Traidores y esbirros

Mau, periodista y sociólogo choyero en ciernes

En estas épocas de trasiego de partidos, donde nuestros líderes cambian de color político tan rápido como las teiboleras de galán, se ha puesto de moda utilizar el término de traidor para ser aplicado a las personas que, habiendo pertenecido a una determinada ideología, cambian por otra más acordes a sus intereses. Habiendo estudiado el tema tan a fondo como permite un diccionario y el Google hacer en un par de horas de ocio, he decidido ofrecerles los resultados de mi investigación, las diversas categorías a mi juicio existentes en estas figuras que cambian, y darles un ejemplo práctico de cada uno de ellos.

Categoría 1; Convenenciero. Dícese de aquel líder en el que pesan más sus intereses personales que su ideología, y fabrican ésta a imagen y semejanza de las preferencias que la sociedad refleja en ese instante. Hábil e inteligente, percibe los cambios sociales incluso antes de darse, y se adelanta a ellos. Sin escrúpulos, es capaz de darle un abrazo a aquel que mañana mandará al pelotón de fusilamiento. Prototipo de esta categoría es nuestro Leonel. Comienza en la izquierda radical pero, cuando ve agotado el camino, cambia rápidamente hacia el PRI, para llegar a ser manso diputado, el que vota las iniciativas de Zedillo, el que sigue la roqueseñal. Cuando ve cortapisas y desgaste en el gobierno de Mercado, en una voltereta recupera su discurso de izquierda y le arma tal desmadre al PRI que llega a la gubernatura. Después de ser mano derecha de AMLO, cuando su ex esbirro (categoría 4) lo desconoce y no le da el regreso a la Cámara de Diputados, que añoraba en el 2006, vuelve como veleta a sentir la dirección del viento y se apunta en el Verde, en el de Emilio González, el Santo Patrón de los convenencieros. Mis respetos, Maestro.

Categoría 2; Traidor. Con aspecto sosegado, es más peligroso de lo que parece. Al traidor le mueve más la envidia que cualquier otro sentimiento o razonamiento. Acomplejado, oscuro, mediocre; suele ganarse la confianza a base de servilismo para, una vez con posibilidades, dar el artero zarpazo. Bueno como espía, como encargado de asuntos turbios, el traidor puro es peligroso incluso hasta para quien lo contrata. Reiterativo, traicionará una y cien veces. Odia el éxito de los demás porque él mismo se sabe despreciable. Nuestro ejemplo no podría ser otro que Zamora, tan de moda las últimas fechas. Zamora, más que el dinero de Narciso, que si lo quiere, quiere destruir a Luis Coppola. Coppola representa lo que él desearía ser, es el positivo de su foto. Lástima que no pueda ocultarlo; podría haber sido un gran traidor, pero se le nota demasiado.

Categoría 3; Comerciante. El que entra a la política con el único y exclusivo fin de hacer dinero y negocios. La ideología, la vocación de servicio, la gestión social, los partidos… sólo son palabras que deberán incluirse en las frases para darle sentido a lo único que interesa, el negocio. Nuestra figura del día, por recién estrenada en el campo de la política visible, es el nada menos que dueño de Oficinas Ejecutivas de Guamúchil, nuestro Alonso Germán, candidato del PAN. Comenzando con COPARMEX (Ahí se conocen empresarios, se pueden vender sillas y mesas), su discreta carrera política (algunos calificarían de mediocre, no yo) lo hace pasar por el PRI donde, al no ver gran futuro en ser nominado a una posición que le permita ser Jefe de Compras de alguna parte, sin despedirse, se va a tocar puertas, que incluyen al PVEM y al PAN. Y ahí tiene la suerte de coincidir y cambiar sonrisas con Zamora (categoría 2), y ya hay rumbo al negocio. Manejar un presupuestito de campaña siempre ha sido arte de un buen comerciante. Verán como alcanza para todo. Oficinas Guamúchil crecerá. Al tiempo.

Categoria 4; Esbirro, que viene a ser como el gato de un líder, y cambia cuando éste cambia. Es el que patea colonias, reparte despensas, repite como cotorra la misma canción, y al final le dan unas espinas, que ni a hueso llega. Los ejemplos son los más numerosos, pues abundan mucho más que las otras categorías. Su arquetipo es, por ejemplo, la doctora Uribe. Después de andar detrás de todo aquel líder que le sobó el lomo, el penúltimo de ellos Rodimiro Amaya (“hago de conocimiento… …nuestra compañera Alicia Uribe Figueroa… …participó activamente como impulsora del voto en el Distrito VIII y XVI… …Los Cabos… …bla bla bla -sí, lo tengo por escrito, corazón-) ahora maulla en el PAN, como presidenta (haiga sido como haiga sido) en el Municipio de Los Cabos. Todo lo que le oye a Zamora (categoría 2, por supuesto) lo repite, pero mal y metiendo la pata. Ataca (porque oye que otros los hacen) a Coppola, un Senador del PAN que obtuvo más de 55.000 votos en el Estado, y lo acusa, hágame usted el chingado favor, de cambiar de preferencias de partido; ella, la mansa gatita que le movía la cola a Rodimiro, en busca de su sobada de lomo y su espinita.

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