Blindó su parroquia
El sacerdote estadunidense Scott McDermott
El sacerdote estadunidense Scott McDermott decidió blindar su parroquia, debido a la criminalidad que se vive en la capital de Nuevo León.

MONTERREY.- El sacerdote estadunidense Scott McDermott decidió blindar su parroquia, debido a la criminalidad que se vive en la capital de Nuevo León.

McDermott tomó la decisión luego que en abril de 2011 se desatara un tiroteo afuera de la iglesia, ubicada en la comunidad Ciudad Solidaria, a unos 200 kilómetros de la frontera con Estados Unidos, en Monterrey, la tercera ciudad en importancia de México.

La balacera, al parecer entre narcotraficantes, provocó que «todo el mundo corriera para entrar a la parroquia, y los que estábamos adentro no sabíamos lo que pasaba, había mucho pánico», narró McDermott, cuya parroquia además desembolsa 12 mil pesos mensuales (unos 900 dólares) en los sueldos de ocho guardias.

El muro, instalado dos meses después del incidente y que llega en algunos sectores a los seis metros de alto, protege el frente de la parroquia «de algún ‘granadazo’ o una bala perdida», cuenta el párroco sobre el paredón que ya luce los rastros de las balas.

A su vez, un semáforo fue ubicado a un lado del altar para indicar a los feligreses la situación en el exterior del edificio. Con la luz en verde la situación es normal, en amarillo indica que ha ocurrido un hecho violento o se han visto personas armadas en las últimas 24 horas en los alrededores, y en rojo cuando hay balaceras.

«Esta fue una idea muy buena del padre Scott, porque la verdad aquí se dan a cada rato las balaceras y así, con las luces (del semáforo) y la barda, nos sentimos más protegidos y está uno más a gusto en la misa», dijo María del Socorro Aguilar, una viuda de 62 años que tiene por lo menos una década asistiendo a las misas dominicales.

McDermott dice que los efectivos de la policía local ayudan a vigilar «en lo que pueden», pero no disponen de recursos humanos suficientes. Además de lidiar con las acciones del crimen organizado, los feligreses enfrentan asaltos y robos de automóviles.

«Si dejamos que los ‘mañosos’ (delincuentes) se queden como dueños de las calles ¿Cómo van a crecer nuestros hijos? Pues se van a meter de delincuentes», afirmó Jorge Henríquez, un carpintero padre de dos niños de 8 y 10 años.

«Yo por eso apoyo al padre (McDermott), porque hay que defendernos de esta gente y muchos pensamos así, no nos vamos a dejar que nos corran de aquí y nosotros somos más, así que primero se van ellos», dijo.

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