Tierra de ratones

En febrero de 2012 recibí un correo que me impactó

En febrero de 2012 recibí un correo que me impactó. El 24 lo envié como colaboración. Seguramente muchos conocen la fábula, y a lo mejor, recuerdan mi colaboración. Por considerarla ni mandada hacer para la vida de la nación y la nuestra en particular, la vuelvo a trabajar.

La fábula –de la democracia- tiene su origen en Canadá, país de una compleja estructura gubernamental ya que es una monarquía parlamentaria federal, país organizado en diez provincias y tres territorios, y que, logra su independencia del Reino Unido en 1982, manteniendo en teoría la representación del gobierno inglés. Por esta circunstancia la reina inglesa es jefa del gobierno canadiense, pero el poder ejecutivo lo ejerce el primer ministro de Canadá y su gabinete. El Poder Legislativo lo ejerce el parlamento compuesto por dos cámaras: la Alta o Senado, y la Cámara Baja o Cámara de los Comunes, formada por diputados. Hay elecciones cada cuatro años. Y “el reinado de la reina” viene siendo un mero formulismo, ya “que no pinta.”

La fábula de “Tierra de Ratones” fue dictada en el parlamento canadiense por Thomas Douglas –primer ministro socialdemócrata del país- fundador del Nuevo Partido Demócrata al que sirvió como primer líder federal entre 1961 y 1971. Nació en Escocia, Canadá, en 1904, y fulminado por el cáncer el 24 de febrero de 1984. Fue un extraordinario político socialdemócrata que influyó poderosamente en la vida política actual del enorme país que es Canadá. Fue Primer Ministro e introdujo el sistema de salud pública universal. En 2004, en encuesta nacional, fue votado “el canadiense más grande de todos los tiempos”. ¡Con razón me impactó tanto su aleccionadora fábula! Se llama Tierra de ratones y la leyó en una sesión del Parlamento Canadiense. En esa comparecencia habla de su fábula, tierra de ratones, que viven felices, que nacen y mueren, que tienen hasta un parlamento y eligen a sus gobernantes cada cuatro años. Irónicamente señala que cuando van a votar hasta los transportan a las urnas. Que eligen un gobierno de enormes y gordos gatos negros; que son buenos para gobernar y que hacen leyes muy buenas, pero para los gatos, pero muy malas para los ratones. Hay una ley, dice, que las ratoneras deben ser grandes para que los gatos puedan fácilmente meter una pata. Otra ley dice que los ratones deben transitar a velocidad moderada para que los gatos tengan su alimento sin mayor esfuerzo físico. Y es que los gatos veían por sus intereses y no por los de los ratones. ¡Y es que eran gatos!, dice la fábula. Los ratones ya no aguantaron y masivamente fueron a votar y votaron ¡por gatos blancos! que prometían mejores leyes. Las ratoneras fueron cuadradas y más grandes para que los gatos metieran las dos patas. Los ratones volvieron a votar por los gatos negros, luego por los blancos. Votaron hasta por negros y blancos –coalición-  y hasta por gatos con manchas, que se parecían a los ratones, pero comían como gatos. Y el problema no era el color, dice la fábula, sino que ¡eran gatos!  Llegó de muy lejos un ratoncito con nuevas ideas. Los llamó y les dijo: “¿Por qué vamos a votar por gatos?, hay que votar por un gobierno de ratones.”  Lo tildaron de comunista y lo metieron a la cárcel.

Con su voz pausada y firme Thomas Douglas dice en la disertación: “Pueden encerrar un ratón o un hombre, pero no pueden encerrar una idea.”

La fábula de Tierra de ratones pintó –y pegó en la llaga-  de la estructura política de Canadá, y el ejercicio de los procesos electorales –con acarreo, torta y todo- Viene siendo una magnífica obra satírica donde, irónicamente, la representación queda en Inglaterra. Por eso el primer ministro –gobernante, de hecho- Thomas Douglas, habla de gatos gordos y de pobres ratones. Hasta aquí la fábula.

