Ante la crisis, ¿cuál es la verdadera salida?

Los últimos acontecimientos en torno al secuestro de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, no admiten duda

Los últimos acontecimientos en torno al secuestro de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, no admiten duda de que intereses muy poderosos están tratando de aprovechar la coyuntura para desestabilizar al país y, a través de eso, doblegar al gobierno de Enrique Peña Nieto o provocar su caída para colocar en el poder a un gobierno más dócil a sus intereses económicos, políticos y geoestratégicos. ¿Qué elementos respaldan esta afirmación? Los que he logrado espigar, con algo de suspicacia y paciencia, en el confusionismo y la desinformación de los medios. El primero de ellos fue la fulminante cancelación del resultado de la licitación pública del tren bala entre México y Querétaro, que favoreció a un grupo de empresas entre las que destacaba una de origen chino con amplia experiencia y solvencia técnica en este tipo de obras. La orden fue directamente del Presidente de la República, y no se dio, siquiera, una explicación creíble, lo que llevó a muchos a suponer que intereses poderosos se habían molestado por la presencia china en nuestro país. El segundo (no sigo un orden cronológico) fue la crítica abierta y directa que el conductor de un muy visto noticiario matutino de Televisa hizo al viaje del Presidente, a China curiosamente, alegando que se desatendía la grave crisis nacional por un viaje a un lugar lejano y remoto en el que México no tiene nada qué hacer. La crítica se repitió, en los mismos términos pero ahora a dos voces, durante el famoso evento de “alta filantropía” conocido como Teletón. Lo significativo de esto es que, hasta hoy por lo menos, muchos consideraban a Televisa como el principal aliado y sostén mediático del Presidente Peña Nieto y su gobierno.

El tercer hecho es el golpe mediático que asestó al Presidente y a su esposa la periodista y conductora de televisión Carmen Aristegui, un golpe que quiso disfrazarse de “sagaz” investigación reporteril pero que no tardó en saberse que, en realidad, fue una “filtración” de una investigación que el Lic. Marcelo Ebrard ordenó en su día para sus propios fines políticos. El ataque no sólo fue cuidadosamente planeado para causar el mayor daño a la imagen presidencial a escala mundial, sino también con calculada artería, pues la “noticia” se dio a los medios cuando el Presidente y su esposa volaban ya, otra vez curiosamente, a China. Nadie que yo sepa se traga el cuento de que fue una valiente denuncia contra un acto de corrupción cometido al más alto nivel; los más enterados dicen que se trató de una venganza del Lic. Ebrard contra su hijo político ingrato, el actual jefe de gobierno del D.F. pero pienso que son muchos los recursos, medios y reporteros movilizados para un objetivo tan pequeño y mezquino. Opino que la clave debe buscarse en el papel de Aristegui como representante en México de la poderosa cadena norteamericana de noticias CNN, cuyos nexos con los poderosos de allá son bien conocidos. El cuarto hecho son los comentarios de un conocido intelectual mexicano cuyas opiniones y puntos de vista son siempre muy bien recibidos en Estados Unidos, país en el que pasa largas temporadas desempeñando algún trabajo acorde a su perfil profesional. Este competente analista y politólogo (lo que no quiere decir infalible), que se incorporó hace poco a un noticiario nocturno de la televisión, afirma que el gobierno actual está “pasmado”, sin saber qué hacer ni qué decir, ante los graves problemas del país; que donde quiera que se para el Presidente solo habla de sus “reformas estructurales”, demostrando así que no sabe, o no quiere, hablar de temas de mayor calado y permanencia, “como los Derechos Humanos”; que se ha aliado con Nicolás Maduro y los gobiernos populistas de América del Sur, con grave daño para el país; por último, que son “idioteces” de los priistas la defensa de la soberanía nacional en forma de “no injerencia” de extraños en nuestros asuntos internos, lo cual les servía, dice, para cometer todo tipo de abusos y fechorías sin temor a ser descubiertos y denunciados por la opinión mundial y los organismos internacionales. Todo esto sugiere, con mucha fuerza de convicción, que estamos ante la acción coordinada del “lobby” pronorteamericano que actúa dentro del país, con discreción pero con gran eficacia, sobre la opinión pública nacional.

