El socialismo fue un brutal experimento mundial que solo demostró que Carlos Marx y Lenin estaban tan equivocados o más.

De comunistas a consumistas

Para todos aquellos trasnochados que practican la masturbación ideológica dedicándole sus amores solitarios al recuerdo del socialismo, permítanme decirles que de tanto realizar esas funciones se les vaya a secar la mano y el cerebro.

Supérenlo. El socialismo fue un brutal experimento mundial que solo demostró que Carlos Marx y Lenin estaban tan equivocados o más, que aquellos que pensaban que la tierra era plana. ¿O ya se demostró que es redonda? Algunos todavía no están enterados.

Parece mentira que a estas alturas de la historia todavía haya enajenados que piensan que, tras 73 años de padecer la dictadura del proletariado, una buena parte de la humanidad, esta pueda cifrar sus esperanzas en que la desigualdad social, la injusticia, el hambre y la miseria se puedan erradicar exterminando a la burguesía y aboliendo la propiedad privada de los medios de producción.

No señores eso ya quedó demostrado que no puede pasar.

Marx y Lenin soñaban con que el proletariado fuera capaz de transformar la sociedad a través de un partido fuerte, disciplinado, dirigido y controlado por un puñado de comunistas que a partir de someter por la fuerza de las armas a la clase burguesa, suprimiera cualquier oposición, se prohibieran todas las garantías individuales, se negaran los derechos humanos más elementales como la libertad de expresión, organización, reunión, prensa y cualquier actividad que llevara por objetivo contradecir al supremo partido comunista.  La dictadura de la burguesía había que derrotarla con la dictadura del proletariado. Pero lo que resultó fue que se creó la dictadura de la burocracia, más cruel y sanguinaria que la de la burguesía, pero más corrupta e inepta.

Y fue así como a partir del triunfo de la revolución de octubre de 1917 en Rusia, comenzó la larga noche del socialismo y con ella el imperio del régimen de terror, que tuvo sus raíces más profundas en la revolución francesa durante el periodo en que reinó el psicópata Maximilien Robespierre, quien mandó a la guillotina a miles de franceses “enemigos de la revolución” Y todo para que felizmente terminara él mismo decapitado el 28 de julio de 1794.

De esa etapa de la historia socialista debemos obtener las mejores enseñanzas, y tomarla como la gran oportunidad para hacer de nuestra sociedad un mundo mejor. Pero ese mundo ideal solo es posible en el capitalismo. No hay otro modo de producción viable hasta la fecha.

A los marxistas vergonzantes les debe de quedar claro que, si de verdad sueñan con tener una sociedad más justa, se debe ampliar y profundizar la democracia, fomentar la participación consciente de la sociedad civil a partir de enseñar a esta a resolver sus propios problemas sobre la base de que se organice y no dependa de la voluntad del gobierno en turno o de que sus opresores le den permiso para hacerlo

Muchos de aquellos viejos comunistas, idealistas irredentos, hoy solo son unos patéticos consumistas, que sueñan con que el socialismo regrese, pero por lo pronto se dedican a gozar de las mieles de la sociedad de consumo.

Añoran el autoritarismo de la dictadura proletaria y pretenden que este se aplique como forma de gobierno en este país que tiene una larga tradición de capitalismo de compadres. Es decir, lo peor de los dos sistemas.

Ah, pero eso sí no pierden oportunidad de ponerse una camiseta con la imagen del Che, cantar la internacional, hablar de la liberación del pueblo y auto proclamarse revolucionarios. Aunque en los hechos solo sean una triste comparsa de la oligarquía financiera.

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