Por todos los medios nos enteramos y nos seguimos enterando del fenómeno Héctor Jiménez Márquez

De corruptelas, complicidades y omisiones

Por todos los medios nos enteramos y nos seguimos enterando del fenómeno Héctor Jiménez Márquez y las plazas de su hijo. La que está en el centro del huracán es la contralora ya que –por lo que he escuchado y leído- se ha metido en un pleito que ni “ganando se gana.”

Poco antes de la explosión “del fenómeno” presenté denuncia (31 de agosto) contra los docentes Enrique Acosta Cázares y Jaime Fortunato Cota Gastélum, que trabajan como maestros en el Cecyte 08 de Camino Real y en el Cecyte 11 del Centenario, respectivamente.

Y me involucré en el problema porque tengo un hijo –Juceatikán García Meza- que es docente del Cecyte 11 del Centenario:

Mi hijo es licenciado en filosofía, titulado en la UABCS, ha cursado dos diplomados, tiene Evaluación del Servicio Profesional Docente calificado con la escala “Bueno”, (ninguno de los que denuncio tiene evaluación) imparte cátedras humanísticas desde hace 17 años. A pesar de contar con esa currícula docente nunca se le ha promovido (ahora le prestaron ocho horas) y obviamente no ha tenido posibilidad de aumentar horas. Y todo porque se enfrentó a las corruptelas del sindicato y Dirección General. Y todo mundo sabe que para tener posibilidades de crecer –aunque no se tengan derechos- hay que estar bien con los jefes, incluso arrastrarse ante ellos, lame suelas pues.

Hace tres años, aproximadamente, se jubilaron los dos a que hago referencia y mi hijo pensó que con la jubilación de Jaime Cota, le adjudicarían las 18 horas de humanidades que imparte. Incluso Juceatikán cubrió las 18 horas en sus “meses de prejubilación” (octubre-noviembre y diciembre) como se estila casi siempre en la prejubilación. Llegaron las vacaciones de diciembre y se iniciaron las clases en enero.

Para sorpresa de mi hijo, Jaime Cota regresó a impartir sus 18 horas como si nunca se hubiese retirado. Lo mismo hizo en Camino Real Enrique Acosta Cázares cuando se jubiló con sus 40 horas después de 30 años de servicio en la docencia. Disfrutaron su prejubilación de tres meses y el aguinaldo. Cota Gastélum se jubiló en Salubridad independientemente de que la federación jubila siendo empleado federal o estatal.

Mi tesis, y por eso me involucré y presenté denuncia ante la Contraloría General del Estado, consiste en que un jubilado puede trabajar después de que el Instituto lo jubiló, pero está imposibilitado para trabajar como empleado de base, ya que de estar así contemplado tiene que cotizar en el Issste, y al momento de que cotice, el Instituto le quita la pensión porque ya cotiza como jubilado.

Los dos docentes a los que denuncié, en enero regresaron a su trabajo como si nada hubiera pasado. Regresaron con la categoría que tenían antes de jubilarse, es decir, siguieron como empleados de base en ambos Cecytes. El contrato colectivo del Cecyte señala que en el subsistema hay solamente dos tipos de trabajadores: de base y de confianza. Ambos trabajadores al ser jubilados no pueden ser de base. El Cecyte los podía haber contratado únicamente como de confianza, es decir, tendrían que dejar sus horas docentes. Y tengo noticia de que como ellos hay no menos de ocho más. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Por eso me involucré, porque las 18 horas de Jaime Cota las podía impartir mi hijo. Y en ese pleito estamos. Después de que presenté mi denuncia, el director general, licenciado Ángel René Olmos Montaño argumentó con documento ante contraloría “que no se tiene celebrado contrato por escrito con dichos trabajadores, más en aras de utilizar la capacidad residual –subrayado mío- de dichos trabajadores y siguiendo los usos y costumbres del ramo de la educación, se les cubre el salario por concepto de honorarios.”

Me declaro incompetente para entender el término del director general “la capacidad residual” ya que por ninguna parte encontré un concepto que defina la capacidad residual. De plano, no sé qué quiso decir con ese término. No sé si la contralora lo entendió. En cuanto a que actuó porque así son los “usos y costumbres” debo aclararle que antes de los famosos usos y costumbres está el contrato colectivo que no admite empleados por honorarios, y la Ley General de Servicio Profesional Docente (LGSPD) que no admite empleados de base siendo jubilados.

También argumenta que Jaime Cota Gastélum nunca gozó de alguna prerrogativa para jubilarse, y, miente, porque mi hijo le cubrió los tres meses de prejubilación.

Ahora bien: mi tesis es de que no pueden seguir ejerciendo como TRABAJADORES DE BASE ya que gozan de pensión del Issste; que podían trabajar como empleados de confianza.

Y ante la actitud de la contralora en el escabroso y explosivo asunto en el que se mira involucrado Héctor Jiménez y su hijo, dudo que tenga la misma óptica que argumento y obligue a la Dirección General a retirar de la docencia a Enrique Acosta Cázares y Jaime Fortunato Cota Gastélum…Y aquí no se trata de ganar o perder, sino de actuar con la verdad y honestidad profesional, con estatura de ser humano, apegados al estado de derecho.

Pero aclaro que mi apreciación es a priori y ojalá me equivoque. Usted, amable lector de La suerte está echada, tiene la última reflexión. Alea Jacta Est.- 07-11-17.- Miembro de ESAC.-

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