Tres poemarios que me impactaron

Christopher Amador “me derrumbó”

No cabe duda que la especialidad de literatura –aunque Amador originalmente no la cursó- que se lleva en la UABCS, tiene mérito profesional excelente ya que los egresados desarrollan una literatura de primerísima calidad.

Recientemente he tenido la oportunidad de leer tres libros –poemarios- de dos extraordinarios poetas: Christopher Amador Cervantes (hasta el nombre me enreda) triunfador en certámenes locales, nacionales e internacionales, y, al joven –Christopher también lo es- Jorge Alberto Chaleco Ruiz, ganador de certámenes nacionales y el de literatura “Ciudad de La Paz 2013”.

Christopher Amador me regaló los poemarios: El arpón en mis manos, y otro que no tuve la capacidad de entender el nombre, creo se refiere al verbo, modo, voz, tiempo. Raúl Antonio Cota dice del poemario:

“Tomando como referencia a Noam Chomsky, lingüista y filósofo estadounidense (Filadelfia 1928), quien es autor de la revolucionaria obra “Modelo de gramática generativa,” Christopher Amador escribe un poemario, con dos reflejos: Tarumba (Sabines) y Bécker (Rimas)

Del poemario de Jorge Alberto Chaleco Ruiz, ya escribí una colaboración  que me obligó a entrar a Internet para conocer a detalle a algunas de las 30 mujeres “que partieron voluntariamente hacia el no retorno del suicidio.”

Luego en el comentario de Leonardo Varela sobre la obra de Cervantes Amador, me topé con el antipoema, que parece, es la mágica lámpara de los nuevos poetas…y entré nuevamente a internet:  

“Es en 1954 cuando el poeta chileno Nicanor Parra publica su libro Poemas y Antipoemas.  La antipoesía está ubicada dentro de las corrientes literarias de post-vanguardia (recordemos que la vanguardia estaba representada por escritores como Baudelaire, Rimbaud, Bretón, Huidobro, etc.”)

“La antipoesía es una poesía que expresa las vivencias del hombre masa, o el hombre de la clase media en un sistema capitalista.

En la época en que surge la antipoesía, se hablaba de antinovela, antipintura.  La antipoesía es un movimiento que persigue quitarle el carácter serio, solemne, grave, a la poesía que se venía escribiendo.”

“Algunos han señalado que la antipoesía surge como una corriente anti-nerudiana.  El objetivo que persigue la antipoesía es desacralizar la realidad, es decir, quitarle lo serio, lo sagrado que tienen las ideas, las acciones y los modos de vida.”  antipoema, que parece, es la mágica lámpara de los nuevos poetas. ¡Y vaya que Christopher Amador practica la perfección la antipoesía! “La brutal franqueza con que se dispara este mecanismo produce un claro malestar. Dolor de muelas o comezón ante el resplandor de las burocracias política y poéticas”. (Leonardo Varela)

Entonces, pues, estamos ante un ejercicio que data desde los 50, ejercicio que Christopher lo enaltece.

Cuando los leí –a los dos- me entró la locura de tratar de escribir algunos poemas que “a ratos tocaran el límite de la antipoesía, porque hay que decirlo, sin haber estudiado la carrera de literatura, me he entercado en escribir mucha poesía, aunque algunos me han dicho que mi fuerte es la prosa, crónica, cuento, relato, más que la poesía.

Y con lo que he leído de Christopher Amador y Chaleco Ruiz, me he sentido acongojado y a la vez entercado.

Decidí intentar un poemario seleccionando algunos compañeros mineros muertos, edificios y personajes emblemáticos (la Progreso, iglesia, fundición, Cachimba, Pablito, etc.).. y “hay” la llevo.

Transcribo algunos, para este fin de semana:

 

                          I.-

Mauro Flores

El capataz amanecía con

sabor amargo en la boca

desde que le pateó el lonche

a Mauro Flores en el descanso del donque

Entraba a la mina muy preocupado

sentía en la nuca dos dardos de níquel

que le bajaban hasta los güevos

una serpiente se le amontonaba

en la panza como Solitaria de tres metros

Sintió las fauces de las tinieblas

la marejada del silencio

que le atenazaron los suspiros

cuando los ojos de Mauro brillaron

como trozos de azófar azul maya

Le voy a patear el lonche otra vez

a ver qué tan machito es”

La lonchera voló dando tumbos

en cada testerazo brillaba como espejo de agua

Una tribu de demonios

atragantan la boca del minero

y el incendio de picos y palas

asalta el filoso cuchillo escondido

palpitante en la zapeta de sudor y lodo

Mauro salta como cañuela encendida

como lengua de reptil sediento

el filoso puñal reptante como tramo de riel

destroza las entrañas del malvado

que naufraga como galeón sin muelle

y la sangre lo encalla

en los islotes de Tánatos

Mauro Flores

se gana el nombre de una calle

 

