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Ya no hallamos qué pensar

Nos asalta el temor por todos lados

Cuando el actual gobernador andaba en campaña y se había desatado la furia del crimen organizado, no tengo idea si pensaba “que no pasaba nada” y que las ejecuciones serían pasajeras, que todo volvería a la normalidad con el correr de los meses.

No tengo idea si eso pensaba, pero si lo pensó cometió una gravísima equivocación porque en dos años de su mandato se le ha derrumbado el escenario y las consecuencias sociales son incontables y como catarata le caen encima cada que se escucha el eco de disparos, el ulular de las sirenas y por algún rumbo de la ciudad aparece un muerto en una banqueta, en un patio o en una casa. La furia ha sido tal que muchos mueren torturados, amordazados, amarrados o desmembrados.

Y me pregunto entonces: si el actual gobernador tenía idea de que las ejecuciones continuarían y la violencia y el caos llegarían a los límites que hoy han llegado, ¿pondría en la balanza la pasividad y la inconformidad de la sociedad? ¿Pondría en la balanza social la reacción colectiva que lo podía hacer tambalear en el mundo mágico y de confort en que vive la clase política encumbrada, principalmente su posición como gobernador? Si no se equivocó y concluyó en que la violencia continuaría ¿valdría la pena arriesgarse al repudio que le profesaría la sociedad? ¿O pensaría que la pasividad social daría para tanto y no protestaría?

¿O será tanto el amor por el poder y dinero de los políticos de profesión –los que cobran por hacer o no hacer lo que deben hacen- que no les importa que la población cuestione su actuar? Porque el pueblo ha soportado de todo: corrupción, cinismo, demagogia, inmoralidad, incapacidad, pobreza, falta de oportunidades, pero desde hace tres años se enfrenta al fenómeno social que ya lo tiene al borde del precipicio. Ha sido tal la explosión de la violencia en los asesinatos que la población ha cambiado su modo de vivir y observar el entorno social. Hoy se piensa dos veces antes de ir al mandado, de salir a la calle, de ir con los amigos, con otros familiares, porque ya no se sabe si un lado de uno está “un señalado” y las balas no tienen infalibilidad… no lo sabemos y por eso el temor.

Si el gobernador sabía que las ejecuciones no se detendrían, ¿a estas alturas seguirá pensando que “Paris bien vale una misa” y que el caos que reina no le quitará el sueño y su mandato se mantendrá a costa de la inconformidad popular? ¿Que su poder, su vida de confort, sus privilegios, su fortuna material, valen mucho más “que los gritos y opiniones de los inconformes y los enemigos de todo?” “Que el verdadero pueblo está con él y lo apoya.” “Que los inconformes son los mismos de siempre y que el verdadero pueblo confía en su mandato y en que las ejecuciones terminarán.”

Puede ser tal el mundo virtual del gobernador que cegado por la lisonja del ejército de aduladores que lo rodea, no ha logrado escuchar el clamor popular que desde ayer se manifiesta más crudamente en redes sociales; se han desbocado, se han volcado en su contra… y no es para menos. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: ¿O pensará que la pasividad social dará para tanto y no protestará? Pero lo ocurrido ayer por la tarde-noche en el bulevar Forjadores y Colosio donde asesinaron a Silvestre de la Toba, presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos y uno de sus hijos, dejando heridas a su esposa y una hija, viene a ser el grito indescriptible de una sociedad que sicológicamente fue rebasada por el caos y la violencia.

Y el asesinato de Silvestre de la Toba, su hijo y esposa –me dicen ahorita-  son uno más de la infinidad de asesinados por sicarios. Su ejecución cobra mayor relevancia porque era un funcionario público, pero en la balanza de la realidad su asesinato entra en el mismo contexto de cualquier ejecutado, máxime si son inocentes como ya ha ocurrido. Su ejecución nos sigue demostrando que las autoridades han sido rebasadas por la violencia desatada; nos sigue demostrando que las autoridades correspondientes no tienen capacidad para enfrentar esta realidad; nos sigue demostrando que el gobernador y “sus hombres de confianza” siguen en su mundo mágico sin entender que el pueblo vale tanto como Silvestre de la Toba, y que los “protocolos de seguridad” no deben estar para “activarse” cuando matan a un gargantudo, nada de eso.

Palemón no puede con la responsabilidad y debe ser cesado.

La muerte nos hermana en el mundo sublime de lo desconocido, seamos de primera o de segunda… cada quien en su dolor.

Pero para los “políticos de profesión” el pueblo levita en una dimensión que no entienden; las declaraciones del Secretario de Gobierno, de Palemón y el gobernador, ofenden a la sociedad. Alea Jacta Est.- 21-11-17.- Miembro de ESAC.-

 


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