“No va con la trasformación moral y la revolución de las conciencias que se pretende impulsar en este nuevo régimen”, consideró el obispo de La Paz.

No fue la despenalización del aborto coherente con los principios de la 4T

La Paz, Baja California Sur.- “No existe la interrupción del embarazo. Existe el aborto que, si no es espontáneo, consiste en la eliminación voluntaria de un individuo humano en estado de gestación, lo cual siempre será un crimen, por más comprensibles que sean las razones que induzcan al mismo”, consideró el obispo de La Paz, Miguel Angel Alba Díaz.

En un mensaje dirigido a “la comunidad católica y al pueblo de Baja California Sur”, el prelado aclaró que, como dirigente religioso, no quiso tomar posición hasta leer la iniciativa que hace unos días fue aprobada en el Congreso local, y una vez  hecho, reafirmó que el aborto es “pecado y delito que debe ser llevado ante un tribunal humano y principalmente ante el tribunal divino y debe ser justamente sancionado por una pena proporcionada, se fundamenta en la enseñanza misma de Nuestro Señor Jesucristo” y contenido en el  quinto mandamiento «No matarás».

Alba Díaz lamentó que la despenalización del aborto haya sido celebrada “muy acríticamente”, por un grupo de ciudadanos como un «avance progresista».

Ante la aprobación de la despenalización del aborto, el obispo de La Paz, pidió a los representantes populares “ser coherentes con la trasformación moral y la revolución de las conciencias que pretenden impulsar en este nuevo régimen, basándonos en principios emanados y proclamados por el actual gobierno”.

“Hay acciones que, aunque sean legales, son absolutamente inmorales e injustificables”, les dijo.

“Pero más nos preocupa la indiferencia e indolencia con que fue recibida por la mayor parte de la ciudadanía”, añadió.

“La lglesia lo considera pecado grave y delito canónico y lo penaliza con excomunión, aunque, un adelanto importante en favor, sobre todo, de la mujer, es que la absolución de la misma ya no está reservada al Obispo, sino que puede absolverla todo sacerdote”.

“Es grave el homicidio, aunque no sea un acto deliberado y plenamente voluntario, sino cometido bajo el influjo momentáneo de una pasión como la ira, el temor o los celos, aunque sea el celo en la defensa de nuestra propia fe o convicciones ideológicas”, dijo.

“El aborto es especialmente grave, cuando el abortado es odiado por ser fruto de una violación, o cuando es rechazado por considerarlo un estorbo para conseguir un ambicioso o deseado proyecto de vida. Pero es más grave cuando se niega la condición, dignidad y derechos del ser humano cuya vida es eliminada. En efecto, el ser humano lo es desde el momento de su concepción o no lo es, ni nunca lo será”, consideró el jerarca católico en una parte de su mensaje.

“En consecuencia, aunque el aborto sea civilmente legal cuando se practica en las primeras doce semanas de gestación y comprendamos que esta ley pretende evitar a la mujer decidida a abortar mayores males y riesgos en caso de recurrir a un aborto clandestino en condiciones nada profesionales, lo cual parecería ser un beneficio para ella, para nosotros, discípulos de Cristo, nunca será justificable, sino que constituye un pecado grave y abominable que exige arrepentimiento, conversión y penitencia, no sólo de la mujer que aborta, sino de todos los que cooperaron al mismo con sus acciones, omisiones o permisividad”, insistió.

Finalmente, a las autoridades les recordó que lo son precisamente de “un pueblo en su mayoría cristiano”.

Por ello los invitó “a considerar y ponderar el alto costo a pagar por dichos supuestos beneficios, el sacrificio de una vida verdaderamente humana, totalmente inocente y absolutamente indefensa, pues la víctima no puede defenderse, ni escapar, ni ocultarse de su injusto agresor”.

Además, –consideró— con esta determinación de los legisladores, “se minimiza el aborto, nos hace insensibles ante la pérdida violenta de vidas humanas y abre la puerta para que en el futuro se comercie con material genético humano, como ya ocurre en otros países, y el ser humano o sus restos se conviertan en una mercancía que se pueden comprar y vender, convirtiendo el aborto en un negocio”.

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