Todos sabían que hoy me matarían. Menos yo.

Muerte

Todos sabían que hoy me matarían. Menos yo. Pero no me importo saberlo. Ya cargaba en mi espalda, la condena adelantada.
Desde que vi sus ojos miel, su cuerpo hecho con cincel de Dios, y su cara de ángel, que sonreía cada segundo en ráfagas de encanto y vida, supe que era hombre muerto.
Hoy muero. Pero viví para amar. Es decir mi paso por la vida, tuvo al final la recompensa que durante décadas busqué con desesperanza.
Todo comenzó hace un mes. En un día como hoy lunes. Desde temprano se corrió la voz en este pueblo chico llamado La Concordia y de tradición de infiernos grandes.
Los voceros de la muerte, los matones de Juan Moldrano, replicaban en cada rincón mi nombre: Sal, Rubén Territorio, sal. No te escondas. Y otra vez el tono panfletario “Diez kilos de frijol, quien informe el paradero de Rubén Territorio.
Yo escuché el grito. Me asusté bastante. Que el chacal Moldrano te mandara buscar, no era nada bueno.
Escondido en la fonda de doña Coty, saboree el té de yerbabuena. La medicina para mis males físicos. Y suplemento a la pobreza. No había para manjares. Y doña Coty lo sabía. Me compartía los recalentados del día.

Soy Felipe Territorio. Me presento. Soy maestro rural. Doy clases gratis a los niños de este pueblo minero. Estamos aquí lejos de todo. Pero muy cerca de la pobreza. El carbón que se explota se va con los gringos. Y acá quedan solo socavones y la maldita sábana de la pobreza. Y la muerte.
Doña Coty, entrégueme. Cobre la recompensa. Diez kilos de frijoles son diez kilos de algo. Entrégueme. No me duele. Tarde o temprano me hallarán.
No pasó mucho tiempo, cuando llegaron los matones en sus caballos negros. El más sanguinario de ellos, llamado Chinto Villalobos, me lazo. Sentí sobre mi pescuezo la reata de pita. Me dolía. Me subieron, con lujo de fuerza a un caballo bayo. Antes tiraron la bolsa con el frijol, en los pies de doña Coty que de lejos me daba su bendición.
Vámonos. Arranca la recua. Y después de hora y media llegamos a la finca de Juan Moldrano. Un palacio extendido, grandes jardines. Una iglesia al centro. Buen gusto en la arquitectura. Era su nido de cuatro hectáreas donde había todo. Ahí abundaba el lujo. Y la soberbia.
Soberbio-repito-Es la definición para Juan. Un tipo no viejo. Ni de mal parecer. Autoritario tamizado de bronco. Y ahí estaba. Y yo frente a él, esperando el motivo y la razón para ese secuestro.
-Mire maestrito. “Lo invité a mi humilde casita, para darle un trabajito. Se trata de escribir una poesía de amor. No muy larga, no muy chica. Una poesía que enamore. Eso es todo.
Y aquí tienes pluma y papel. Y no te suelto hasta que la termines. Y si te niegas hacerlo- te mato, cabrón.
Señor, balbuceo, sin mucho éxito, pero ese gorila me entiende. Y reacciona ¿Qué para quien es la poesía? Pues para una hembra. Ni modo que sea para un macho. No soy maricon como tú. Ja ja ja. Y a escribirle condenado.
Y sí. Era un condenado. Mente cerrada. Manos temblorosas. Incómodo. Lo único agradable en ese ambiente era una botella de tequila. Un montón de limones. Y un puño de sal.
Después de tres horas terminé. Leamos: Diosa del tiempo
Naciste para que todos los hombres sucumban a tus pies.
Con tu sonrisa conquistas amores. Y con tus ojos irradias deseos y sueños de pasión.
Diosa de tiempos. De estaciones. De fragancias y de silencios.
Tu cuerpo divino se cimbra cuando caminas por las rutas de flores y de cantos.

Poesía

Mujer. Diosa del tiempo.
! Tenga su poesía señor. El mastodonte perverso toma el papel. Lo lee con dificultad. Pero al final exclama: “Esto es lo que quería. Chingón.
De una caja de cartón toma un puñado de billetes.Y me los avienta. Su paga, Mariconcito. Y adiós. Otra vez el regreso. Y otra vez a la rutina de siempre.
El 30 de abril, con mi paga festejo a los chiquitines en su día. Les compro fruta, bebidas. Doña Coty con ese sazón extraordinaria me prepara unos riquísimos molletes. Y en una vieja vitrola escuchamos a Cri Cri.
A las tres en punto, pasó algo inesperado. Al cerrar la puerta desvencijada de la escuela tras mis espaldas me llega un exquisito aroma. Entre acacias y duraznos. Volteo y me sorprendo. La veo: una mujer hermosa. Voz sensual que pregunta ¿usted es Rubén ? Con voz mocha, respondo: si.
Gusto en conocerlo. Soy Jazmín Ruvalcaba, novia de Juan Moldrano. Vengo a pagarle. ¿pero, no me deben nada. Usted y su esposo. Mire Rubén, una poesía no se paga con billetes. Se paga con amor. Y con mucho.
Ya las últimas palabras no las escuché.
Solo tengo recuerdos de ese cuerpo de diosa extendido cada tarde durante quince días en el petate de mi choza. A las tres en punto se incendiaba la casita que ardía al caer el sol.
Y con la última tarde que la vi, cayó mi vida. Tengo en mi corazón tatuado su aroma. Siento su cuerpo completo, sin límites ni remordimientos.
Fue mía, como lo soy está tarde del quince de mayo. A las tres en punto me capturaron los sicarios de Modrano. Cercenaron el cuerpo. Manos y miembros cortados. Y me regalaron la tumba más elegante. Un montón de piedras.
Veo desde mi muerte a mi amiga Coty. Los matones no dejan acercarse.
Estas líneas las dedicó a un modesto maestro rural Humberto de la Rosa, asesinado por un gobernador del estado de Querétaro. Por celos, lo decapitó.

Vidas Paralelas

Me sumo al dolor por el que atraviesan mis amigos Raul y Omar Avilez por el sensible fallecimiento de su señora madre acaecida ayer. Ruego por su eterno descanso… Y de igual manera a mi amigo del alma y de gremio José Luis Licona por la pérdida irreparable de su querida madre. Ánimo amigo y pronta recuperación…El mediodía de este domingo, estalló un bazukazo en mi nostalgia. La causa fue que me di un atracón, con reliquia. Es un plato con cuatro sopas. Y al centro carne de cerdo, horneada con chile colorado. Una delicia. Esto es un símbolo de las creencias de mis familias de Durango, Coahuila y de Chihuahua de donde provenimos.
Hacia 55 años que no me deleitaba con este plato que es también una veneración a nuestros santos.
Gracias Ely, Chayo y Sonia, que se formaron en la espera.
Me acorde de mi mamá…Y con esto nos despedimos. No olviden hagan el bien y sean felices.

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