Ese día lo percibí, como un día igual, de mi cotidianeidad

Obra

Educar a las nuevas generaciones es uno de los grandes retos del mandato del gobernador del Estado Carlos Mendoza Davis. Y este lo enfrenta con hechos. Ha dicho “La educación transforma vidas, el conocimiento genera igualdad y brinda más y mejores oportunidades para el desarrollo, por eso, reitero el compromiso de mi gobierno para seguir impulsando acciones que garanticen a todos los sudcalifornianos la oportunidad de cursar su instrucción académica”, aseguró que en lo que va de su administración se han entregado más de 15 mil certificados a personas que no sabían leer y escribir o que concluyeron sus estudios básicos luego de haberlos abandonado.

De acuerdo con los registros del Instituto Estatal para la Educación de los Adultos, explicó el gobernador Mendoza Davis, durante su gobierno se han entregado 6 mil 932 certificados de educación primaria y 8 mil 747 de educación secundaria para hacer un total de 15 mil 679. Además, se han alfabetizado a mil 636 personas.

El ejecutivo Estatal consideró este avance como consecuencia del esfuerzo contínuo y permanente de las instituciones, pero principalmente de quienes quieren aprender; por ello dijo, este importante resultado da muestra de que sí se puede trabajar unidos, lo que permitirá que todos alcancemos un mejor futuro.

En Baja California Sur se continuará coordinando acciones para que las jornadas de alfabetización lleguen a todos los rincones de la entidad y que jóvenes y adultos que deseen concluir su instrucción básica, tengan todas las oportunidades, porque aspiramos a que el 100 por ciento de los sudcalifornianos aprendan a leer y a escribir y cuenten al menos con educación primaria y secundaria.

Es necesario, agregó, seguir construyendo y consolidando un mejor futuro para los sudcalifornianos a partir de una educación de calidad pues en es la base para que niñas, niños y jóvenes alcancen sus sueños y cumplan sus metas.

