Los pueblos como el nuestro necesitan muchas cosas

Honor

Los pueblos como el nuestro necesitan muchas cosas. Y estas necesidades las expresan todos los días sin cansarse. Lo digo con sustento: si hay un pueblo de fe ciega, es el sudcaliforniano. Y si no da muestras como otros de marcada rebeldía, nosotros de manera callada, pero efectiva logramos cosas. Y buenas. Una de ellas es el darle valor a las instituciones las que lo merecen. El fustigar y criticar a quienes fallan. Valorar el voto. Y privilegiar la alternancia política y lo más impactante y que es diario darle uso a la expresión pública en las vastas redes sociales que son se quiera o no una fuerza incalculable. Digo esto porque también en estas necesidades o carencias está en encontrar alicientes para seguir con esta fe. Hoy reconozco que tenemos en el abandono las importantes memorias de nuestros antepasados. Y no sólo eso, sino aquello que hicieron. Ya comenté aquí el pitorreo que se hace del decreto para que se respete el nombre oficial del estado que es el de Baja California Sur. Pero esta también la deuda histórica que tenemos con los hombres y mujeres ilustres que no están en el lecho correspondiente. Es decir en la Rotonda. Y los que más urgen son el gobernador Agustín Arreola Martínez y el maestro Néstor Agúndez Martínez. Dos presencias trascendentes que tarde o temprano deben de recibir el reconocimiento de su gente que se lo merecen por sus obras.

El último brindis

Para quienes han tenido el valor; incluyendo a mis seres queridos.

Juan llegó a la tienda Ley, de la Cinco de Mayo. Entró y disfrutó el frescor del aire acondicionado. «Aaahhh, qué rico», se dijo en voz media. El guardia parado enfrente de la tabaquería se le quedó mirando. «¿Y éste?», dijo también en voz media. Juan ni cuenta se dio del mohín. Se adentró al enorme almacén. Recorrió casi todos los pasillos. «Galletas para diabéticos, no, eso no quiero.» «Burros para planchar, tampoco.» Sus ojos se achisparon cuando llegó al departamento de baños. «Ahí está lo que buscó.» Tomó una botella amarilla con una calavera pintada: era ácido muriático. Un litro. Siguió su recorrido. Del refrigerador que se encontraba en uso, entre la caja siete y la nueve, tomó una botella de agua fresca de melón. Se metió la mano a lo uno de los bolsillos del pantalón y sacó cincuenta pesos.

—¿Desea redondear? Le sobran cincuenta centavos.

—Oiga, ¿para quién es el redondeo?

Creyó escuchar para un nuevo jet del señor Chino Ley.

«Adelante», dijo él. Afuera, el clima está a la inversa; el calorón le abofeteó el rostro. «¡Ay, chinga’os!», exclamó. Así se fue a la parada de los peseros, a esperar el suyo. Los Olivos y La Rinconada. Ahí viene. Su semblante había cambiado. Iba triste, cabizbajo. Es más, no le importó que el chofer fuera hablando por celular mientras manejaba.

—Te quiero, mamacita. Ahí te caigo, en cuanto entregue la burra.

El rostro de Juan se tornó pálido. Le empezaron a sudar de las manos. Al pasar por la calle Padre Kino gritó con todas sus fuerzas:

—¡Bajaaannnn!

—¡Ay, cabrón! ‒reaccionó el chofer, dejando el teléfono, a regañadientes, para darle el jalón al cable que abrió la puerta.

En la Javier Mina, esquina con Reforma, se bajó, con sus dos pequeñas bolsas. Sacó la llave de su casa, la cual pendía de un llavero de baqueta con la leyenda Viva Tlaquepaque. Entró. En el fondo de la sala estaba una mesa con mantel tricolor, alusivo a las fiestas patrias. Al centro una copa champañera vacía. Sacó ambas botellas. Mezcló los contenidos. El color del agua de melón se tornó amarillo. Listo. Juan fue al tocadiscos, colocó un disco LP, de Juan Valentín. Escuchó de pie la primera canción: «La que se fue». Se sentó, inclinó la cabeza e hizo una oración en silencio. Cogió la copa y la alzó al infinito:

—¡Brindo por el amor, aunque me ha abandonado!

Dio un sorbo gordo.

—¡Brindo por mi trabajo, aunque me hayan despedido!

Dio otro sorbo.

Apenas sintió el desgarrón en la garganta y estómago, levantó de nuevo la copa:

—¡Brindo por Dios, que nunca me abandonó!

Sorbió por vez postrera.

En el ambiente, la voz bravía de Juan Valentín seguía cantando sin interrupción:

Camino de Guanajuato

que pasas por tanto pueblo

no pases por Salamanca

que allí me hiere el recuerdo.

Vidas Paralelas 

“La filmación de documentales, cortometrajes y películas contribuyen a que Baja California Sur se fortalezca como un destino fílmico de clase mundial”, mencionó el secretario de Turismo Luis Genaro Ruiz Hernández, luego de destacar el impacto que tendrá la proyección del cortometraje “Fango”, grabado en la Playa Balandra, uno de los símbolos de la ciudad de La Paz. El material fílmico, La Paz y Baja California Sur, será presentado en uno de los festivales de cine más importantes del mundo, el Festival de Cannes en Francia, a celebrarse del 17 al 28 de mayo próximo. Una buena noticia, sin duda…Y con esto nos despedimos deseando lo mejor. Y no olviden: hagan el bien. Y sean felices.

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