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Viernes de Cachanía

El pueblo que no quiso morir…

Pero desde 1885 vive a salto de muerte 

Para 1950, sesenta y cinco años después de la fundación, los Grupos Mineros de Santa Martha, Purgatorio, Providencia y San Luciano, centro neuronal de la energía laboral de El Boleo, ya habían desaparecido, primer aviso del salto de muerte al que estaba condenada la minería en la región. Tengo el dato de que el 31 de diciembre de 1954, la empresa clausuró oficialmente toda actividad minera. Fue el segundo salto de muerte. El gobierno federal da “respiración de boca a boca” e implementa la empresa Santa Rosalía S.A y “el pueblo que no quiso morir” pervive a salto de muerte hasta 1985 en que definitivamente aquel proyecto nacido en 1885, a cien años, es clausurado definitivamente. Antonio Figueroa -el Cadena- el 17 de junio de 1985 acciona por última vez el mecanismo del pitazo de la fundición, -pitazo ronco y melancólico como ronroneo de gato siamés- que era el tic tac del pueblo para que todos nos pusiéramos los arreos de nuestras respectivas chambas.

Y desde siempre nuestro pueblo ha vivido con mil calamidades: la epidemia del vómito negro -que los franceses confundieron con la peste bubónica que asoló Europa en el siglo XIV-, aislando a los enfermos en los hospitales Lazareto –de Lázaro y lepra_ construidos en los arroyos de San Luciano, Santa Águeda y Purgatorio. “Los modernistas” no debemos asustarnos de las consecuencias de la insalubridad de los inicios de la fundación: sin agua, sin drenaje, sin hospitales, sin transportes, defecar en tambos y que pasara una carreta para llevar los excrementos hasta el Limantour; no nos debemos sorprender de esa práctica, ni de los enganches y falta de servicios. Pero en 1985 –hace ya 32 años- dejaron de funcionar los talleres y las instalaciones de la empresa, las minas quedaron abandonadas y poco a poco se fueron derrumbando; los mineros “libres” corridos como animales sin dueño, encaminando sus pasos al Chorizo, luego al parque Zaragoza, a la plaza central, y el regreso al Chorizo, sentarse en las bancas a esperar su muerte, muerte que ya los alcanzó.

Cuando “paró” el último Grupo Minero, San Luciano, -otro salto de muerte- mis padres se fueron en ese salto al vacío y nos llevaron a Mexicali. Allí cambiamos la esclavitud de la mina por la de “la tierra no es de quien la trabaja” y mi padre se fletó como peón de hacienda. Por varios años batallamos con el calor, víboras, vacas, chivos, gallinas, trilladoras, pizca de cebolla, algodón, melón… y en un respiro lanzamos la proa ¡a nuestro origen! Y regresamos.

La primera noche la pasamos en un cuartito que se llamó El Farolito. Enfrente del cuartito había un tanque de lámina que a mí me pareció gigantesco. Servía para almacenar agua y los pobladores de esa región se formaban para que don Pepe, primero, y luego el Cananea, abrieran la llave del vital líquido. El pueblo se fundó en 1885 y, a 66 años de distancia ¡se seguía padeciendo la falta de agua! En ese y otros tanques las colas eran enormes. Me tocó la ocasión en que estaba formando cuando llegó corriendo una doña y gritó: “¡por “enque” Margarita va pasando en un carro el candidato a presidente de la república.” Como si fuera una orden todas –porque siempre formaban casi puras mujeres- tomaron sus tambos e iniciaron la carrera para la calle Benito Juárez. Se formaron por la orilla de la calle y cuando el candidato Adolfo López Mateos (1958-1964) pasaba saludando montado en un convertible, las damas golpearon sus tambos y a coro gritaron “¡queremos agua!” Fue un sonido brutal y un grito en alarido.

A 132 años de la fundación y a 59 años de aquel sonido brutal y grito en alarido, los pobladores de mi pueblo siguen clamando por el agua y ni López Mateos ni ningún otro presidente, gobernador o alcalde, han encontrado la fórmula para que la población no padezca por la criminal falta de agua.

En la década del 20 se fundó el sindicato minero y lo llamaron sindicato rojo por su tendencia socialista, abrevando en la tesis del marxismo. La empresa reconoció a los mineros como sus trabajadores. Tuve en mi poder un contrato de esa época y claramente se especificaba las categorías y sueldos de ellos. Por argucias de la empresa y el gobierno, al desaparecer San Luciano los mineros fueron excluidos como trabajadores de la empresa y dan vida al sindicato de la sección 117 dirigido nacionalmente por Napoleón Gómez Sada.

Cuando terminé la carrera de maestro inicié la lucha con los mineros para que se les reconociera como trabajadores de la minera. Fue una larga lucha de casi 15 años. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Se programó la visita del candidato José López Portillo (1976-1982) en un acto eminentemente priista, dirigido y actuado por ellos. A golpe de pundonor y coraje, por mi capacidad de convocatoria y por el perfil de lucha, no tuvieron más remedio que darme una participación. El acto fue en el corazón del charrismo sindical: la sección 117.

Lancé mi denuncia en favor de los mineros y el candidato a la presidencia de la república, en su intervención dijo que: la denuncia presentada era un vicio que se practicaba en todos los estados donde había minería. “Desde este momento, dijo, me comprometo a reunir a todos los actores de la minería nacional para que a los mineros se reconozca como trabajadores de las empresas”. A 40 años de mi denuncia ante el candidato, y de haber denunciado durante todo el sexenio de su antecesor, Luis Echeverría Álvarez, (1970-76) la injusticia laboral, la vida de la minería obedece al mismo escamoteo de las leyes para no reconocerlos como parte del contrato colectivo. “Aquí y en China” se les sigue llamando mineros libres. Tal es el caso de la Minera Metalúrgica El Boleo, de capital coreano.

El pueblo que no quiso morir vive a salto de muerte: la minera coreana escamotea derechos de los mineros. La Ley Federal del Trabajo obedece a intereses del capitalismo. Las calamareras fueron y son un despojo. Echeverría inauguró la carretera y los transbordadores, y ahora la cinta asfáltica tiene mil cráteres y los transbordadores no existen. Antes teníamos cines y ahora no. Teníamos línea aérea y hoy no hay. Antes teníamos autoridades más o menos decentes… ahora no.

Desde tiempo inmemorial padecemos la escasez de agua principalmente en verano, y ahorita (junio-julio-agosto-septiembre) la crisis está acentuada.

La “luz se va en verano,” también.

El pueblo que no quiso morir vive a salto de muerte. Alea Jacta Est.- 20-07-17.- Miembro de ESAC.- 


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