De salvadores y falsarios

Juan Melgar

“Tú me conoces, Parara, y sabes de lo que soy capaz cuando me decido a escribir como sé y, sobre todo, lo que les sé a todos estos politicastros de mierda. Es cosa de que me decida, que agarre y busque una cita con el camarada Gobernador para poner a sus órdenes mi pluma –nada despreciable, por cierto–, sobre todo cuando –como ya te dije— me decida a escribir y a contar todo cuanto he podido enterarme en estos largos años de lucha contra la injusticia y a favor de los más desprotegidos, de los miserables, de los que deben vender su fuerza de trabajo a patrones insensibles, esos miembros de la burguesía corrupta y corruptora, explotadora, a la que habremos  de cobrar un día todos los crímenes cometidos en nombre de esa falacia llamada progreso, esa pérfida burguesía que nos tiene así: cabalgando en las quijadas de la miseria. ¿Cómo la ves?”

Los negrísimos ojos del sujeto compiten con su abundante pelambre ala de cuervo, que cae en ondas coquetonas sobre unos hombros vencidos ya por el tiempo. Maese Parara sólo puja, sin mucho ánimo de seguir escuchando este monólogo que el hombrete ha venido recitando durante años ya. Nunca, nadie ha leído esos textos míticos en los que desnuda la verdad pura y dura; en los que señala “con índice de fuego” a los prevaricadores, a los tránsfugas del deber ser, a los traidores a las mejores causas de la Humanidad.

–Van a ver cómo habré de señalar y a colocar el dedo en las llagas purulentas y fétidas de esas conciencias torcidas, enfermas, dejándoles caer mi verbo vibrante y mis frases ardientes como brasas, para recordarles tanto sus crímenes nefandos como el olvido en el que mantienen a sus compañeros de lucha: los que marchamos a su lado; qué digo: los que marcamos el camino de la lucha revolucionaria y fuimos para ellos la verdad, la luz y la conciencia de clase. Todo esto, y más, habré de escribir en una publicación que habrá de circular como fuego líquido por el entramado social, desenmascarando a los falsarios, a los hipócritas, a los que/

–¿Y si los falsarios se mochan con una feria? –Quiere saber El Bolas, joven indiscreto de El Calandrio, que ha seguido el incendiario monólogo con una mueca no exenta de admiración–.

–Bueeeeno… en dado caso de que llegásemos a un arreglo que salvaguardase la honestidad de ambas partes; es decir: en-el-dado-caso-de que uno o varios falsarios quisiesen lavar su mala conciencia haciéndonos un donativo para seguir la lucha contra el resto (es decir: los que se niegan a colaborar con nuestra justa causa), entonces ya veríamos la manera de mellar el filo de nuestro discurso. Porque el fin justifica los medios, amiguito –explica el sujeto sin temor alguno al lugar común, sonriéndole con picardía al Bolas y a la tribu, antes de prenderse de la forjada que El Parara le ha tendido, solidario.

A Los 7 Pilares llega de todo.

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