad (además de una señorita a punto del desmayo mientras desfilaba justo frente al gobernador: fue sacada de la formación y atendida por paramédicos militares). El desfile terminó y los que más lo disfrutaron fueron los niños, luego los alumnos de secundaria que desfilaron y después corrían como cardúmenes de pequeños duendes bullendo hormonas, seguidos por los comerciantes locales. Los que no disfrutaron fueron los encargados de la limpieza final (los caballos parecían bien alimentados), los padres con resaca y, mucho menos, la robusta señorita del cuasi desmayo. La reminiscencia de la fiesta se notaba en la calle, caballos haciendo cuatro altos, algunos rancheros volvían con sus familias de niños y niñas desde ocho años, otros se devolvían con una cerveza en la mano, bajo el sol de las 10:55 de la mañana, y algún ¡Viva México! se escapaba por las ventanas de los coches. 

sss

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