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Viernes de Cachanía

Con esta entrega me despido para regresar los primeros días de enero de 2018

Con esta entrega me despido para regresar los primeros días de enero de 2018.

Muchas gracias a los que me leen y todo aquel que se inquiete por la grave injusticia que recorre al país y por los cuatro rincones de este bello estado, que a pesar de todo, a pesar de la demagogia e incapacidad del gobernador para rendir buenas cuentas a la ciudadanía, nos mantenemos de pie.

Muchas gracias a los compañeros que me reproducen en las redes sociales. Muchas gracias al diario Peninsular y a los digitales: Voces cruzadas, Peninsular Digital, Nuevo sur y Bioética cotidiana, por aceptar mis colaboraciones que me reditúan una gran satisfacción espiritual.

Una feliz navidad y año nuevo para todos, y los que tengamos posibilidad estos días de navidad y año nuevo de pasarla de maravilla en la cena, regalos y el atragantarnos con las emblemáticas doce uvas, recordemos que el país es un mundo de desiguales en los que pocos tienen mucho, y muchos sufren la desigualdad, la marginalidad y la pobreza.

Hoy les entrego a los últimos mineros del primer capítulo de mi poemario que todavía no tiene nombre:

El Bori, Sotero y Ramón:

 

El Bori

Era vecino de la casa de mi padre

ya viejos se visitaban de corredor a corredor

sin vieja sin qué contar sólo recordar en vacío

se contaban las minas que “madriaron”

las muertes que esquivaron

los socavones que les comieron las tripas

sus arrugas dolencias su artritis compañera

Un día el Bori se quedó sin visitas

en el corredor se fue encorvando secando

como se apaga el sol en el trigal

como se apagan las ganas de vivir

sin qué contar a quién contar

Muchas veces pasé por su corredor

Lo miré encorvadito camisa a cuadros

a los años ya era una bolita unos trapos

mojados amontonados en su poltrona

sus pelos negros de la cabeza revueltos

como cuervo anunciaban

que allí en esa bola de trapos a cuadros

había un cuerpo humano

A un hijo pregunté por él

“se nos cayó lo metimos ya no se levanta

hasta allí llegó ya se va a morir”

Se fue derritiendo como paleta de hielo

puros trapos untados en su camastro

Torvo fiero fuerte como su hermano Nufa

Murió cuando las minas habían muerto

su memoria sin recuerdos su calle empedrada

Sotero

Tenía una nube en un ojo

que a veces anunciaba cuando llovería

Trabajó en las minas La Quebrada

todos los días bajaba un contrapozo de diez metros

comunicaba dos labores

se montaba en un cazo que bajaba suspendido

por un cable de “mala muerte”

