Soledad engendra Cuervos

La Paz, Baja California Sur.- Amado “Cuervo” de día, Amado “Cuervo” de noche. Amado “El Cuervo” Malvaez es un escritor que viste siempre el mismo plumaje, porque antes es un escritor que un hombre. La flamante editorial El ruiseñor de Teócrito, de Christopher Amador y Lilian Palacios, recientemente publicó su poemario 

Amado “El Cuervo” Malvaez.
Amado “El Cuervo” Malvaez. uer

monstruos y está en puerta la publicación de Cuentos cortos de narcotienditas, libro ganador del Premio Estatal de Literatura Ciudad de La Paz 2012, por parte del Instituto Sudcaliforniano de Cultura (ISC).

Trabajando en una librería haciendo de todo, comiendo zanahorias que se saca de las bolsas del pantalón de repente y leyendo a los clásicos y a la nueva ola de cuentistas mexicanos y latinoamericanos, Amado Mizraim Malvaez Crespo, mejor conocido como Cuervo, mantuvo la revista Probabilidad Cero por algunos años y ahí leímos algunos de sus poemas y los textos de otros escritores furtivos, pero, además de su fama en el bajo mundo de los que escriben y no publican y se encuentran en el centro de la ciudad para beber, en la cochera de una casa en verano, además de sus críticas incisivas sobre los encuentros literarios y la notable molestia que ha causado en varios escritores reconocidos de las catedrales de la poesía, no supieron de él los que leen los diarios hasta el año pasado, cuando Cuentos cortos de narcotienditas nos hizo decir a todos los que ya lo conocíamos: ya era hora.

En este libro de cuentos se escucha su voz costeña de barrio que se acerca a la realidad con sarcasmo y burla, pintando a nuestra sociedad desde la perspectiva del que espera en una esquina por doscientos pesos de coca, del vendedor de mota que también es poeta.

“Es una crítica a la sociedad, así, desvergonzada, desde el punto de vista vivido […] Fue en la guerra de Calderón contra el narco, entonces estaban muy en auge todo ese tipo de cosas”.

Después llegaría Soledad engendra monstruos, aunque fue publicado antes, más bien la promesa cumplida de El ruiseñor de Teócrito llegó primero que la del ISC, aunque el segundo se comprometió antes. Pero es lo mismo. La cosa es que en Soledad engendra monstruos Amado nos muestra otra faz, donde su conexión con el lector no parte de la realidad, sino del interior de una noche que vive en él, a través de pequeños poemas que son los aforismos del hombre que ha logrado cercenar la soledad para examinarla.

Aquí no sólo existe una propuesta estética basada en la comparación de sentimientos que reptan en él y los fenómenos y seres del mundo que habita, sino también una propuesta plástica que se hace ver en poemas como Sábado sabor a muerto y (L)ambición en el valle de las lunas. En este libro se recopilan tanto trabajos actuales como algunos escritos hace casi tres lustros.

“Son trozos de lo que son los poemas de cada escritor, trozos de su vida, un pedacito de lo que estuvo viviendo aquí y allá y una chispa de genialidad […] Siempre ando con un papel y una pluma y en el momento en que se me ocurre algo, una imagen simple, sencilla, como puede ser ahorita, escribo una línea”.

Lo sublime está en todas partes, nos dice Malvaez, la única necesidad verdadera es tener tiempo para escribirlo, así como lo dice el primer verso de Fundación de la espada en el arrecife de una nube: /Panteísticamente surrealista/

“Dios está en todos lados. No el dios cristiano o católico, sino un dios creador más allá de eso. Te lo dice todo, por ejemplo el rostro de una niña en la ventana de un pesero viendo triste para afuera”.

Adelantó que participará en el concurso regional de cuento que organiza el ISC y cierra sus puertas el 28 de junio, pero no repetirá la fórmula de Cuentos cortos de narcotienditas, advierte, está vez buscará el juego con el lector, involucrarlo y volverlo parte del transcurso de la narración. Por lo demás, continuará creando y acomodando libros hasta que salte algún evento que redirija el rumbo de la Tierra, pero nunca dejará de escribir, porque hacerlo es un estigma y no sencillamente una decisión. Un estigma que el Cuervo conoció desde pequeño.

“Se me vino dando desde niño porque no hallaba otra cosa qué hacer. Lo más que recuerdo es que esperaba a mis familiares a que llegaran del trabajo y antes de que llegaran yo me pasaba el día escribiendo lo que les iba a decir cuando llegaran, porque me daba mucho gusto. Por ejemplo un tío, me daba mucho gusto que llegara porque era muy alegre… me gustaba estar con él, entonces, todo el tiempo que estaba trabajando yo le escribía cosas, decirle ‘oye ¿y si jugamos a los carritos? ¿Y si hacemos esto? Vamos a cazar pájaros’. Bla bla bla. Entonces cuando llegaban les daba mis escritos y, a veces, si venían de buenas, los leían, a veces venían de malas y querían comer y no leían nada. Pero así se me quedó lo de  escribir y escribir y escribir”.

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