De uniformados y civiles

Juan Melgar

“Desde algún lugar del país… un compita del PAN que es nuestro vecino de virtual página, declara que debe ser candidato de su partido el secretario de Marina, porque el país necesita orden, disciplina y respeto a los valores que sólo los militares tienen”, dice El Juntabotes a la runfla de malvivientes reunida en Los 7 Pilares esta mañana primaveral pero veraniega.

–¿Y los civiles no? –pregunta con sonrisa malévola La Doñita, tras darle un pajuelazo a la gorda botella ambarina que alguien le tendió para iniciar el ritual de besar por turnos la forjada.

–El maitrín éste dice que no; que los civiles han estado en Palacio desde hace ya 64 años y nomás la han estado regando. Que hay que poner ahí a un uniformado, –insiste El Juntabotes, hombre de empresa que cotiza en las bolsas de valores de todo el planeta, pero como que le gusta el rancio olor a Humanidad que se respira en este antro de vicios, murmuración y tragos.
–No sabe lo que dice ese maitro –afirma El Viejo Chamán yaqui con su voz de piedrones rodantes–. Será que le vale, o que ya olvidó las gracias del militarismo en Brasil, Argentina, Chile, Perú, Venezuela, Guatemala… y las actuaciones por acá de Iturbide, Santa Anna, Díaz, Huerta… Viví las tropelías de Bonaparte en Francia, las barbaridades de un cabo con ínfulas de general en Alemania, y no creo que un militar sea más adecuado que un civil en el difícil asunto y arte de gobernar pueblos. Ai estaba yo cuando Talleyrand le advirtió a Napoleón: “Sire, las bayonetas sirven para muchas cosas, menos para sentarse en ellas”.
–Ya hay militares preparados, universitarios…–vuelve  a intrigar La Doñita, antes de soltar un elegante eructo hacia la techumbre de palmas del aguaje más reputado en el golfo Bermejo y la mar del Sur, desde Valparaíso hasta Ensenada.

–No es el conocimiento, sino el estilito castrense, y la idea tan negativa que de nosotros tienen lo que molesta –interviene El Parara. Para los milicos, los civiles somos menos que nada: indisciplinados, lamidos, sacatones de la chamba… Así que si los panistas no tienen candidato para la grande (como es el caso), pues que inventen su Juanito de Iztapalapa, pero que no nos vengan con ideas peligrosas, porque así, Peña Nieto y Ebrard van a terminar pareciéndonos unos Pericles.

La tropilla de teporochos, ganapanes, ciudadanos de segunda y reporteros sin fuente que forman parte del infelizaje en esta catedral del bebestible y el rumor malintencionado que se hace llamar Los 7 Pilares, visualizan el panorama que el gurú les ha pintado, y callan. Más ha de valerles.

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