La sociedad necesita unirse, “debemos despertar”, claman afectados por la impunidad y la violencia
Melchor Soto Torres, padre de la aún desaparecida Lisset Soto Salinas, de tan sólo 8 años de edad, insiste en que debemos establecer “un precedente como sociedad aquí en Baja California Sur”, ser recordados como una sociedad que exigió, y no como una ciudadanía que se dio la media vuelta.
Melchor Soto Torres, padre de la aún desaparecida Lisset Soto Salinas, de tan sólo 8 años de edad, insiste en que debemos establecer “un precedente como sociedad aquí en Baja California Sur”, ser recordados como una sociedad que exigió, y no como una ciudadanía que se dio la media vuelta.

Desde el caso de la niña Marely Adriana Meza Macías, desaparecida en el 2006, han sucedido crímenes que resultan impunes, en el estado, como el de Lisset Soto Salinas, el de Jonathan Hernández Asencio, Raúl Manríquez,  Jesús Asael Valtierra y recientemente el asesinato de Ashley Madeleine Ruiz Avendaño. La sociedad necesita unirse, gritan los afectados, “debemos despertar”.

Aurora Manríquez Collins, quien observara cómo su padre, Raúl Manríquez, fuera golpeado, para morir pocos días después; aún conmocionada pide justicia y penas más severas para quienes atenten contra la vida de un individuo, pues quien mató a su padre pronto puede estar en libertad. “Según las leyes se le dictaminó un examen para su cabeza, y salió que no tiene actitud de criminal y que alcanza una fianza, entonces este individuo puede salir”.

“El gobierno nos debe de apoyar, es lo que yo insisto […] el gobierno, en lo que es el cambio, debería implementar nuevas leyes, más estrictas […] en mi caso, créeme que es duro, somos una familia grande y la manutención la tenía mi papá”.

Por su parte, Melchor Soto Torres, padre de la aún desaparecida Lisset Soto Salinas, de tan sólo 8 años de edad, insiste en que debemos establecer “un precedente como sociedad aquí en Baja California Sur”, ser recordados como una sociedad que exigió, y no como una ciudadanía que se dio la media vuelta. “La sociedad sudcaliforniana no debemos quedarnos atrás, debemos despertar, debemos manifestar en forma pacífica, pero sí con un alto grado de exigencia”.

Es inevitable hacer una mínima comparación entre los casos Ashley y Lisset, por lo que el señor Soto Torres hace notar esa empatía sentimental enviando condolencias a la familia de la niña, desde la voz cortada de un recuerdo. “Siento mucha tristeza por lo de Ashley Madeleine […] esto determina la decadencia a la que la humanidad está llegando […] espero que su familia encuentre pronto la paz interior que necesita”.

Pide a los padres de pequeños que “no se confíen, mi esposa y mi familia llegamos aquí con la idea de que aquí era muy tranquilo, nos confiamos de más y nos pasó esto, yo invitaría a la sociedad para que tenga más cultura de prevención […] tristemente sigo observando niños caminando solos, tanto como para ir como para regresar de la escuela, y eso es algo que finalmente las personas malas están buscando, esperando”.

Daniel Hernández Aguirre, padre de Jonathan Hernández Asencio, hace hincapié en que “lo más importante es unirnos todo el pueblo para exigir […] ya el estado, no nada más yo, no nada más Jonathan, el joven que mataron en Comondú, Lisset, la criatura que acaban de matar estos delincuentes, la sociedad ya es partícipe del sentimiento”.

Advierte a la sociedad en general, pues está seguro de que “a cualquiera le puede pasar lo mismo que a nosotros”. No se puede dejar todo en manos del gobierno, acepta, pero exige ciertas acciones que le parecen imprescindibles para que recuperen la confianza del pueblo. “Lo primero que tienen qué hacer, para que téngamos (sic) confianza en las autoridades, es que se detenga a Fernando González Rubio; a Lennin, el de Seguridad Pública; al licenciado Samgar, que estaba encargado del caso de mi hijo, que fue el que dejó salir a todos; yo creo que para tener confianza en ellos, son las primeras personas que se deben de detener”.

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