“Si los vamos a echar, les vamos a avisar”, la única promesa que arrancaron al Gobierno vecinos de Olas Altas
Mientras tanto, en la Plaza de la Reforma, la gente esperaba un buen resultado. Familias enteras se aglutinaban debajo de las oficinas gubernamentales, y en las puertas del Palacio, guardias discretamente armados vigilaban sus movimientos, así como “perros orejeros” del ejército, como ellos mismos se hicieron llamar.
Mientras tanto, en la Plaza de la Reforma, la gente esperaba un buen resultado. Familias enteras se aglutinaban debajo de las oficinas gubernamentales, y en las puertas del Palacio, guardias discretamente armados vigilaban sus movimientos, así como “perros orejeros” del ejército, como ellos mismos se hicieron llamar.

Más de cien habitantes del predio Olas Altas se reunieron la mañana de ayer en las afueras del Palacio de Gobierno, incitados por la promesa, aplazada por razones distintas cada vez, de recibir una respuesta que les ofreciera certidumbre acerca de su situación. Sin embargo, en reunión sostenida con el sub secretario general de gobierno, Armando Martínez, la respuesta que recibieron fue que el gobierno sólo puede asegurarles que de ser desalojados serán avisados previamente, “no puedo decirles otra cosa”, comentó el sub secretario.

Explicó Armando Martínez a los representantes de los colonos (María Guadalupe González Rubio, Patricia Gil Ramírez, Fabiola Naranjo Tovar y Miguel González Miranda) que aún faltan de finalizar peritajes a realizar por el Ministerio Público (MP), así como observaciones del Instituto de Vivienda (INVI), para determinar su situación. Además de señalar que han recibido quejas de habitantes de colonias aledañas, refiriéndose a que Olas Altas es un sitio de vándalos y crimen, a lo que, indignados, los representantes contestaron que eso no era verdad, que se trata de calumnias infundadas.

Mientras tanto, en la Plaza de la Reforma, la gente esperaba un buen resultado. Familias enteras se aglutinaban debajo de las oficinas gubernamentales, y en las puertas del Palacio, guardias discretamente armados vigilaban sus movimientos, así como “perros orejeros” del ejército, como ellos mismos se hicieron llamar.

Gil Ramírez insistió al sub secretario general en la necesidad de tener certeza de poder mantener sus viviendas (construidas con cartón, lámina y madera, en el mejor de los casos), puesto que no se atreven a mejorarlas por el miedo a ser desalojados y perder lo que han construido. Sus casas filtran las lluvias del sur, ya que sus techos, en su mayoría, son de cobija. Armando Martínez contestó “no quiero echarles mentiras, no es tan fácil, si los vamos a echar, les vamos a decir”.

Es así, que los colonos tuvieron que conformarse con un aplazamiento de cita más, esta vez para el día jueves 21 de julio, a las once de la mañana. Desde el Parque Revolución, podía verse a las decenas de familias abordando camiones, cabizbajas y aguantando el sol de la una y media de la tarde.

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