Este jueves se presentará mi el libro Zarzo de cuentos Al Rojo Vivo.

Libro

Este jueves a las seis de la tarde, en el Archivo Histórico de BCS cito en Calle Altamirano, antes de llegar a la Legaspy se presentará mi el libro Zarzo de cuentos Al Rojo Vivo. Esta obra es la primera, de una serie de tres que están en prensa.
Este libro es un tributo a la tierra que me cobija desde la niñez. En él se muestra una serie de cuentos que navegan entre la realidad y la fantasía.Los comentaristas de esta obra son la reconocida poetisa Kenya Naranjo y el experimentado cuentista Martin Avilez.
El evento estará presidido por la directora del Archivo Histórico Pablo L. Martinez Elizabeth Acosta Mendía.
Mi semblanza se sintetiza así:
Jesús Chávez Jiménez es sudcaliforniano por adopción desde los cuatro años. Nació en septiembre de 1958 en Santa Bárbara Rodeo, Durango. Aquí, en el país de las espinas, Baja California Sur, realizó todos sus estudios. Es licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública y maestro en Educación. Ha sido catedrático conferencista del Tec de Monterrey. Estudioso del FUS (Frente de Unificación Sudcaliforniano), le fue publicado un estudio al respecto en la UABCS, al realizar una investigación sobre el periódico La Chispa. Es periodista por vocación, con 45 años activos en la prensa, radio y televisión. Es aficionado a la crónica literaria, al cuento moderno y a los versos poéticos. Obtuvo la distinción con el Premio Estatal de Calaveritas Literarias Dos de Noviembre 2016. En este año 2018 fue galardonado con el premio estatal de crónica literaria que lleva el nombre del maestro Eligio Moisés Coronado. En el periodismo fue reconocido con la máxima presea que se entregó en la entidad “Francisco King Rondero. Chávez Jiménez ama la vida, cree en Dios. Y es aficionado a la música, al cine. Y su pasión es recorrer de manera continua la geografía sudpeninsular. Esto es lo que soy y hoy en esta presentación tendré el placer de hacer un brindis con los que asistan. Un brindis por la vida. Y por La Paz. Ahí estaremos.

Pies

Heme aquí:maltratado por los años. Con fama inmerecida de buen Escritor. ! Bah, boberías. Soy un bobalicón. ! Cuarenta años en esta universidad impartiendo una cátedra que no dominó “Literatura regional”. Me pagan bien. El cheque me alcanza para vivir. Y de vez en cuando rectoría me entrega un bono por ser el maestro más viejo.
Hoy retorno, después de dos meses de asueto. Y aquí estoy, lo mismo de siempre. Hablando de mi trayectoria, resumida en dos libros.“Lo que no escribí “ “ Y el misterio de la Coca-Cola”. Más tarde conocer a los nuevos alumnos. Perdón- me equivoque- Los nuevos futuros Premios Nobeles de literatura. Todos se presentan: Alejandro, Rosa, Jesús, Fidel, etc, etc. Y al final: Leopold. Es el nombre de un chico delgado, moreno. De aspecto desparpajado. Y de ojos vivos. ¿Leopold? Pregunto. Y me reitera, Si, Leopold Bancalarie. Lo escucho y evoco a una etapa de mi vida. Concluyó exponiendo las reglas del juego; calificaré, sin exámenes. Solo con leer sus textos. Y escucharlos cuando los lean.
¿Estamos?

– Maestro barcaza y viejo, escucho.
– Perdón, no escuché bien ¿quién lo dijo?
– Yo- Yo fui quien lo dijo. Es Leopold, quien lo afirma.
Veo al resto de los alumnos que se quedan sorprendidos por la expresión del joven. Y están a la caza de mi respuesta: Si soy viejo joven amigo. Y también soy barco. Me gusta regalar dieces. Los doy con placer.
Se escuchan carcajadas, festejando el chascarrillo. Pero Leopold, vuelve a la carga “No quiero decepcionarme, maestro. Quiero algo más sustancial de la cátedra.
Lo tendrás. Me engallo. Y con énfasis añado. No me molesto con tus señalamientos. Como joven que eres tienes el deber de ser rebelde.
– Querido maestro, tenga más respeto para los grandes. Se fusila al gran Rainer María Rilke.
Estalla otra vez la carcajada. Ahora es en mi contra.
En defensa grito “Nadie es dueño de las letras, ni propietario de las palabras”.
Eso lo desarma. Retomo el control de la clase. Y pido un primer texto para la próxima clase.
The class it’s over. Salgo trastabillando del salón con el ego por los suelos. Mi gaznate me pide una cerveza. Y llegó al bar. La cerveza me reanima, baja ese líquido frío, quema vanidades y exalta orgullos. Y saca verdades: “Un pinche mocoso, no puede trastabillar mi confort. Yo soy yo. Armando Marcuse. Maestro”.
Sumergido en cavilaciones. No me doy cuenta que frente a mí, está Leopold. ¿Me invita un trago? Ya no me queda otra: adelante. Llega el mesero y ordena” Traiga un Whisky con agua de horchata, por favor.
Al escucharlo, me estremezco. Y asombrado pregunto ¿Esa es tu bebida favorita? Si.
¿Enfadado conmigo, maestro? De ninguna manera. En cuarenta años de mentor, he visto tantas cosas. Hasta parir al diablo.
Trago tras trago. Con la euforia, Leopold empieza a declamar. “Tus piernas”, poema casi desconocido de Jaime Sabines. En torno a él todos los parroquianos aplauden. Al término de la parranda, llega el cantinero y le dice: la casa invita. Y explica, ese poema bien vale un buen trago.
Festejando la ocurrencia nos despedimos. A la semana otra vez a clases. Abro lecturas. Destellos de imaginación y calidad, en los menos. En los más, los lugares comunes y refritos de Paz, García Márquez, y Elmer Valenzuela. Me agradan los esfuerzos. Por algo se empieza.
Finaliza las lecturas Leopold. Da cuenta de un interesante cuento que nace en los Montes Cárpatos y narra los sufrimientos de una comunidad condenada a morir de hambre. Buscan una salida a un bloqueo de sus enemigos que quieren despojarlos de sus minas de oro. Excelente-,digo para mis adentros- Y al alumno le expreso un sencillo “ Vas bien”
Todo el semestre es un diálogo inteligente, entre mis alumnos. Y Leopold, en especial. Propongo su cuento a un certamen nacional. El fallo del jurado es para él. Lo merecía.

Vidas Paralelas

Llega la noche de premiación. Me invita y voy. Cuando se hace entrega del galardón y los cien mil dólares de premio, todo mundo exclama ooooo, ooooo. Es Leopold que llega al estrado, descalzo. Despeinado. Una vieja camisa de Lino.
Recibe el premio. Y dice unas palabras. “Dedico este premio, al asesino de mi padre, aquí presente”.
Los cuchicheos crecen. Unos cuantos aplausos, acompañan al laureado. Llega hacia mi mesa. Y me avienta el pergamino y el cheque. !Asesino! Tu mataste a mi padre ¿Porqué lo mataste?
Porque escribía mejor que yo.
Y aquí estoy, un nuevo arranque de semestre. Estoy viendo a un alumno nuevo, con ojos vivarachos y… Y antes de despedimos damos nuestro más sincero pésame al arquitecto Héctor Magallanes por el sensible fallecimiento de su hermano René. Deseamos pronto restablecimiento a toda la familia. Un abrazo fuerte hermano Héctor…Y con esto nos despedimos y no olviden: hagan el bien. Y sean felices.

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