Algunas interrogantes a la SCJN

El día 2 de julio, en el programa radiofónico “Y usted… ¿qué opina?”, su titular, Nino Canún, pronunció un indignado discurso en contra de una manifestación de trabajadores del volante que, ese mismo día, protestaban a bordo de sus vehículos por el cumplimiento de acuerdos previamente pactados y firmados con altos funcionarios del gobierno del Estado de México y con un representante de la Secretaría de Gobernación Federal como testigo de honor. En su confusa perorata cargada de odio (“A mí Antorcha Campesina, en verdad, me revuelve el estómago”, dijo para empezar), Canún aplaudió que el gobierno del Estado de México haya secuestrado más de ochenta unidades “pirata” de los manifestantes, como un primer paso para “ponerle un hasta aquí” a Antorcha Campesina, y, además, que haya declarado que dichas unidades no serían regresadas a sus legítimos propietarios bajo ningún concepto. Según esto, pues, Canún considera que el problema está ya debidamente encausado y, por tanto, no era necesario añadir nada más. Sin embargo, el “indignado” comunicador se pasó de frente.

A continuación, la emprendió con Antorcha Campesina. Dijo así: “Cuando llega Antorcha Campesina al Distrito Federal hace lo que se le da, pues, la gana. Armando Quintero, que era el que robaba en SETRAVI, que estuvo seis años robando en SETRAVI, pues tenía a su hermano, que manejaba todo lo que era Antorcha Campesina; y todo lo que eran los piratas.” Esto es falso: Antorcha jamás ha tenido trabajadores del volante en el Distrito Federal, jamás ha enfrentado problemas del transporte en la Ciudad de México y, en consecuencia, jamás tuvo ni tiene relación alguna con el señor Armando Quintero ni con algún hermano suyo. Canún sufre de mitomanía. “Pero llegaron al Estado de México —dice enseguida- y en el Estado de México se quisieron imponer. Yo creo que lo de Antorcha campesina hay que ponerle un alto, hay que concluir con eso y hay que terminar con eso… (cursivas de ACM) …Antorcha Campesina hizo destrozos, hizo lo que se le pegó la gana en Jalapa; hizo lo que se le pegó la gana en el Distrito Federal; hizo lo que se le pegó la gana en el Estado de México durante mucho tiempo, y ahora parece que regresa…” También esto de los destrozos es un puro invento salido del caletre de Canún, y lo de que “hizo lo que se le pegó la gana” es tan vago e impreciso que, o no quiere decir nada o puede querer decir lo que se le ocurra al señor Canún.

 “Yo creo —continúa- que lo que está haciendo Eruviel (¿traición del subconsciente?) es importante y esto que lo haga también Javier Duarte en Veracruz, porque ahorita se van a mover a Jalapa. Recuerde que Antorcha Campesina tiene así como un sitio o un lugar permanente: que es Jalapa, Distrito Federal y Estado de México…” Otro invento descabellado de Canún a falta de hechos, con lo cual empieza a quedar claro que el señor lo desconoce todo de Antorcha Campesina. ¿Por qué la ataca entonces? La respuesta parece obvia: porque alguien le pagó para ello. “Yo creo —remata- que Antorcha Campesina debe fenecer y debemos de terminar con todo ese pirata; bueno, con todas estos piratas de Antorcha Campesina…” (cursivas de ACM). El discurso, pues, llama abiertamente al gobierno a reprimir, a suprimir de una vez por todas al Movimiento Antorchista Nacional.