Mayor

Ese día lo percibí, como un día igual, de mi cotidianeidad. No me imaginé, que algo raro iba a suceder en mi vida. Era una hoja del almanaque del 96. No sé si era lunes o martes. Pero de lo que si me acuerdo que era diciembre, porque hacía frío. Me puse mi chamarra, me encomendé a Dios, agarré mi grabadora, mi pluma. Y salí. Todo el día, anduve trabajando con un presentimiento. Me salía un latido continuo abajo del corazón. Es una señal, cuando algo me pasara. Y me pasó. Ese día. Aprendí a conocerme. Ese día supe lo que es llorar, con ganas. Y bastante. Y también a escuchar, lo que dice la gente. Muchas veces oímos, pero no escuchamos. Ese curso vital, me lo dio en media hora un personaje-leyenda, de BCS. El capitán Cecilio “Che Abente”. Llegó la hora; las seis de la tarde. A esa cita que me quedó grabada para siempre. Ahí lo vi por primera y última vez. Bajó un frondoso y viejo árbol. Ahí estaba. Una camisa a cuadros, pantalón caqui. A su lado, muy juntos, su esposa Gloria Arámburo. En la mesa blanca de jardín, una jarra de agua cristalina. Tres vasos. Empezó ese duelo de inteligencias, como le llamó a la entrevista. Uno de mis géneros periodísticos consentidos. Me dijo: Nací el 8 de abril de 1910 en Asunción, capital de Paraguay, soy hijo del capitán de fragata Carlos Abente Ahedo y la señora Dolores Benítez. En el Colegio Nacional de la capital de mi país curse los estudios básicos y superiores, y me incorporé como cadete al ejército paraguayo. Cuando decía esto, empezó a luchar con su memoria. Sus manos se movían discretamente de un lado hacia otro. Y ante la dificultad por recordar cosas, entra a su auxilio su esposa. Ahí supe que el Mayor, fue héroe en el conflicto entre Paraguay y Bolivia por la región conocida como El Chaco, que dio nombre a la  guerra entre ambos países (1932-1935). La entrevista empezó a dificultarse. La emoción le ganó, a ese hombre que se me imaginaba Charles de Gaulle. No muy corpulento, pero con prestancia. Sus manos, intentaban hablar. Ese clima, me empezó a llegar al sentimiento. Y más cuando los ojos del Mayor, empezaron a enjuagarse con esas lágrimas reprimidas por muchos años.  Sin embargo, la entrevista como los espectáculos debe continuar. Y le deslice sobre la mesa, con mucha sutileza la pregunta ¿Cual fue Mayor su mayor satisfacción en su vida? Me respondió; Hacer una familia. Haber participado en la aviación de mi país, de mi país adoptivo México. Y de este estado. Tomé un vaso de agua. Agarré fuerzas. Y otra; Y ¿la mayor insatisfacción? Me mira, me clava la mirada, mueve las manos, voltea lentamente a ver a su mujer. Después me contesta: No haber vuelto a Paraguay. Hay un salón en mi honor. Y no fui a recoger mis condecoraciones. Después un llanto discreto. Con voz entrecortada, alcanzó a decirme; ya no me pregunte más por favor. Por dentro sentí, como mi corazón se me aceleraba, pum, pum, me hacía. Y la cara se me empezó a endurecer. Agradecí, la entrevista. Le extendí la mano. Y sentí su calor y un ligero temblor. Y salí casi corriendo. Le di vuelta a esa calle y caí en la Isabel La Católica, frente a la gasolinera de Arámburo. Delante de las bombas, estacione el carro y empecé a llorar. Ahí estuve como media hora, hasta que me salieron fuerzas para seguir manejando. Para transcribir la entrevista batallé un poco. Y siempre que la leo, me pasa lo mismo. Desde ese día, le agarre más amor a mi profesión. Bendita, bendita oportunidad que nos da la vida, de conocer emociones, de compartirlas. Y aunque los maestros de periodismo, aconsejan que los sentimientos se dominen, me imagino que nunca han estado ante hombres y mujeres que como el Che, vivieron todo. Y todo con honor. Ese hombre que murió un año después que lo entreviste el 9 de septiembre de 1997, Fue héroe en su país. Y en este país que lo abrazó y le extendió sus espacios aéreos, fue más que héroe, fue el artífice de la modernidad aérea. Y en esta patria chica, donde sus restos descansan, un hombre libre. Y un hombre con sentimientos. Descanse en paz (dedico este recuerdo a todos los jóvenes pilotos, muchos de los cuales no conocen la epopeya del gran Mayor Che Abente).

Vidas Paralelas 

Crucé el pasillo con temblores en mis piernas. En pocos minutos quedé frente a él. Aquí está Francisco Chávez Villalba. El hijo querido de Eulalio y Rosa. Un hombre con historia y miles de aventuras. Y también de varias batallas contra la muerte. Hoy una vez más, cual descanso del guerrero se enfrenta a los efectos de una grave neumonía. Me siento y acaricio su mano. De lo sedado sale una muestra de que me percibe. Aprieto su mano. Me palpita el corazón. Le hablo quedito. Y otra vez se duerme. Afuera todos mis hermanos unidos, los ausentes y los presentes. También mi madre ida, nos acompaña. Y en el ambiente el frío del invierno nos cala en los cuerpos, como lo hace el dolor de ver postrado a quien le debemos la vida. En nuestras almas hay la esperanza de que Dios haga el milagro de levantar a este hombre bueno. El reporte en síntesis para todos los nuestros y todos los amigos es que mi padre está grave. Esta noche de martes es crítica.

Mañana sabremos que le depara el destino.

Agradecemos a todo el personal del IMSS todos sus esfuerzos a favor de nuestro padre.

¡Animo!…Y con esto nos despedimos. No olviden; hagan el bien. Y sean felices.

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