Y el Centro de Artes y Culturas Populares se llenó de pasado y tradición
Los jornaleros narraron historias de sus pueblos, sobre la forma en que se celebra el mortuorio día en sus latitudes, el público se llenó del aroma del copal ante las fotografías de gran formato de Casademunt y las veladoras frente a las imágenes, para recordar al muertito.
Los jornaleros narraron historias de sus pueblos, sobre la forma en que se celebra el mortuorio día en sus latitudes, el público se llenó del aroma del copal ante las fotografías de gran formato de Casademunt y las veladoras frente a las imágenes, para recordar al muertito.

Lunes 1 de noviembre. Tomás Casademunt y La muerte en el altar, exposición fotográfica que encierra 8 años de trabajo y visitas íntimas a poblados de Morelos, Oaxaca, Michoacán, Tlaxcala, Yucatán, Puebla y Guerrero, fue presentada ante un público de jornaleros agrícolas, funcionarios públicos de la Cultura y público en general, en el Centro de Artes y Culturas Populares.

Los jornaleros narraron historias de sus pueblos, sobre la forma en que se celebra el mortuorio día en sus latitudes, el público se llenó del aroma del copal ante las fotografías de gran formato de Casademunt y las veladoras frente a las imágenes, para recordar al muertito. Carlos Díaz Castro pintó un mural representando un camposanto en día de muertos, con la parafernalia típica de la celebración: calaveritas, papel picado, pan de muerto, un borracho llorando a lo lejos frente a una lápida, en fin… El Centro de Artes y Culturas Populares por un momento se llenó de pasado y tradición.

La búsqueda de Tomás fue más personal que técnica o profesional, cada una de sus fotografías se debe a una serie de senderos localizados por error, caminos que lo llevaron al interior de los hogares donde realizó los disparos, conviviendo con cada una de las familias. Su precepto es sentir algún tirón espiritual, entonces capturar aquello, de esa manera crea La muerte en el altar. Podríamos pensar que al visitar la exposición encontraremos lugares como Mixquic, pero no. El artista se fue a lo profundo, dejando de lado el espectáculo y enfocando la sensación verdadera de la muerte en México. “El único año que fue en blanco, es el año que fui a Mixquic (…) ya la feria se comió… bueno, yo fui en búsqueda de ciertas ofrendas, no con un… no es una perspectiva antropológica o de cierto purismo de la tradición lo que yo andaba buscando, sino en su forma más sencilla o más compleja, con más recursos o más pobre, retratar ofrendas honestas, hechas con… la mayoría de ellas son hechas nomás para la familia, entonces eso es algo muy sorprendente de encontrar”.

La exposición estará exhibiéndose hasta el 30 de noviembre y es definitivamente obligatorio visitarla. Tomás Casademunt nos recuerda que “hoy en día hay un sentido práctico en todas las cosas que hacemos y hemos dejado mucho de resolver las cosas nosotros con elementos que tenemos en casa y con las manos, porque el tiempo es una razón de peso para hacer unas cosas o no hacerlas, y yo creo mucho en ese hacer las cosas con tus manos, porque, aunque no tenga un sentido práctico, es una manera de llegar a vivir experiencias que no imaginamos”. Lo que significa, y quien ya visitó La muerte en el altar es testigo, que vamos de cara contra una mezcla de lo que no se ve y es obvio, lo real y lo que existe detrás. (fotos Izhar Gómez)

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