¿Sabía usted que el inmueble que se dice es propiedad de Isaías González Cuevas, registrado bajo la clave catastral 402-003-016-021, está ubicado en la zona de mayor plusvalía de Cabo San Lucas?

Balconeando / ¿Líder o cacique?

Dándole seguimiento a la reciente entrega compartida, podemos recapitular que el 10 de junio del año 2010, y de acuerdo a la escritura pública 44 mil 861 expedida por el Notario Público Número 3, Carlos Arámburo Romero, el aun Senador de la República, dirigente nacional de la CROC y “amo y gran patrón del PRI” sudcaliforniano, firmó el contrato de compraventa por un hotel en huelga que posee una superficie de 14 mil 619.74 metros cuadrados, esto por la “mísera” cantidad de 220 millones 616 mil 518 pesos.

Además, también quedó apuntado que el Notario Público Número 3, Carlos Arámburo Romero, fue quien registró la compra-venta y envió una inscripción preventiva al entonces director del Registro Público de la Propiedad y el Comercio del X. Ayuntamiento de Los Cabos, Jorge Joel Cota Ruíz, solicitándole fuera registrada la componenda entre el Sindicato Industrial Revolucionario de Obreros de la Construcción, Conexos y Similares de la República Mexicana; y Servicios, Proyectos y Construcciones de California, S. de R.L de C.V. bajo el Número 15, Forja 15, Volumen CCCLIX y Sección I.

Pero lo más grave -y lo volvemos a repetir- es que los 586 supuestos trabajadores que aparecen enlistados y que se asegura participaron en el conflicto laboral suscitado en 1994, no recibieron absolutamente un solo centavo de los más de 220 millones de la operación de compraventa del bien inmueble en cuestión.

Pues bien, ahora además se descubre según la escritura 13 mil 928 que fue expedida por el Notario Público Número 11, Jorge Álvarez Gámez, que en la empresa compradora Proyectos y Construcciones de California, S. de R.L de C.V. aparecen como propietarios José Rosario Álvarez Castillo con el 90 por ciento de las acciones y Román Álvarez Gallegos con el 10 por ciento restante.

El primer socio, y supuesto administrador de esa compañía, resultó ser nada más ni nada menos que un compadre de Isaías González Cuevas, mismo que en ese entonces fungía a la par como  jefe de Prestaciones Económicas y Sociales de la delegación del Instituto Mexicano del Seguro Social en el Estado de Baja California Sur. ¿Qué tal?

Así, la operación de compraventa no podría ser más sospechosa y hasta cierto punto cuestionable, sobre todo porque se desconoce el origen de los 220 millones 616 mil 518 pesos, pues en base al tabulador de sueldos del IMSS, José Rosario Álvarez Castillo solo percibía un sueldo neto de 45 mil pesos mensuales.

El segundo socio de la empresa resultó ser el Secretario General del Comité Ejecutivo Estatal de la organización Nueva Visión, creada para promover y resaltar la figura del líder nacional de la CROC, o sea, el mismísimo Isaías González Cuevas. ¡Quihubole!

Pero para taparle el ojo al macho, algunos de esos 586 trabajadores croquistas en huelga “obtuvieron un pedazo de suelo” dentro de la propiedad para que la cuidaran y a la vez ofrecieran artesanías a los turistas que pasaran por el lugar.

El argumento -en ese entonces- fue que el sindicato de la CROC había cedido esos espacios a los trabajadores huelguistas para que se ayudaran económicamente mientras terminaba el conflicto laboral. Pero no fue así, porque el entonces dirigente municipal de la CROC en Cabo San Lucas, Fernando Díaz Pineda, les cobró desde el primer día una renta mensual de 3 mil a 5 mil pesos por cada puesto, y tan es así que incluso conformó cuatro secciones de 63 espacios en los alrededores del ahora destartalado hotel.

Partiendo del cobro de la renta -entre 3 mil a 5 mil pesos- los ingresos superarían el millón de pesos mensuales, caudal económico que se cobró durante los 16 años que duró el litigio laboral y del cual –obviamente- se desconoce en bolsa de quien fueron a parar.

El ex dirigente municipal de la CROC en Cabo San Lucas y hoy en día líder de la CROM, Fernando Díaz Pineda, nunca pudo dar una explicación clara sobre los pesos y centavos recaudados por concepto de la renta por los “pedazos de suelo”, simplemente decía que era una “cuota simbólica” y que lo reunido se utilizaba para el mantenimiento y vigilancia del “Elefante Blanco”, pues lo que no se quería era que se convirtiera en un nido de vagabundos y malvivientes.

Pero una vez que Isaías González Cuevas consumó la maniobra de la compra-venta, los 252 artesanos que ocupaban los “pedazos de suelo” fueron desalojados tras el paso del huracán “Odile”, y desde entonces buscaron la forma de acomodarse sin resultado positivo, por lo que se puede entender porque esos “artesanos croquistas” deambulan por la calle de aquí para allá en la actualidad.

Lo último que se sabe de ellos fue que enviaron un escrito al entonces presidente municipal de Los Cabos, José Antonio Agúndez Montaño, solicitándole su intervención para ser reubicados justo en atrás del hotel en cuestión, pues simplemente querían vender sus mercancías tanto a visitantes como a turistas.

Sin embargo, bajo el oficio GAPI/HMC/737/14, el gerente de Administración Portuaria Integral de Cabo San Lucas, Héctor Montaño Cota, expuso  que no era posible acceder a tal petición toda vez que el callejón solicitado es vía pública y propiedad del municipio, y que los supuestos dueños del inmueble iban a utilizarlo como acceso de servicio y no podía ser obstruido por ningún tipo de objeto o persona.  

Así las cosas, ni más ni menos, y como seguro no  ocurrirá nada nuevo al respecto, mejor quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .

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