Al finalizar la semana pasada miré por la televisión el momento en que Narciso Agúndez Montaño abandonaba el Cereso de esta ciudad. Recordé entonces “los espacios” en que mi esposa “trastabillaba” cuando yo no aceptaba participar dentro de la esfera gubernamental. Según ella estaba desperdiciando grandes oportunidades de una vida cómoda, sin pobrezas ni limitaciones. Bajo esa óptica –el no aceptar formar parte del sistema- transcurrió “la cuenta larga” de mi órbita (para estar a tono con el fin del quinto ciclo maya) hasta que acepté trabajar con Rojas Aguilar, en Mulegé. Al observar a Narciso salir como si “entrara” al casino Bella Vista a celebrar su unción como gobernador, salir del Cereso enfundado en un traje azul como si celebrara la boda de uno de sus hijos, me remonté al bombardeo mediático orquestado desde palacio de “caquera” –con nuestro dinero- para ponderar la tesis del valor sudcaliforniano como la alternativa infalible para erradicar todos los males de la sociedad. Mirarlo a él, sonriente, ufano, pavorreal, satisfecho, iluminado y con una sonrisa de altísima gracia; voltear un poco a la derecha de la pantalla y ver a sus hijos (hombres) en la misma actitud de su padre, su hija abalanzarse llorosa, sobre él, vino a mi mente la “sudorosa” incertidumbre de dudar sobre la racionalidad del ser humano y el sudcaliforniano en particular. Casi treinta años después de iniciar mi cuenta larga y desdeñar invitaciones a trabajar “con los políticos” empecé a reflexionar si valdría la pena tanta “verticalidad humana” ya que los hombres del poder, sus esposas e hijos vivían una existencia eufórica y abierta, sin asomo de arrepentimiento, y seguro estoy, sin pasar por su mente la idea “de que vivían de la corrupción”. Las esposas y los hijos de los políticos megacorruptos mantienen una vida que en ningún momento reflejan pena o vergüenza por las riquezas mal habidas del jefe familiar. La actitud de Narciso Agúndez Montaño al salir de la cárcel, la de sus hijos y los incondicionales que de alguna manera recibieron migajas del megacorrupto excombicto, nos traslada a la tesis de que la política de valor sudcaliforniano teje en el vacío público creado por el gobernador y sus correligionarios. Salir del Cereso como si hubiese estado privado de su libertad por la decisión injusta de la autoridad, es corroborar “que no hay mejor prueba del fracaso de la democracia y de la moral pública que el cinismo de los políticos”. Qué mejor prueba de su cinismo cuando dice que sale para seguir ayudando a la gente y que se considera un preso político. Qué mejor prueba cuando Narciso y muchos más deberían estar en prisión por la corrupción que ejercieron durante doce años. Qué mejor prueba para corroborar el fracaso de la moral pública cuando jueces y el poder judicial integran expedientes y fincan responsabilidades equivocadas. Qué mejor prueba de la irresponsabilidad gobernante cuando venimos de doce años de corrupción, cuando el gobierno estatal y los municipales están devastados y hechos tiras y ni un dedo movieron para llamar a cuentas a los maleantes de doce años. ¿Qué argumento manejará la tesis del valor sudcaliforniano para justificar la salida de Narciso Agúndez y Alfredo Porras, de la cárcel, cuando toda la sociedad sabe que dispusieron de millones de pesos que no les correspondían? ¿Qué argumentos de valor sudcaliforniano para justificar que los tres poderes actúan igual que los doce años nefastos? ¿Con qué argumentos cuando se dice que la obra pública, la entrega de despensas, sillas de rueda, lentes, desayunos escolares y apoyos a la tercera edad, son acciones históricas? –qué jodida y devaluada está la potestad de la historia- Pero por culpa de este tipo de gobernantes y el bombardeo mediático, la sociedad, en todas las entidades, a pasos agigantados ha ido perdiendo el don del bien común, la sociabilidad, la humildad, la fraternidad, la honestidad y la práctica de la democracia. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: La salida de Narciso Agúndez y Porras Domínguez de la cárcel es un contrasentido, un despropósito de la lucha por la legalidad y la justicia; su salida, la corrupción imperante, la opacidad en el ejercicio actual en el Congreso y dependencias del estado así como en los municipios, son la antítesis de la democracia y la justicia, de la tesis de valor sudcaliforniano, y son la negación de un cuatrienio que pretende dar ejemplo de honestidad y democracia, en una administración con trasnochado aliento panista que “soltó” al capo de capos y mantiene secuestrados al poder judicial y a los diputados centaveros; que mantiene el bombardeo mediático en su guerra de papel sin campo de batalla. Alea jacta est. 19-XII-12   

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