Al ataque en el frente interno corresponde uno más intenso y virulento en el exterior. Organismos y personajes de gran relevancia internacional, que pasan por alto las masacres de cientos de miles de civiles cometidas por el ejército norteamericano en sus guerras de invasión, que no dicen esta boca es mía ante el genocidio de kurdos y cristianos en Irak, en Siria y en Turquía cometidos por el Emirato Islámico, que callan las torturas de la CIA reveladas por los propios norteamericanos o las brutalidades nauseabundas contra los presos de Abu Grahib o de Guantánamo en Cuba, no escatiman términos tremendistas para calificar y condenar los secuestros en Iguala y para dejar, implícita pero muy clara, su amenaza directa a la cabeza del gobierno Mexicano. El último episodio es la denuncia del Wall Street Journal sobre una mansión adquirida por el Secretario de Hacienda, Dr. Luis Videgaray Caso, valuada en 7.5 millones de pesos. Cierto o no el hecho, lo que sí es indudable es que éste no es el único ni el más escandaloso caso de corrupción, en éste y en otros gobiernos de México (y del mundo), por lo cual se impone la pregunta: ¿por qué se denuncia únicamente este caso y por qué precisamente ahora, en esta coyuntura? Parece que a Videgaray no le falta razón cuando dice que todo obedece a que ciertas medidas del gobierno de Enrique Peña Nieto están afectando a intereses poderosos dentro y fuera del país. Sin embargo, habría que cuestionar al Dr. Videgaray por qué no se previeron estas reacciones y por qué no se tomaron las prevenciones adecuadas; por qué no se informa al pueblo cuáles son esas medidas y cómo le benefician; por qué razón no se procura el apoyo del pueblo, único capaz de defenderlas. ¿Será acaso que se afecta a unos grupos poderosos para beneficiar a otros igualmente poderosos?

Pero de los hechos que he enumerado aquí se desprende evidentemente otra razón para los ataques: un cierto acercamiento del gobierno de Enrique Peña Nieto a China y otros miembros de APEC, así como a los miembros del grupo BRICS de nuestro continente, en busca de mejorar y diversificar nuestro comercio internacional, cuya exagerada dependencia de EE.UU. hace rato que se manifiesta como notoriamente insuficiente y perjudicial. Y si eso fuera así, de ello deduzco que no solamente es erróneo hacer el juego a quienes quieren defenestrarlo, sino que resulta indispensable sostenerlo firmemente en el poder al mismo tiempo que empujarlo y presionarlo con la fuerza del pueblo organizado para que avance más resueltamente en esa dirección. Esto no implica, de ninguna manera, que se afloje en lo más mínimo la exigencia del esclarecimiento total, transparente y confiable, del paradero de los estudiantes desaparecidos y el castigo severo de los criminales que los raptaron. Pero tumbar al Presidente sin que sea el pueblo el que decida quién debe sucederlo en el poder y qué proyecto de país se debe implantar en lugar del actual, es caer en el juego de las élites del poder económico y político que son las que nos han llevado a donde estamos. Es lanzarse de cabeza y con los ojos vendados a un abismo. Nadie puede pedir a padres, familiares y compañeros de los desaparecidos que renuncien a su dolor y a su lucha; pero es un deber elemental hacerles ver que, en el desgraciado caso de que los muchachos hayan muerto, cosa que nadie en su sano juicio desea ni espera, ni la caída de Peña Nieto, ni nada, ni nadie, podrá resucitarlos. En ese caso sólo queda un camino, el que escribió alguno de los manifestantes en una barda del D.F.: ¡Hay que cambiar a México! ¿Cómo? Haciendo verdadera política, política popular, visionaria, inteligente y con rumbo. El desprestigio de los políticos, de los gobiernos y de los partidos está preparando al país para una gran alianza popular, tejida en la base y no en las cúpulas burocratizadas, para conquistar el poder de la nación y ponerlo en manos del pueblo organizado y al servicio de ese mismo pueblo. Ese es el reto y ya va siendo hora de asumirlo con madurez y responsabilidad. Eso es lo que enarbola y por lo que lucha desde hace 40 años el Movimiento Antorchista Nacional.


* * *


Anúnciate en Peninsular Digital

 

¿Quires anunciarte en Peninsular Digital?

Aquí puedes descargar nuestras tarifas.

Email de contacto: publicidad@peninsulardigital.com.