La cara B / Minería tóxica y médicos intoxicadores

Aunque no fumo, en lo personal no estoy de acuerdo en expulsar a los fumadores de las terrazas de los restaurantes (dije terrazas, no locales interiores), aunque reconozco que posiblemente me llegue de ellos el inevitable cianuro, la nicotina y el alquitrán, cuando expelan el humo de sus mortiferos vicios. Dejé de fumar hace muchos años y entiendo perfectamente a los fumadores. Estoy convencido de que el tabaco hace daño, y creo que los cigarrillos, puros, tabaco para pipas o para mascar, deben llevar una carga de impuestos lo suficientemente alta para que la recaudación cubra los gastos que sanitariamente deberemos incurrir para atender en clínicas y hospitales a la secuela de cáncer y enfisema pulmonar que sea generado en los fumadores pasivos (no los activos, si alguien quiere suicidarse, debe estar en su libre derecho), así como para mantener campañas antitabaco dirigidas a los jóvenes que irresponsablemente y por imitación, comienzan el consumo. Creo que sería peor que el tabaco fuera prohibido.

Aunque no tengo pozos petroleros ni gasolineras, tampoco estoy en lo personal en contra de la extracción, procesamiento, distribución y consumo de carburantes fósiles para contar con energía en sus diversas vertientes (vivienda, trabajo, movilidad, control de clima). Entiendo el daño ecológico realizado al utilizar dichos carburantes, pero también en mi infancia viví con la ausencia de algunos servicios y entiendo lo que es su falta, por lo que daño realizado, y posible daño en calidad de vida y nivel de desarrollo, prefiero que se sigan utilizando. Eso si, estoy de acuerdo que los combustibles de origen fósil lleven un impuesto que permita investigar y desarrollar tecnologías alternativas de energía como la eléctrica, eólica y de fusión nuclear (dije fusión, la del Helio3 con el deuterio, no dije fisión). Además, estoy de acuerdo en que las empresas que en su extracción, transporte, refinado y consumo realicen estropicios, los paguen con multas elevadísimas, que los haga tener pólizas de seguros costosísimas. Creo que viviríamos mucho peor si no usáramos el petróleo.

Aunque prefiero los productos orgánicos, siendo mexicano, hijo de la patria que le dió al mundo el maíz seleccionado artificialmente por nuestros antepasados, y del trigo modificado genéticamente que acabó con el hambre ancestral de la India, estoy de acuerdo en el uso de las semillas modificadas artificialmente. Creo que el premio Nobel de la Paz 1970 a Norman Borlaug debe ser un orgullo para todos los mexicanos, pues aquí hizo su trabajo. Asimismo, creo que el Premio Nobel Richard Roberts (medicina 1993) tiene razón al acusar a ciertos grupos ecologistas de asesinos masivos, al evitar la reproducción en el tercer mundo de semillas modificadas genéticamente y paliar su hambre. Como en México, que tenemos el ridículo caso de que no las cultivamos, pero importamos de Estados Unidos los maldecidos granos y nos los comemos. Estamos perdiendo una oportunidad para nuestros agricultores y seguimos comiendo maíz modificado genéticamente.

Aunque creo que debemos cuidar al máximo nuestro entorno natural, y que los proyectos de minería a cielo abierto, o desalar agua gastando energía para regar un campo de golf, o destrozar un estero para construir condominios encima, como todo proyecto que signifique el sacrificio de flora, fauna, suelo y subsuelo,en general no son buenos. Entiendo que la contrapartida puede ser lo suficientemente beneficiosa para justificarla. Luego, las preguntas racionales deben ser: ¿Merece la pena el sacrificio? ¿Hay más ventajas que desventajas? ¿Estás seguro de que saldrá como se propone?.

Por eso en Baja California Sur tenemos hoteles sobre hermosas playas, campos de golf regados por agua desalada que en calidad ni sus habitantes tienen para beber, y condominios en el Mogote (la prueba de que no todo sale siempre bien). Y tenemos tantos trabajos que han llegado cientos de miles de personas de fuera a cubrir esas necesidades. (Hasta el «Orgullo de Xochimilco», para pesar del «Antisinaloas»).

¿Habrá minería a cielo abierto? Quién sabe, pero si sirviera para resolver problemas cruciales, como el abasto del agua en La Paz, mejores vías, más empleos, más salud… Todo depende de los daños (que los habría, sin duda) , los beneficios específicos, y las garantías para cubrir accidentes, creo yo.

Lo que no se vale es hacer trampa. Y ahora parece que llegó a los médicos la hora de hacerlas. Resulta que se reune un grupito y pontifica: “No a la minería tóxica”. A chingaos, ¿Y de dónde se sacaron lo de “minería tóxica”? ¿Quién le puso ese calificativo? ¿Dónde está la sentencia?

Eso suena a trampa, y emitir una sentencia sin juicio es irresponsable, sobre todo sin pruebas en la mano, certificadas medicamente. Suena a campaña de Goebbels, una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad. “Llamemos a toda minería a cielo abierto minería toxica y asunto resuelto”. Eso en filosofia lógica es un silogismo falso. Las particularidades no se pueden aplicar a las universalidades. Me explico; es como si un médico hace una cirugía facial a un narcotraficante (“El Señor de los Cielos”) o le arregla las chichis a su novia, y ya todos los médicos son “narco-doctores”. Ya ni la muelan.

Estimados doctores, en su gremio los hay buenos, malos y regulares. Y  haberlos, los hay hasta abortistas clandestinos. Y no por eso calificamos a todo el gremio.

Hay minas a cielo abierto, algunas resultan tóxicas y otras no; al igual que hay médicos buenos y los hay bien requetemalos. Y si lo sabré yo, que tengo a uno que mandó al otro barrio a mi madre porque se equivocó…»A mejor vida», dijo todavía el muy

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