Viernes de soledad

Te espero (poesía)

Hace dos días leí por Facebook el poema de Mario Benedetti, Te Espero. Recordé entonces, que hacía como 16 años que había publicado el poemario “Ayer platiqué con la muerte” en el que, entre muchos poemas, aparece uno al que también llamé “Te espero”.

Transcribo un fragmento del de Benedetti para luego transcribir el mío:

Te  espero cuando la noche se haga día
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas, lo sé,
sé que no vendrás.

Sé que soy un idiota al esperarte,
pues sé que no vendrás.

Te espero 

Te espero donde siempre te he esperado

en las bancas del corazón

en las calles de mis manos

en las tiendas de amuletos

siempre te espero así

allí siempre te espero.

Te espero donde siempre

donde siempre te he esperado

en el overol del domingo

en las fiestas de tus pechos

en las ansias del diván

siempre te espero allí.

Te espero donde siempre

donde siempre te he esperado

en las horas compartidas

en el miedo de encontrarte

la niña que juega en ti

en la soledad de tu miedo

allí siempre te espero.

Te espero donde siempre

donde siempre te he esperado

en la piel de los amantes

en el húmedo secreto

en las bolsas clandestinas

¡escaparates de sueños!

siempre te espero así.

Te espero donde siempre

en el temor de perderte

en el silencio que duele

en el trajín del mercado

tu lángara travesura

allí siempre te espero

al tendero contando mi espera

cien años te espero allí.

Te espero donde siempre

en el umbral de la puerta

con sus tamaños pelones ojos

complicidad silenciosa

acarició tus pezones

y tus labios que me tiemblan

siempre te espero así.

Y si después de esperarte

desearte y quererte tanto

mis manos quedan vacías

y cierran todas las tiendas

y el corazón se derrumba

sin tus pechos de overol

y el diván está vacío

y el aposento se enferma

y la puerta llora tu ausencia

va en prenda toda mi espera

respirarte con sólo verte

vale quemar el diván

rosas negras en la silla

de negro toda mi espera

la dicha de conocerte.

Y si después de esperarte así

mis horas lloran muy solas

sin la niña que vive en ti

y el corazón se derrumba

sin el húmedo secreto

sentir tu temblor al verte

valen todas mis penas

la dicha de conocerte

el haberte conocido.

Y si después de esperarte

mis amuletos se arrumban

en el andén, en los muelles

solitarios sin amantes

y si después de esperarte

como banderas al viento

el pañuelo del secreto

el secreto del diván

tus pezones, tu overol

vale mi triste pena

la dicha de conocerte.

Esas bolsas clandestinas

escaparates de lluvias.

Clandestinos los momentos

sin relojes, sin amarras

¡Qué tormentos! qué tormenta.

Y si después de esperarte

mis manos están vacías

y el corazón se derrumba

sin tus pechos de overol

y el aposento se queda sin los recuerdos

recuerdos de negro encaje

¡qué triste fue conocerte!

qué dicha fue esperarte

qué locura haber creído

llenar las manos de sueños

en las horas del diván.

Y si después de esperarte

donde siempre te esperé

se derrumbó el corazón

ese frío tan caliente

que germina por mi nuca

es el fuego de tu espera

espera que no llegó.

Y si después de esperarte

no entibian tus manos las mías

dejas mi amor calcinado…

no vuelvas no vuelvas.

Y si después de esperarte

mi espera se hace más larga

mis noches sin sus estrellas

tus pezones sin mis manos

el overol sin tu cuerpo

el overol del domingo…

No vuelvas no vuelvas…

Cuando la muerte platicó conmigo

me preguntó por ti

que si en qué esquina te me habías olvidado

que si en qué mercado

te habías extraviado

que si en qué lugar exacto de mis huesos

te encontrabas

que si en qué lugar exacto de mis sueños

dormitabas…

 

Alea Jacta Est.- 24-08-17.- Miembro de ESAC.-


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