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Sesenta años, pioneros. (Primera parte)

El lunes es día siete

“Soy hijo de Aquilón”

El lunes es día siete. Ese día de aquel memorable abril de 1954, se fundó Black Warrior –Guerrero Negro- y que al paso de los años pondría su nombre en labios de los poderosos magnates de oriente y Estados Unidos. Yo conocía Guerrero Negro nada más de nombre ya que ese año “paró” la minería de El Boleo, y muchos jóvenes entraron en la aventura de irse al desierto. Hoy, los que viven, son venerables abuelos, orgullosos pioneros que a golpe de pundonor y coraje vencieron el desierto, el viento y el frío. En 1967 surge la posibilidad de instaurar la educación secundaria en esa comunidad salinera. Nos comisionaron a Antonio Muñoz –tijuanense- y a mí para que fundáramos la primera escuela de segunda enseñanza allá… y la fundamos. Trabajamos en la escuela primaria Amado Nervo por las tardes-noches. En el día éramos maestros de primaria y por las tardes de secundaria. A todos los maestros de la primaria les dimos una cátedra: (matemáticas, física, inglés, español, talleres, historia, civismo, etc.) Hoy, todos, son compañeros pensionados en educación media. Así conocí esa comunidad, llena de arena, viento y frío: “Entre el rumor pesado y ronco del viento incesante que parecía venir del fondo de la tierra”. Así lo testifico en la novela que escribí sobre esa comunidad ya que en 2008 emprendí la aventura de escribirla. Y la escribí. Y fue una difícil decisión ya que recordaba el Guerrero Negro de 1967-68, perdidas las casas de la empresa en la inmensidad del desierto, dunas, frío y viento. Todos los fenómenos de la naturaleza amontonados en esa región para hacer la vida casi imposible. La niebla bajaba por las tardes y mañanas a escasos metros de nuestras cabezas y el frío era infernal…parecía que llovía. La empresa me otorgó una vivienda de las destinadas para los trabajadores. Allí vivían: Ramón Arce –mi vecino de pared con pared, Escopinichi –le dimos la cátedra de inglés- era vecino de pared con Valero. “La ciudad” había nacido del desierto y las dunas. La empresa construyó un canal desde la laguna Guerrero Negro para abastecer los dos primeros vasos cristalizadores que hicieron cerca de las oficinas. Como una profecía fuera de los mandamientos de Dios este canal fue la línea que marcó por muchos años la vida de la ciudad llena de pasos y botas, oficinas, talleres, yucles, turnos interminables de obreros, máquinas, las cuatro o cinco líneas de casas de empleados y obreros, los colectivos ¡y el salón de actos! y el desierto lleno de soledad, víboras, coyotes, zorras, cachoras. Entre una fila de casas, la iglesia y el parque de la empresa, en un espacio que se me antojaba enorme, un puro arenal pesado para caminarlo, se levantaba la escuela Amado Nervo. Por las tardes cuando iba envestido de subdirector de la secundaria, como a la mitad del arenal estaba una casa y algunas veces miré a mi exalumna de primaria Micha Ibarra, cuando salía a recoger alguna ropa del tendedero. Nos saludábamos. También cuando terminábamos el turno de noche, llegué a encontrar en el mismo espacio al compañero Coco Osuna, maestro que dejó su profesión. Que tal compañero, le decía. A la chamba Bobby, a la chamba, soy llantero en el taller, me contestaba. Entré en pláticas con muchos trabajadores y comprendí que la única opinión que manejaban era la de cumplir con su trabajo sin entrar a discutir temas que involucraran a la empresa. No opinaban nada en contra del patrón. En el entorno social desde que llegué observé en los habitantes una actitud mesurada, como de inadvertencia, como si tuviesen un pesar que había abierto un huequito en el corazón… “Quién anda ahí, nadie señor, soy yo” (Octavio Paz). Y es que hacía menos de un año que la pequeña comunidad había recibido el impactante accidente en que cuatro gerentes de la empresa en el paseo por lancha en El Chaparrito, habían muerto ahogados en ese fatal acontecimiento. Como que la comunidad se apropió de la solidaridad y –creo- con cierta nostalgia guardaban en el corazón esa fatalidad. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Y a esa inmensidad de desierto, dunas, viento y frío, jamás había pensado regresar y mucho menos a escribir una novela. En 2008 miré que el canal profético ya no divide al emporio, del desierto. La fauna emigró ya que el desierto se pobló con muchas colonias…el canal es sólo quimera de los kanaleros nocturnos. Y el lunes se cumplen 60 años del inicio de la lucha titánica… hay hijos de pioneros que la aman y son hijos de Aquilón que regresan de vez en vez: “vengo a devolverte las alas que me prestaste para soñar”… Alea Jacta Est. 4-4-14 (continuará…


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Una Respuesta de Sesenta años, pioneros. (Primera parte)

  1. LaNenaHelena 03/04/2014 en 11:19 PM

    Sencillamente hermoso, maestro.

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