Cuando los gatos de apoderan del tejado.

Las Profecías de Bulnes II

Dos hechos marcaron la detonación de Los Cabos como destino turístico: la resolución del problema de la escasez de agua en el corredor y San Lucas y la construcción de la carretera de cuatro carriles desde el aeropuerto. Y ambas obras se realizaron durante la gubernatura de Víctor Liceaga, con Luis Coppola como presidente de la Asociación de Hoteles y Sebastián Romo como presidente de la CANACO de Los Cabos. Eran los tiempos en los que la autoridad estatal y federal pactaban con los empresarios para sacar adelante los proyectos. El acueducto fue financiado con un préstamo de Banobras y ahí sigue trayendo el vital líquido.

¿La carretera? Fue un poco más complicado, pero se pudo resolver. Después de darle muchas vueltas, donde se analizaron todas las posibilidades, se optó por la fórmula de hacerla con recursos del programa de Solidaridad. Había un pero: la Federación ponía la mitad del dinero, pero, ¿y la otra mitad?,¿quién?.

Ahí nació el impuesto del 1.3%. Los empresarios jalaron (salvo cuatro josefinos apendejados que expusieron que la carretera no los beneficiaba, y un famoso desarrollador gandalla, por ahí sigue dando ejemplo de falta de solidaridad, que mandó todos los domicilios sociales de sus empresas a la ciudad de México para no pagar impuestos en el Estado). En 1993 la carretera fue inaugurada y desde entonces Los Cabos no ha parado de crecer.

El 1.3% fue el abuelo del actual impuesto al hospedaje.

En los discursos de inauguración de la carretera, un joven Luis Coppola, presidente de la Asociación de Hoteles, le pidió a un Salinas en despedida, que se duplicara el dinero. Que Solidaridad volviera a soltar la misma cantidad de dinero, pero esta vez para pavimentar calles, introducir servicios y darle bienestar a las clases populares. Los Iniciativos Privados (como los llamaba Freddy López) seguirían pagando el 1.3%, aportando la mitad de los recursos. Salinas dio el si.

Eufóricos, los empresarios brindaban en el Restaurante El Galeón por el nuevo logro para el municipio, cuando de nuevo Luis Bulnes Molleda profetizó: “Todo irá bien, mientras los gatos no se apoderen del tejado”.

“¿Cómo, Don Luis, qué puede salir mal en la operación?”

“Muy sencillo, Luigi, hasta ahora la obra es una sola, una carretera, con una administración federal de la SCT y recursos vigilados por la Secretaría de Hacienda en un cobro federal. ¿Quién va a controlar a los contratistas locales, los costos, los ingresos, los cobros de impuestos”? Si no hay control desde el principio, esto va a parecer una fiesta de gatos en el tejado de la casa. Ellos comen, ellos se divierten fornicando, y al dueño de la casa le dejan solamente maullidos sin dejarlo dormir. Y la caca en el tejado”.

FITURCA

Ahora el impuesto es para “la promoción” del destino. FITURCA es un fideicomiso que manipula y maneja cientos de millones de pesos anuales de recursos de impuestos, sin dar explicaciones. Los impuestos son cobrados por el Estado y puestos en manos de ejecutivos de oro, con salarios del mismo metal. Viajan por todo el mundo, disque promocionando, a costa del presupuesto, sin tener que dar explicaciones, sin rendir cuentas. ¿Resultados?

Se oyen maullidos de gatos en el tejado. Vamos a investigarlos. Trescientos millones de pesos anuales bien merecen la pena.

 

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