Las invasiones I

 

 

 

Mau, periodista y cronista de invasiones y despojos

La pasada semana, a raíz de una nota de nuestro compañero Iván Gaxiola entrevistando al candidato Luis Armando Díaz, y donde éste afirma que las invasiones de terrenos tienen más de cuarenta años de historia, se desató un sinnúmero de comentarios, la mayor parte de los cuales tuvieron que ser eliminados, donde se le acusaba al candidato Díaz de casi todos los males ocurridos en el Estado por la tenencia de la tierra. Posteriormente, la nota saltó a Colectivo Pericú, donde a la hora de escribir el presente, todavía le siguen pegando. Siendo congruentes con nuestra línea, aquí le entramos al tema aunque nos tundan. Intentaré desarrollarlo en un par de notas, y aquí comenzamos.

1.- Tiene razón Luis Armando Díaz. Las invasiones no comenzaron con Leonel Cota Montaño y Narciso Agúndez, pero ellos si las utilizaron políticamente, las pactaron y las hicieron negocio. Las invasiones en Los Cabos comenzaron con el crecimiento del municipio como destino turístico con la llegada a finales de los ochenta de varios desarrolladores, y con ellos los primeros grandes grupos de inmigrantes, trabajadores de la construcción. La demanda de lotes, planeada y prevista por el gobierno de Víctor Liceaga, fue resuelta con invasiones, pues las reservas territoriales que tenía el Estado para clases populares, mejor las vendieron a constructores, y no baratas.

Sin intentar ser un exacto cronista de todas las invasiones, puedo recitar las de Celia Cruz (la invasora, no la cantante), con la Colonia Obrera y Lomas del Faro, y las de Obdulia Bethencourt, con Cerro de los Venados y El Arenal. Todas ellas en tiempos priistas de Víctor Liceaga, y al final regularizadas. A ciencia cierta, ni Obdulia ni Celia, lideresas sociales, ganaron dinero con sus invasiones. Cobraban algunas cuotas, pero eran mínimas, y guardaban el dinero para regularizar, pagando directamente los interesados a los propietarios de los terrenos, o a sus abogados.

Luego, a finales del periodo de Liceaga y comienzos de Guillermo Mercado, ocurrieron las invasiones del Cerro de la Cruz, Cerro Colorado y El Tejón. Siendo Delegado Sebastián Romo, fundó la Colonia del Sol, y se llevó a todos los invasores. Puesto que contó con suficiente reserva territorial, hubo periodo de tranquilidad, salvo un par de intentos frustrados de Celia Cruz volver a sus mitotes.

Cuando llegan Narciso Agúndez como candidato a la Presidencia Municipal de Los Cabos, y Leonel Cota Montaño a la gubernatura, se producen dos grandes invasiones: Las casas y terrenos de Cabo Baja, de los Salina de Gortari, y los terrenos de Los Cangrejos, de la familia Ceseña. En Los Cangrejos todos ellos ganaron; la familia Ceseña se ahorró todos los trámites, permisos y obras que se le imponen a un fraccionador y se limitaron a cobrar su tierra; el beneficio político se lo llevó el equipo Cota – Agúndez, con votos y dinero para campaña. El fraude fue para el Ayuntamiento y para los colonos. El primero por el deficit de servicios, que tuvo que financiar parcialmente, mientras que los colonos siguen sufriendo la falta de drenaje y pavimento. Las casas y terrenos de Cabo Baja eran propiedad de Adriana Salinas de Gortari, y parece que al invadirlas le hicieron un favor, pues la hermana del presidente había hecho un gran fraude en Unicreva, y con la invasión su deuda fue a parar a Fobaproa. Dicen que ella presentó una demanda, pero de dientes para afuera, pues no quería que se resolviera.

Ganaron los invasores y ganó el PRD, perdió Fobaproa (y los mexicanos). Queda claro, la mancuerna Leonel Cota y Narciso Agúndez funcionaba con las invasiones negociadas. ¿Qué pasó después?

Mañana le seguimos.

 

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