Guardaba un extraterrestre… en el congelador
Rusia debe poseer, para el alienígena desconocido medio, un atractivo turístico equiparable al de Benidorm, París o Nueva York para la raza humana. Esto, al menos, para quien quiera prestarle algo de credibilidad a las afirmaciones de varios habitantes rusos en los últimos meses.
Rusia debe poseer, para el alienígena desconocido medio, un atractivo turístico equiparable al de Benidorm, París o Nueva York para la raza humana. Esto, al menos, para quien quiera prestarle algo de credibilidad a las afirmaciones de varios habitantes rusos en los últimos meses.

Rusia debe poseer, para el alienígena desconocido medio, un atractivo turístico equiparable al de Benidorm, París o Nueva York para la raza humana. Esto, al menos, para quien quiera prestarle algo de credibilidad a las afirmaciones de varios habitantes rusos en los últimos meses. Según ellos, Rusia está recibiendo una cantidad inaudita de visitantes de otros planetas que, por desgracia, todavía no dominan el aterrizaje de sus naves bajo la gravedad terrestre y terminan por estrellarse contra la nieve moscovita.

El supuesto alien en el congelador.

En los últimos meses ha habido docenas de ciudadanos rusos que han afirmado haber tenido algún tipo de contacto con algún objeto volador no identificado (algo bastante parecido a lo que se vio en Estados Unidos durante los años 50, cuando la Guerra Fría puso en alerta a la población de lo desconocido). La más reciente y, sin duda, la más reseñable, proviene de una mujer que afirma haber tenido el cuerpo del extraterrestre con el que se encontró hace dos años bien guardadito en el congelador.

Se trata de Marta Yegorovnam, quien en verano de 2009 descubrió lo que sin lugar a dudas debían ser los restos de un OVNI accidentado al lado de su casa en Petrozavodsk. Como mandan los cánones, afirma que estaba «casi insoportablemente caliente» (esas tres palabras son necesarias para dar a entender que el objeto ha pasado por la estratosfera) y que, milagrosamente intacto, ahí seguía el cuerpecito del alien que lo conducía: una criatura de 60 centímetros con una cabeza enorme, grandes ojos bulbosos y una apariencia a caballo entre un pez y un humanoide. Tiene, al parecer, un único brazo gelatinoso.

Marta Yegorovnam afirma que hizo entonces lo que cualquiera hubiera hecho en su situación: envolvió el cadáver del alien en plástico y lo metió en el congelador. Así hasta que, ahora, dos años más tarde, dos hombres entraron en su casa y, como mandan las películas de Hollywood, confiscaron el cuerpo del bicho. Se supone que eran de la Academia de las Ciencias Rusas y querían investigarlo. Pero una vez has tenido el cuerpo de un alien en tu congelador durante dos años, la tendencia es a sospechar de estas cosas.

La historia ha llegado a los medios gracias a la intervención del escritor de lo paranormal Michael Cohen, que opina que «esto podría ser una broma muy elaborada, pero no debemos ignorar la posibilidad de que sea real: Rusia atrae mucha actividad extraterrestre y es posible que el OVNI fuera detectado y rastreado por agencias militares o civiles. Lo cierto es que los aliens seguramente nos parezcan extraños de apariencia, como este».

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