Debate de candidatos

Mau, periodista y candidote

Dirán lo que quieran los grupos de cada uno de los candidatos; yo sin ir más lejos, no soy su simpatizante, pero en el debate de ayer sólo hubo uno contundente: Luis Armando Díaz.

Dos candidatos más fueron lectores, con lecciones semi-aprendidas, atentos a lo que ocurría y con un par de acciones inteligentes, ¡Ah! También asistió un sordo, que leyó lo que sus asesores le dijeron que leyera, sin inmutarse de lo que pasaba a su alrededor. Aunque no es bajo de estatura, se vió muy chiquito; eso si, aplaudido por sus seguidores hasta la exageración. Dada la distribución de boletos, pocos independientes había entre los asistentes. Se nota que al sordo le dijeron que el asunto era aguantar y no salirse del guión, y eso hizo. No hubo ni chistes, ni canas, ni Ricarditos; mucho menos una broma al del PRD, se nota que sabe que le saben. Pero mejor papel hizo esta vez que la otra anterior, que de plano le sacateó.

Y claro, hubo nobleza, y mucha en Ricardo Barroso, el candidato del PRI. Cuando Luis Armando Díaz terminó de hablar de su programa de salud, y sus simpatizantes le aplaudieron a rabiar, también lo hizo el candidato priista. Esa fue la lección de la tarde.

Una cosa me hizo gracia, el sordo se lanzó una larga y abucheada alabanza (que no venía al caso) al Presidente de la República. ¿Lo hizo para que las altas instancias le perdonen lo de su anterior grito de batalla, lo de FECAL?. Mal pensado que es uno.

Y quedó claro; puede que Narciso lo considere su plan “B”, no los perredistas. Esos lo llamaron traidor. Lo curioso es que se quedara callado, cuando pudo lanzarse a la yugular de su ex-compañero. ¿Temerá que le sepan algo?.

Y gracias a Ricardo Barroso por su comercial a “El Peninsular”. Se lo merece por haber aguantado vara, a pesar de todas las dificultades los últimos seis años, en los que el emperador Narciso y su paje Alcántar han hecho hasta lo imposible por acabarlo. Todos los tiranos tienen la misma costumbre, les molestan los espejos que les reflejan la realidad que ellos mismos crean, pero bueno, del bruto se entiende el odio. Lo curioso es lo de Alcántar, sólo por agradecido a la casa que le dio de comer y le enseñó a escribir no se le explica la saña. A los dos les tengo malas nuevas. “El Peninsular”, con Salvador Estrada al frente, tuvo más vida que su gobierno, y les seguirá recordando sus miserias. Robaron, y tienen lana, pero son un par de pobres miserables.

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