Tierra de Ratones pinta de cuerpo entero la vida política de la República y la de nuestra entidad. Es la dolorosa realidad de esta tierra de ratones y gatos grotescamente hartos de robo y corrupción. Por toda la vida, territorial primero y estatal después, hemos sido la tierra de ratones. Por doce años los gatos negros saquearon la energía económica estatal. Luego votamos por gatos blancos que muy luego engordaron al amparo de la corrupción insaciable. Luego miramos a la otra esquina y votamos por gatos barcinos, que porque el gato mayor, gordo y cachetón, venía precedido de fama de buen estadista  porque había estudiado en universidades extranjeras. Y otra vez la corrupción disfrazada de demagogia nos arropó, y como la fábula de Thomas Douglas, las ratoneras son más amplias y cuadradas. Ahora nos arrullan con trampas de: vivir en paz, ley tres de tres, sistema estatal anticorrupción, asociaciones público-privadas (APP), fiscalía anticorrupción, para vivir mejor, seguro de vida a los pescadores, más calles pavimentadas, plan estatal de desarrollo, procurador docto e intelectual, etc. etc.

El gobierno actual, de gatos albiazules por fuera, pero por dentro tirando a rojo y amarillo, se ha distinguido por la cerrazón y la intolerancia, por la prepotencia y el autoritarismo. A un año de haberse comprometido a erradicar la corrupción y practicar la transparencia, volver a la paz social porque “él sí sabía cómo eliminar el crimen organizado,” en andanada mediática nos ha atiborrado de declaraciones diciendo que “el crimen organizado se encuentra acorralado y su actuar son reacciones –los más de medio millar de ejecutados y hasta ministeriales- porque no encuentran las condiciones para estar operando. ¡¡Qué tal si las encontraran!! Este gobierno de gatos gordos piensa que somos como la fábula de Thomas Douglas; le señalamos la corrupción del cuatrienio de Marcos Covarrubias y nos contestó que “no miraría para atrás”, pero sí ordenó a su testaferro Armando Martínez, alcalde paceño, para que persiguiera a Estela Ponce y su cabildo. No ha instrumentado la estrategia práctica real, objetiva y contundente para exigir la rendición de cuentas a los maleantes que por cuatro años robaron descaradamente el erario estatal y municipal. Por 16 años nos robaron y no ha instituido la dependencia estatal que garantice que los recursos federales, estatales y municipales sean manejados con transparencia y honradez. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Cuando inició su gestión la XII Legislatura, unos diputados gritaron para que se aclararan las cuentas de la anterior legislatura. Se habló del famoso sobre amarillo “que entregó” el diputado Rogelio Martínez Santillán, en el que se “transparentaba el ejercicio fiscal”. Nunca apareció el sobre… ¡Y no es fábula! Concluyó la legislatura y se habló de un desfalco de más de 8 millones de pesos. Se acusó a Arturo de la Rosa, (ahora alcalde de Los Cabos) a un tal Paularena, al de finanzas y a Ariel Castro. Nunca se aclaró el manejo de los recursos de esa legislatura. Y no es fábula. El diputado Luis Martín Pérez Murrieta presentó la iniciativa –que se aprobó- de la creación de la Contraloría Legislativa. Ya le quitaron el apartado que decía sería integrada por ciudadanos, y claro ¡dormirá el sueño de los justos! ¡Y no es fábula!

Ahora el Congreso está lleno de gatos multicolores, pero gatos al fin, que no se cansan de tragarse al pueblo. Y no es fábula.

Nos asaltaron por 16 años y el gato albiazul, rojiamarillo de ahora, ni un dedo movió para la rendición de cuentas de los 16 años gobernados por gatos negros, blancos y ahora barcinos… Y no es fábula.

Al leer la fábula de T. Douglas, uno se puede “sentir ratón por unos minutos,” pero esperanzarnos en el pobre ratón fuereño que les pidió que eligieran un gobierno de ratones, aunque lo hayan acusado de comunista y lo metieran a la cárcel.

Pero “pueden encerrar un ratón o un hombre, pero no pueden encerrar una idea.” Alea Jacta Est.-

09-03-17.- Miembro de ESAC.-


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