La Colonia Nopalera

apisona la calle sin saber quién fue

aprisiona un nombre sin hombre

 

Reyes Álvarez

Caminaba de puntitas

avizorando en su uno ochenta de estatura

a quién haría blanco

de sus macabras maldades

La mina lo tenía enfadado

y se desquitaba jugando bromas pesadas

Casi al final de la calle

estaba el changarro de Rómulo Bastida

que vendía de todo envolvía recuerdos

tomates y nostalgias repollos y quimeras

También vendía carne

en el mostrador un cuchillo matancero

Reyes se entretenía haciéndolo rabiar

noche tras noche con bisturí milimétrico

hurgaba la paciencia que Bastida

había enclaustrado en el ropero de la noche

con tres candados abarroteros

Le pinchó la entereza

que saltó como bífida lengua

-como bicho sin patria-

se incrustó en su tolerancia

Con zarpazo de tornado su mano

hizo temblar el mostrador el cuchillo

brilló opacando las estrellas

las piedras de la calle

y la paciencia de don Rómulo

Reyes soltó una carcajada emprendió la huida

luego empezó a trotar como rinoceronte mancebo

ya que el carnicero

era viejo no lo podría alcanzar

Miró la sombra como vampiro en su espalda

alcanzó a ver el cuchillo matancero

pretendió la huida perdió la vertical trastabilló

el golpe seco como hachazo lo tumbó entre piedras

por su boca brotaron maldades enlutadas

mandrágoras enraizadas

alacranes de envidia serpientes sin piel

y escolleras de arrecifes enlamados

Rómulo guardó el cuchillo

la paciencia encerró en el ropero de siempre

tomó una cobija y encaminó su sombra

a la cárcel de Mulegé

a llamar manito a los reclusos

Ya anciano se mira las manos

que aprisionan el ropero

sus tomates sus quimeras sus nostalgias

sus recuerdos

 

Reyes Álvarez vomitó pedazos de corazón

Sus venas amarillas cruzaron apuestas

Se tiene que morir dijeron

 

El Chicali

Tocaron a la puerta y Chicali

me entregó una hoja escrita a lápiz

“he decidido dejar las drogas

y dedicar mi tiempo a cosas útiles

y luchar contra la injusticia”

Faltando diez días para las elecciones

lo encontraron colgado de una reja de la celda

Se suicidó dijeron

en la bolsa del pantalón encontré la confesión

“me amarraron y colgaron los desgraciados

no dejaron que escribiera olas

y a falta de ríos inventara piedras

ni que invitara carrucos

al conejo de la luna

ni tirara las orillas de mis versos

al perro de don Gabino Meléndrez

no me dejaron saltar las estrofas de la mina

para apuñalar la negrura del infierno”

Serás un escarmiento me dijeron

para rellenar boletas electorales

y el líder minero pierda la elección

Cuando lo llevamos a sepultar

por las ventanas asomaban los insomnios

asustados por el tic tac de la muerte

Cuando a Chicali escapaba la vida

vestida de llamarada

por el cinto amarrado a la reja

vio su patrón nadando entre gargajos

 

Su cerebro se llenó de minas desiertas

Pasta de Conchos y Barroterán

la mina San Guillermo el Proyecto Mercurio

 

Ricardo Rivera

Cuando la luz de la lámpara de carburo

estrellaba su espinazo

parecía cocodrilo entretenido

en desafiar con su lomo las estrellas

Era una máquina nacida para horadar

intestinos de la tierra y tomaba

un ritmo como columpio como hamaca

el zapapico gemía en chispas azules

cuando la frente explotaba

en metal verde como piedra

Los años lo fueron secando por dentro

y su ritmo de hamaca

su espinazo brillante como cocodrilo

asoleado a la orilla de la Tobara

se fueron encorvando como raíz de mezquite

Lo busqué en la oscuridad de su casa

la inadvertencia me llamó a un rincón

Allí estaba untado en un catre

sus pómulos de cartón resecos

como cachora disecada

y sus manos anquilosadas por la artritis

lloramos los dos

las lágrimas iluminaron el piso de madera

salieron con la inadvertencia

Cuando abandonaba su cuarto

escuché un aleteo de humo madrugal

miré para el rincón oscuro

cuatro fantasmas transparentes

pulsaban el catre y acordaban

por qué lugar de los caminos de Dios

tomarían las estrellas

para colocarlas en los ojos de Ricardo

 

Don Ricardo abrió los ojos

siete puntos cardinales dibujaron sus estrellas

 

Alea jacta Est.- 07-09-17.- Miembro de ESAC.-


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