Brilla Radiohead en el Foro Sol
El grupo liderado por Thom Yorke ofreció un concierto de dos horas que cautivó a los 50 mil asistentes al Foro Sol; hoy ofrece su segunda presentación.
El grupo liderado por Thom Yorke ofreció un concierto de dos horas que cautivó a los 50 mil asistentes al Foro Sol; hoy ofrece su segunda presentación.

CIUDAD DE MÉXICO, 18 de abril.- Hay ocasiones en que el esfuerzo no rinde los frutos esperados. No importa cuán duro lo intenten, contra el veredicto colectivo hay pocos argumentos que valgan y Radiohead puede dar cuenta de ello.

Los británicos, emblemas del rock mundial, han tratado durante toda su carrera de huir de la palestra de las grandes estrellas, sin embargo, ha sido su propia música la que los ha llevado hasta un punto del que no parece haber retorno.

Es claro que no disfrutan sentirse parte del mundo de los rockstars, pero en sus conciertos es evidente que la gente no los ubica en ningún otro lugar.

El de anoche, en el Foro Sol de la capital, lo comprobó por si hacía falta algún otro argumento.

Liderados por un sobrio y quizá distante Thom Yorke, los músicos parecían capaces de abstraerse sobre sus propias creaciones. Las reinventaban en medio de un etéreo juego de luces que seducía la noche.

Desde el escenario parecía que había mucho por demostrar; desde la zona de pista y en las tribunas, la batalla estaba ganada de antemano.

Apenas pisaron el escenario, 15 minutos después de las 22:00 horas, el séquito que aguardaba su regreso desde 2009 los recibió como a esas estrellas que aparecen de vez en cuando.

Ni siquiera el frío o la lluvia que azotó la ciudad las horas previas al concierto lograron amainar el ánimo de los fans, 50 mil personas, que estaban ahí para retar las inclemencias del clima con el nostálgico ritmo que emanaba del entarimado.

Con poco qué decir, Radiohead echó mano de sus canciones para entablar el puente comunicativo con el público. Primero con Bloom, luego con 15 Step y después con Airbag.

En medio de todas ellas, Yorke saludó a la gente. Un “Buenas noches México” bastó.

Nadie estaba ahí para discursos gratuitos y sí para que la música ganara protagonismo.

Temas como Staircase, The Gloaming y Morning Mr. Magpie cumplían el cometido. Sobre el escenario una enorme pantalla LED dotaba de profundidad visual la ejecución de cada corte. Dos pantallas más a los costados redondeaban la oferta visual de los británicos, quienes dejaban claro su iniciativa por ir más allá.

En sus canciones no había espacio para las fórmulas prefabricadas. Todo era nuevo, todo, excepto la actitud distante de Yorke.

“Muchas gracias”, musitaba el músico, más cómodo con el canto y la guitarra que con las palabras hacia la gente.

Aún así, no había espacio para reproches. La gente acudió por la música y no por una charla con el rockero.

Supercollider y I Might Be Wrong también se incluyeron en el set de la noche. Durante ambas, la enorme pantalla al fondo del escenario cedió protagonismo a 12 más pequeñas que daban el toque sicodélico al momento.

El viaje musical de Radiohead parecía no tener un rumbo fijo en los oídos pero, a juzgar por lo mostrado, los músicos nunca tuvieron dudas del destino que perseguían.

De nuevo, estrellas sin querer, figuras sin pretenderlo y, por instantes, genios musicales que parecen no darse cuenta del alcance de sus piezas.

La noche daba licencias. Lo mismo el disco Amnesiac, el Hail to the Thief, el OK Computer, The King of Limbs, Kid A y el In
Rainbows
aparecían entre los elegidos para diseñar el concierto que, por si fuera poco, contó con la participación de Clive Deamer, baterista del grupo Portishead y pieza clave, según los propios músicos, para dar vida a las creaciones más recientes de los británicos en vivo.

Little by Little, Lotus Flower y There There hipnotizaban a la gente. A cada corte correspondía un aluvión de aplausos, un gesto que parecía innecesario para un grupo flemático como Radiohead.

Mas allá de Thom Yorke, el resto de la agrupación, Jonny Greenwood (guitarra), Colin Greenwood (bajo), Phil Selway (batería) y Ed O’Brien (guitarra y coros), emulaba al frontman con facilidad. Todos rehuían de los reflectores.

Curtidos por el tiempo, los ingleses renegaban de las loas para volver, siempre, a la música. Agradecían y de inmediato corrían al refugio de sus instrumentos, aliados con los que ejecutaban piezas como Feral e Idioteque, con las cuales dijeron adiós por primera vez.

“Es un placer estar aquí con ustedes”, dijo Yorke, en español, al volver al escenario para obstinar con el recital cuando ya habían pasado 90 minutos de concierto.

Siguieron otras canciones como Separator, Kid A y Paranoid Android, tercia con la que Radiohead mostró su lado energético para enloquecer a la gente. Fue, quizá, el único momento en el que el descontrol contagió al público, que finalmente tuvo ocasión de dejarse atrapar por el vértigo del rock británico.

Yorke y compañía salieron de nueva cuenta del escenario por unos minutos para regresar a interpretar Give Up the Ghost, Planet Telex y Street Spirit, cortes con los que concluyó la primera de las dos presentaciones que tendrían en esta ciudad antes de partir de vuelta a Indio, California, para tomar parte del segundo fin de semana de actividades del Festival Coachella.

¡Comparte!
0 0 votes
Article Rating
Subscribe
Notify of
guest
0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments