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Quince de mayo, día del maestro

Nunca escribo lo que no siento

(Lo envié en mayo de 2012)

Nunca escribo lo que no siento. De esa apreciación es difícil hablar de una profesión “lindura y media” cuando en “la viña del Señor hay de todo”. El ser maestro es una profesión que debería enaltecer a los docentes en cualquier parte del mundo. Y claro que hay buenos, regulares y malos… pero todos son maestros y el día de ayer fue nuestro día. Cada quien debe mostrarse ante el escaparate de sus arreos y tomar lo que le corresponde. Pero nadie puede dudar de que la abnegación, el sacrificio, la responsabilidad hasta lo casi increíble, amor a la sociedad, la familia, la profesión y el apostolado ya se fueron, ya se perdieron con la modernidad. Soy maestro de la viejísima guardia, tan vieja, pero reconfortante, cuando después casi 30 años de no concurrir a las aulas, desde un estacionamiento, en la calle, en la tienda, en la función pública me hablan o me gritan para saludarme. Unos agitando sus manos y otros en saludo fraterno y muchos, con cierto orgullo dicen, “él fue mi profe en la secundaria dos, en la nocturna”. Un día me tropecé con la lucha social y así moriré, luchando con mis armas contra los malos gobernantes y funcionarios, contra la corrupción, el cinismo y la demagogia.

Un día alguien me dijo que estaba loco por estar contra el gobierno. No, le contesté, estaré loco el día que haya un gobierno bueno, democrático y yo esté contra él. Y todavía no lo encuentro. Bien, pero me estoy desviando del propósito inicial.

Los buenos maestros de preescolar, primaria y secundaria, llegan al magisterio con las manos vacías y se van, en la larga carrera de treinta años por el ABC del tiempo, con las manos llenas de corazones azules.

Los maestros de educación elemental generalmente estudiaron en escuelas normales y los de prepa en delante son profesionistas que estudiaron otras carreras, aunque los de la normal también son licenciados.

El ser maestro de la vieja guardia es haber tomado el agua de la acequia de la abnegación y el pundonor, el sacrificio y el amor a la educación y sus alumnos… hoy la profesión es muy distinta, y es que la vida de ahora es muy agitada y cambiante, no como la de ayer en que los maestros de primaria iban hasta los sábados a preparar a sus alumnos atrasados.

Un recuerdo para el viejo de las viejas guardias, Gilberto Valdivia Peña, que me prestó sus arreos cuando me quedaba a la deriva. Un socarrón recuerdo para los viejos de la vieja Vicente Guerrero, en San Ignacio: Luis y Adolfo Manríquez, Arturo Apodaca, Pepe Miranda, Epifanio Fiol y Salomón el cazador de lunas y silencios. Un recuerdo para los compañeros de la Benito Juárez en cachanía: Alberto Alcántar, Jerónimo Eligio Castro, Felipe Ojeda, Carlos Ramón Castro Beltrán, Raúl Pedrín.

Mi tránsito A Guerrero Negro para en 1968 ser cofundador de la educación secundaria en aquella salinera población, en la fundación de la secundaria Benito Juárez García, acompañado por los compañeros Toño Muñoz Meza, Ramón Arce, Cotera Valero, Escopiniche, César Bouttier, las maestras Ramona esposa de Nachón y Linda, esposa de Bouttier.

Mi tránsito a la Secundaria Manuel F. Montoya y el recuento de años jóvenes y viejos en la amistad con Ernesto Romero y Octavio Arce, con Diego Escarramán y su esposa la maestra Lorenza Alonso que fue mi directora. Y el épico camino que llenamos en cachanía con canciones y farra, poesía y lucha social: Benito Cañedo, Jesús Drew, Marcos Núñez Rosas, Gilberto Girón, Armando Patrón, mi compa Quique García, Tomás Vergara, Nemesio Fiol, Mateo y Eleuterio Meléndrez y un renglón especial para mi compañero Carlos Castro Romero, con el que me identificó la música, la lucha y la poesía. Con Adrián Ojeda Escamilla me une la amistad, la poesía, los viajes a Mulegé, lo bohemio y la bonhomía Y otro renglón muy aparte para mi compadre Laquito Ochoa que un día que fui a cachanía lo encontré de dirigente sindical. Me vio y me dice a rajatabla: “compadre, ya me cansé de jugar en el equipo de los perdedores, del que ponemos todo, el bat, la pelota y los guantes y siempre perdemos. Ahora formo en el equipo de los ganadores”. Nos abrazamos y nos fuimos a la cantina del Viejo, en Ranchería. Un abrazo solidario de ideas compartidas para los compañeros Alejandro Angulo Green y Sergio Peralta Baca, dos compañeros de esta ciudad, y que en ocasiones nos reunimos para desayunar recuerdos, nostalgias y propósitos de mantenernos en la lucha social. Aquí impartí mi cátedra por nueve años, nueve años de lucha sindical, fuerte y honesta, merecen para mí un recuerdo especial: Rubén León, Ismael Morales, Martita Amao, Ramón Nava y el impredecible Renán Liera.

En este quince de mayo un recuerdo solidario para los que hacen del magisterio un ejemplo social.

En la Normal mi profe Cuco Angulo me dijo: “Bobby, en el magisterio no busques en demasía los bienes materiales. Llena tus bolsas de estrellas” Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Y en las bolsas de mi vida tengo estrellas y   cuatro brazos que se esmeran en adjudicarse al final de sus caminos los corazones azules del ABC del tiempo: Mis hijos Juceatikán y Náyade Nadesdha García Meza, el primero licenciado en filosofía, con docencia en un Cecyte, y la segunda, licenciada normalista en preescolar.

Mi yerno Javier Núñez, esposo de mi hija, licenciado normalista. Mi nieta Verónica Elizabeth Angulo García, licenciada en Actividad Física y Deportes, egresada de la UABC y Tanya Araceli Romero García, licenciada egresada de la Normal Urbana. Gracias por compartir anhelos y propósitos. Alea Jacta Est. 16-05-12.- 16-05-18.-Miembro de ESAC.-

Nota.- Obviamente algunos compañeros que nombré ya fallecieron, pero igual a los que aún vivimos, llenaron sus caminos de soles y estrellas.


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