todos los días lo acompañaba Fobos

prendido de sus hombros del cable

todos los días al bajar los güevos le subían

se amontonaban en el gogote

todos los días el cazo bamboleaba

el silencio marchito taladraba el ojo de Sotero

lo cerraba para observar nubes sin llover

olvidar a Fobos suspendido en el cazo

Tánatos obsequia una sonrisa

Sotero identifica la mueca sardónica

de la muerte

que lo espera al fondo del pozo

El alarido despierta a Hades cobijado en sus tinieblas

Sotero apaga el reino del tormento y sufrimiento

Ramón

Flaco como palillo

larguirucho como fideo

amigo como ninguno

Cada día que subía la tarima de madera

para voltear los picheles repletos de cobre

fundido a 2500 grados de temperatura

traía a Tánatos prendido por las cuatro

esquinas de sus sobresaltos

                         Hacía una semana que su alma no sabía

identificar el aliento a estiércol que le respiraba

entre la oreja derecha y la nariz

se espantaba con la mano en la oreja

como si la peste fuera una mosca

pero Tánatos se columpiaba en el lóbulo

y otra vez esa peste a patas en la nariz

Durante toda la semana su alma

                         navegaba entre calles mojadas

entre pasos quebrados en muletas

entre ganas y no ganas de comer

entre ganas y no ganas de fornicar

Se levantó con el ánimo crucificado

por carpinteros que hacían cruces para los

mineros que habían muerto en el derrumbe

No probó bocado y malhumorado tomó

la chamarra y el lonche

la lluvia pertinaz terminó por llenarle

la nariz de esa peste a establo

El chipi chipi aguantó toda la noche

enfadando como zancudo insomne

Encaminó sus pasos pesados como muerto

                         al pasar el Colegio Salvatierra la panza

se amontonó como víbora dormida

Subió a la tarima donde llegaban los picheles

resbaló en la tarima mojada

al tratar de desenganchar el tercero

se precipitó al magma mortífero en alarido

sin respuesta sin oxígeno sin cuerpo sin paisaje

alarido que despertó los hornos

estructuras metálicas

Ramón recordó toda su vida

en el instante del vacío al pichel

escuchó una explosión y se desintegró

por las cuatro puertas de la casa de su alma

irrumpió el incendio que no le dio tiempo

de abrir el cuaderno de sus pendientes

de ordenar las mudas de ropa de la semana

en un segundo explotaron vísceras y enfados

su guante de béisbol sus pasos sabatinos al billar

miró que la lumbre asaltó su cama

la cocina y la taza donde tomaba café

sus pantalones levis en el tendedero

condones que no usaba desde una semana

su poltrona del corredor

los calzones preferidos de su vieja

el incendio bufó por las cuatro esquinas de su alma

le quemó los enfados

Recordó la lluvia y la peste a estiércol

recordó que hacía una semana que no cogía

percibió olor a cuerno quemado de toro

Colgado en un tramo de estructura metálica

pendía un tenis adherido a un trozo de Tibia y Peroné

DESATAR LOS NUDOS DEL CORAZÓN

 DESATAR los nudos del corazón… para desandar los caminos que nos llevaron por la senda equivocada en la que tropezamos con las piedras de la envidia, con las piedras de la sinrazón, y con raíces resecas, ayunas de la humedad de la bondad y fraternidad

 DESATAR los nudos del corazón… que como amarras de barcos que no han encontrado su atracadero, nos mantiene acorralados por la desesperanza y la angustia de sabernos actores de la tragicomedia del orbe y de nuestro país, retratados en una gota de sangre, gigante, por la injusticia, la pobreza y la miseria

 DESATAR los nudos del corazón… para tirar las amarras y reflejarnos en los escaparates y manitas temblorosas del niño que nada tiene, del niño que sufre al ver sus sueños perdidos como equipajes del barco que nunca pudo llenar, como el ruido del tambor que jamás podrá escuchar. Ya va siendo tiempo de desatar los nudos del corazón para caminar por la cresta de los sueños, por las cuatro esquinas de la lluvia y por la furia de la tormenta, para ser convidados a buscar y encontrar la Estrella de Belén, a los Reyes Magos y el pesebre…

 DESATAR los nudos del corazón… para sembrar en el huerto de la casa la semilla de la humildad y la fraternidad. Regarla con el sudor del esfuerzo familiar y cosechar los frutos en el canasto tejido por las sonrisas luminosas de los hijos, los nietos, hermanos, nueras y yernos. Ya es tiempo de atar los nuevos nudos del alma… ya es tiempo de atarnos en el abrazo universal. Ya es tiempo de ahogar la envidia y el rencor, la insidia y la corrupción.

 DESATAR los nudos del corazón… para ya libres de amarras, en la Cena de Navidad y Año Nuevo hacer votos por la salud y la paz de la familia. Hacer votos para que las familias más necesitadas y en desgracia no desmayen, fortalezcan su espíritu y luchen a brazo partido contra la adversidad.

 DESATAR los nudos del corazónpara hacer de la soledad y la mía soledad, el puente supra terreno para abrazar nuestros seres queridos que se fueron al cielo y atareados construyeron la casita blanca que habitaremos cuando nos encontremos con ellos… Alea Jacta Est.- 21-12-17


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