Los puestos semifijos también cuentan con regularización sanitaria

La carreta de frutas de Jose Ángel Leverón Galdamez, originario de estado de Veracruz, es considerada como una de las mejores alternativas en la Zona Centro a la hora de saciar un antojo higiénicamente preparado 

José Ángel Leverón Galdámez, llegó procedente de la Ciudad de México, donde trabajaba como maquinista en una tortillería, a vacacionar en nuestra ciudad; donde decidióradicar y emprender su propio negocio. Sus ganas de independizarse no rindieron frutos en un principio, la lucha por los permisos tanto de suelo, como los de salubridad se convirtieron en un calvario, del cual afortunadamente pudo salir avante. Actualmente es propietario de una amplia carreta donde prepara vasos con fruta, de diferentes tamaños y precios, sazonados con sal, chile y limón.

En su lucha por lograr su sueño, tuvo que atravesar por muchas circunstacias, por ejemplo, la licencia de uso de suelo, el cual tardó más tiempo en obtenerla ya que el lugar donde estableció su puesto de frutas, está ubicado en una zona llamada primer cuadro, en la que usualmente son negados, sin embargo pudo obtener permiso para trasladar su carreta diariamente hacia ese espacio; al ser un puesto semifijo debe cumplir también al igual que los establecimientos fijos con estándares sanitarios, por tanto su deber es presentar un certificado médico en cada verificación, donde se indique su buena condición de salud para seguir vendiendo. Leverón, comenta que en su estancia algunos de los inspectores de salubridad se han convertido en sus mejores clientes, «se han llevado muestras de fruta para analizarla, pero nunca he tenido problemas, tampoco por el uso del suelo; pienso que cuando uno paga a tiempo no tiene porque pasar nada».

José Ángel se considera una persona limpia, que se preocupa por la presentación del producto que vende, además se dice un buen selector de fruta, para esto realiza sus compras en establecimientos comerciales, donde el mismo puede oler, tocar, y seleccionar cada pieza, a diferencia de cuando compra a mayoreo, pues en las cajas siempre viene alguna fruta que está podrida o muy madura, en cambio al comprarla en los supermercados tiene la ventaja de comprar la fruta más fresca. «cuando veo que la fruta no está en buenas condiciones no la compro, más vale que la gente digan que no tengo, a que digan que les di algo que no estaba bueno». A veces sólo se deja llevar por el color y consistencia de la fruta, al no tener tiempo para probarla antes de venderla, por tal hecho ha recibido algunas quejas por parte de los clientes, «las criticas nos hacen tener más cuidado, y sobre todo de no ocasionar riesgos o daños en la salud de las personas», afirma.

A partir de las 8:00 de la mañana hasta las 5:00 de la tarde inicia su jornada de trabajo, con mucha clientela que le ha sido fiel durante los casi 9 años que tiene viviendo en la ciudad. José Ángel señala que nunca ha pasado por su mente desempeñar algún otro oficio, a pesar de que sus ventas empezaron a descender con la contingencia santitaria que produjo la influenza, ventas que desde hace pocos meses han ido incrementado, «todos los comerciantes independientes siempre ganamos un poco más, vivir del salario minimo no es vivir».  «Trabajé con patrones, pero siempre quise tener algo mio» comentó, miestras picaba fruta para una pareja de americanos, quienes observaban atentos la preparación.

Despues de vender jugos naturales y caña, perseguido siempre por las autoridades sanitarias al no contar con permiso o licencia que lo dejara vender con libertad, se aferró a seguir trabajando, al día de hoy se siente orgulloso de su tenacidad y esfuerzo que lo llevaron a tener un negocio rentable que le permite vivir decorosamente y brindar un buen servicio a la gente. 

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