Por su parte, el mismo día, el diario Milenio y milenio.com., refiriéndose a la misma protesta de los transportistas, publicaron una nota en la que afirman que en México hay de todo, desde ciudadanos ejemplares “hasta los que han creado movimientos y grupúsculos que medran con la necesidad de los mexicanos vulnerables y chantajean con sus necesidades y los azuzan para que se posicionen en contra de todo y a favor de nada…” La nota sigue: “El pasado lunes, el llamando Movimiento Antorchista que se ha dedicado a invadir tierras y adjudicárselas en varios municipios del Estado de México (sin que nadie les diga nada) paralizaron la capital toluqueña (sic)… con sus unidades de transporte”. Luego, la nota pasa a informar sobre las demandas de los antorchistas y los argumentos que manejan para justificar su movilización, y concluye así: “Su pliego petitorio es extenso. Exigen a los gobiernos municipales y estatales cumplimiento en obras de todo tipo, “para la comunidad Antorchista” (sic) como si ellos lo hicieran puntualmente con sus obligaciones. Es el momento indicado para que los tres niveles de gobierno den el cerrojazo a estos “líderes y salvadores” que son los únicos beneficiados económica y políticamente con estos movimientos” (cursivas de ACM). Exactamente el mismo llamamiento liquidador de Nino Canún.

Como se ve, tampoco Milenio se molesta en dar pruebas de sus señalamientos infamantes en contra de los dirigentes antorchistas. Pero el propósito de mi artículo no es, por esta vez, discutir la veracidad o falsedad de tales imputaciones, sino, como reza el encabezado, formular algunas preguntas al Máximo Tribunal de Justicia del país, en virtud de que, como lo demuestran las cursivas introducidas por mí, hay en ambos textos un llamado abierto y desembozado al Estado mexicano para que se decida, de una vez por todas, a “dar el cerrojazo”, el golpe represivo demoledor a la organización y a la lucha populares que representa Antorcha Campesina. Ambos ataques tienen la clara finalidad de preparar a la opinión pública para que reciba el hecho como la merecida consecuencia de las acciones delictivas de un grupo de vividores inescrupulosos. De ahí la naturaleza y la urgencia de mis preguntas. ¿Hay o no un Poder Judicial legalmente instaurado y con funciones  perfectamente delimitadas, único facultado para impartir justicia en el país? Y si es así, ¿por qué se tolera que un medio informativo o un comunicador cualquiera se constituyan, por sí y ante sí, en un tribunal paralelo que acusa, juzga y sentencia a un ciudadano, o a un grupo de ciudadanos, que, a su juicio, han cometido una infracción a la ley? ¿No están los medios obligados por ley a presentar sus acusaciones y pruebas en contra de los supuestos culpables ante un tribunal competente, y a abstenerse de exigir la ejecución de castigo alguno hasta en tanto los acusados no sean declarados culpables y sentenciados por el propio tribunal? ¿No es un delito, acaso, erigirse en juez de la causa propia, así se trate del periodista o locutor más famoso, y, luego de acusar, juzgar y sentenciar a alguien sin el debido proceso, ponerse a exigir, a presionar (aquí sí, a chantajear) a los poderes públicos para que apliquen, sin mayores formalidades, la sentencia tan ilegal como abusivamente decretada por el mismo acusador?

¿No es un crimen mover la mano del gobierno hacia la represión de los ciudadanos, antes de que estos hayan sido debidamente vencidos en juicio y declarados culpables por la autoridad competente? Y las víctimas de un abuso semejante, señores Ministros del Supremo Tribunal, ¿no tienen, no tenemos ninguna defensa, ningún recurso legal, ningún derecho que nos ampare en tales casos? ¿Quién o quiénes son los responsables de vigilar que se respeten nuestros derechos de opinión, reunión, organización, petición y manifestación pública tutelados por la Ley de leyes? El contubernio entre algún gobierno y los medios para llevar a la cárcel o la muerte a los opositores ¿forma parte integrante de la libertad de prensa? ¿Los ciudadanos comunes y corrientes estamos inermes ante este desmesurado poder? Sé que el camino que aquí sigo para hacerme oír es asaz inusitado; pero confío en que se comprenderá que lo hago por no disponer de ningún otro más expedito. En último término, lo que más importa es la verdadera justicia.

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