Claves del caso Camarena: el golpe que cambió la lucha contra el narco
Enrique Camarena Salazar y Rafael Caro Quintero
Enrique Camarena Salazar y Rafael Caro Quintero.

Tijuana, Baja California- Rafael Caro Quintero salió libre de prisión la semana pasada a base de varios amparos ante los diferentes delitos que cometió. Sin embargo, el peso de haber asesinado a un agente de la DEA aún sigue sin tener valor para ser juzgado. Incluso ahora que se acaba de girar una orden de aprehensión en su contra por petición del gobierno de los Estados Unidos (con el fin de que se extradite a dicho país y enfrente un proceso penal ante una corte del estado de California), el titular de la Procuraduría General de la República (PGR) advirtió que debe ser por una causa distinta a la del asesinato de Enrique Camarena, pues la sentencia por este caso “no ha causado ejecutoria”. A partir de que se logre nuevamente su detención, el gobierno estadounidense tendrá 60 días para presentar una solicitud formal de extradición.

Enrique Camarena Salazar fue un agente de la DEA que se infiltró dentro del Cártel de Guadalajara y exitosamente logró derribar ciertas actividades ilícitas de esta organización. El agente encubierto llegó a México tras participar en las operaciones que el gobierno de Ronald Reagan realizó en contra del sandinismo nicaragüense. Facilitó, entre otros, el golpe que las autoridades estadounidenses y mexicanas asestaron en noviembre 1984 al desarticular el rancho “El Búfalo” (propiedad de Quintero), al sur de Chihuaha. Se trataba del plantío de marihuana más grande encontrado hasta esa fecha, en el que trabajaban en 3 y 10 mil personas para producir hasta 11 tonaledas de la droga. Por esta razón, cuatro meses después se convirtió en enemigo del cártel y con ello en el primer agente de la DEA secuestrado, torturado y asesinado por el crímen organizado.

El cuerpo sin vida de Camarena fue encontrado en una zona ruaral de Michoacán con signos de haber sido torturado, lo que supuso un punto de inflexión en las relaciones entre México y Estados Unidos, especialmente en materia de lucha contra el nacotráfico. Después del hallazgo, Estados Unidos emprendió una operación en la que logró identificar a los responsables de los crímenes perpetrados contra su agente, dando como resultado la aprehensión de los capos del cártel de Guadalajara: Miguel Ángel Félix Gallardo, Ernesto Fonseca Carrillo y Rafael Caro Quintero, quienes finalmente fueron condenados a 40 años de prisión.

Durante el proceso judicial el caso no solo puso de relieve la corrupción generalizada en la Dirección General de Seguridad (desmantelada tras el juicio), sino que también terminó salpicando a los expresidentes Etxeberría, López-Portillo y De la Madrid. Además, la condena de Félix Gallardo propició la escisión del Cartel de Guadalajara en otros cuatro: el de Tijuana de los hermanos Arellano-Félix, el de Sinaloa del “Chapo” Guzmán, el del Golfo de García Ábrego, y el de Juárez de Amado Carrillo Fuentes, “el señor de los cielos”. Se dice que el rancho El Búfalo ayudó a la estabilidad económica de la región durante cierto tiempo, y que incluso contó con la protección del mismo ejértico mexicano (Juan Arévalo Gardoqui, secretario de Defensa Nacional, también fue relacionado con el caso).

Tras más de 25 años en prisión, la puesta en libertad de Caro Quintero ha provocado que la justicia estadouinidense dictara la órden de detención. Alegan los norteamericanos, en base a la “ineficiencia por parte de las autoridades mexicanas”, que México ofrece protección a los cárteles, poniendo así de manifiesto la relación de desconfianza entre las administraciones de los dos países.

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