Parece locura. Pero no lo es.

Volar

Parece locura. Pero no lo es. El oficio de volar en patinetas, nace del tesón, de la magia y de la fuerza. La perseverancia hecha credo, en unos. Y religión en los más. Los voladores del tiempo, son un segmento de seres raros. Y son los mismos que esta noche recibieron la visita del gobernador Carlos Mendoza Davis para entregarles un espacio remodelado para que ejerzan su pasión. Y libertad.
Es el legendario Parque Cuauhtémoc. Un pedacito paceño, símbolo de soberanía. Un enclave paralelo al coqueto malecón, donde todo puede pasar, hasta ver el enamoramiento de esa triada: agua, tierra y los crepúsculos maravillosos de un cielo limpio. Y nuestro.
Un parque donde después de los discursos y de las nostalgias. Dijo CMD. “ En mi niñez, venía al parque. Eran otros patines. Otros tiempos.” Se dio una exhibición de esas destrezas y magias.
Al verlos en acción la pregunta ¿serán de plástico ? Patinan con un fondo musical de canto nuevo. El lenguaje del rock, ad hoc, con la noche. Y el ambiente propicio decenas de jóvenes y adolescentes jubilosos hicieron lo que saben: volar.
Familias expectantes. Autoridades de todos los niveles. Un parque lleno. Una convivencia inusual. Es la cercanía de la juventud. Y el mandato que llegó a este sector que importa en una sociedad que pide para ellos mejores cosas.
Inicio de semana con entrega de obras. Tres de tres: Rehabilitación y embellecimiento del Parque Cuauhtémoc. La Casa del Artesano Sudcaliforniano, se construyó el Centro de Atención al Turista (CATTAC), así como un área para patinadores (Skate Park).

Arribo

El arribo del ejecutivo fue a las siete y media. Junto a él, Gaby, su esposa e hijos. La recepción afectuosa de su colaborador de confianza Edgar Avila Aguilar, subsecretario de Obras Públicas. Le esperan sus colaboradores más cercanos, destacan Alvaro de La Peña, Genaro Ruiz, Héctor Jiménez. Y otros más.
Presentes periodistas y empresarios locales. Artesanos y representantes del sector turístico.
Estas obras se traducen en una inversión de 10.4 millones de pesos. Entre los trabajos realizados, se instaló una fuente de piso, se amplió el mobiliario urbano y la iluminación, se construyeron dos módulos de baños sanitarios y se hizo un teatro al aire libre para que pueda utilizarse para eventos culturales y artísticos.
En un pequeño teatro al aire libre y flanqueado por un lado a su esposa y a sus hijos y por otro lado a sus hombres del futuro Genaro Ruiz y Alvaro de La Peña. Mendoza en pocas palabras justifica estas tres obras. Dijo:
“Al estar en nuestro malecón costero, no había mejor lugar que el Parque Cuauhtémoc para ubicar este conjunto de obras, a través de las cuales, buscamos más espacios que dignifiquen a las familias y que abonen al desarrollo económico y social de todo Baja California Sur”.
Llamado esta noche el malecón más bello del mundo, frente a si, tiene a este parque que otra vez tiene vida. Un espacio para todos, donde los mandatarios son los pies, cuerpo y manos de la sangre nueva de esta antigua California.
Todo acaba y casi a las diez, los visitantes se alejan. Pero en las pistas nuevas, siguen volando esos cuerpos. Tras, tac. Tras.

Vidas Paralelas

Aunque ya no sirve de nada, ayer nuestro compañero fallecido Alejandro Acuña recibió una disculpa presidencial por no haber sido recibido en la conferencia mañanera.
La reportera Nancy Rodríguez informó al presidente durante la conferencia matutina de hoy que el informador, de 38 años, falleció de cáncer sin poder cumplir su última voluntad: asistir a la mañanera.“Su última voluntad era venir aquí, a la conferencia de usted y, de haber sido posible, él tenía el deseo de hacerle a usted una pregunta, si así hubiera sido el caso”, narró la reportera.
Rodríguez explicó a AMLO que Alejandro trabajó en el semanario Zeta, quien pese a su “precaria salud” viajó desde La Paz, Baja California Sur (BCS) a Palacio Nacional, con esa ilusión. Dijo que el periodista arribó al lugar de las mañaneras desde las 05:30 de la mañana, se formó como todos los demás periodistas, pero le negaron la entrada. Qué pena… Y con esto me despido no olviden: hagan el bien. Y sean felices.

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