Mi ciudad impensada ( 3 )

El viento del norte mantiene su feroz alarido lastimoso y alargado

El viento del norte mantiene su feroz alarido lastimoso y alargado. Hoy por la mañana lo escuché como si un perro aullara. Sopla con mayor fuerza y más frío. El cielo viste su mismo color: gris, opaco, plomo con pequeños retazos de azul. Volví al panteón porque lo que grabé anteayer no lo escuché bien. Buscando las tumbas de don Miguelito y Fidelia, su esposa, -posiblemente los primeros pobladores del lugar- la de los doctores Lagarde, y Noyola, encontré la capilla del compañero bohemio, compositor y cantante, profesor Jesús Gigio Villavicencio. Es una casita hermosa como para que el compañero, en esa soledad, haga parir estrofas y melodías. Al frente tiene dos jardineras semicirculares y altas con vegetación del desierto. Anteayer miré tres corcholatas de Tecate light en la arena apisonada y dura porque la riegan. En la jardinera de la derecha estaba una botella de la misma marca. Sonreí y recordé las veces que la farra nos mantuvo cantando hasta la madrugada. Hoy, por la acción del fuerte viento, pude contar nueve corcholatas… la botella está donde mismo. La casita tiene una bonita puerta de madera y vidrio y dos ventanas. En la pared y arriba de la puerta está escrito con letra negra y grande: “Gigio,” y arriba el pentagrama con notas musicales; más arriba y en el centro la clave de Sol. Me acerqué y entre los vidrios observé: la bóveda y a los pies muchas flores así como dos floreros en la cabecera, un micrófono amarillo y una flauta. Una foto chica de él con una niña con gorro. Una fotografía grande de mi compañero y luego una guitarra de corcho y sobre ella un escrito: “Señor todopoderoso, tú nos has dado la música como un medio privilegiado para expresar nuestros sentimientos. Gracias por este regalo.” Después de la guitarra la cruz con la leyenda: “24 de julio de 1952. Veintitrés de julio de 2012.” “Siempre estarás en nuestros recuerdos. Tu esposa e hijos.” A un costado de la tumba y en la pared de la izquierda se encuentran muchísimos cuadros enmarcados en vidrio, de reconocimientos, diplomas, premios. Las tres paredes tienen el pentagrama y sus notas. En la pared del fondo hay otra puerta y un lado una guitarrita dibujada así como un teclado. Arriba está un pergamino dibujado y la clave de Sol arriba; luego la siguiente leyenda: “Mi historia, mi familia, mis amigos y mi tierra, son los cuatro puntos en que descansan mis ilusiones. En algún lugar del infinito una historia de amor, auténtico y versátil, norteñísimo. Época.” Luego está una pintura con su rostro y arriba el texto: “A mi manera.” Y vaya que era una de sus favoritas. En la esquina de esa pared está un florero pequeño y otro con flores muy bonitas que brillan como lentejuela. En la pared de la derecha también hay muchos cuadros de reconocimientos y diplomas.

En unas fiestas de San Ignacio nos encontramos en la presa, platicamos y me vendió su primera producción en casset. En La Paz trabajó en la secundaria Morelos. Luego vino a Cachanía a ser director de bienestar social hace varios trienios. Una ocasión lo contraté para que cantara en la casa. Obviamente cantamos y “pachanguiamos.” Un día lo encontré en Cachanía, le regalé mi novela sobre Guerrero Negro y él me regaló sus dos últimos CD. Llegando a la casa, en la primera pachanga escuchamos los dos CD. Son interpretaciones magníficas. Cuando leí “a mi manera” arriba de su pintura, recordé cuántas veces pongo el CD y la repito. La interpretó con mucho sentimiento y profesionalismo. También me llega mucho: “Te llegará una rosa.” Cuando escribía la novela nos encontramos algunas veces y la farra nos envolvió. El 24 estaba aquí, pero no recordé la fecha; me hubiera agradado estar en la iglesia. Fue un extraordinario intérprete dedicado en cuerpo y alma a su arte. Ya pensionado ocupaba todo su espacio en esa bella profesión.

Cerca de su casita está la capilla sin terminar del doctor Lagarde. Y supe de ella porque miré una cruz muy descuidada al fondo en una esquina y leí Dr. Detuve la camioneta y me bajé: es una capilla sin puertas y sin ventanas, sin pintura y piso carcomido. La cruz de madera como de metro y medio recostada en una esquina. En la tabla vertical y escrito con plumón negro dice: -de arriba para abajo_ “Dr Luis A Lagarde. Nada más. Por fuera clavada en una pared está otra cruz quebrada hasta la mitad. El filósofo del pueblo, el nerudiano humanista y cirujano, olvidado por la memoria del pueblo. A la izquierda está la bóveda del doctor Sergio Noyola Miranda, también olvidada a pesar de que fue el primer médico de la comunidad y la empresa y que vivió para servir a los demás. A don Miguelito y su esposa no los encontré. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Terminando la calle de concreto, Calzada de la República, se llega a una de asfalto. Desde allí se mira el panteón que mas bien parece una colonia porque se miran casas: son las capillas muy bien hechas, amplias, con puertas y ventanas. Pero al llegar se observa el lastimoso contraste; capillas de lujo en un mundo de ruinas entre cruces rotas, montículos de arena. Un abandono total entre capillas que parecen casas de lujo. Y Allí están los emblemáticos personajes: don Miguelito y su esposa, primeros habitantes. Prieto Castro, primer subdelegado “que vivió su repertorio a plenitud.” El doctor Noyola primer médico, servicial y profesional que habilitó un colectivo como hospital. Y el doctor Lagarde que fue el primer director del Seguro Social, filósofo, humanista y profesional. El abandono del panteón es el abandono de las autoridades. Alea Jacta Est.

 


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Una Respuesta de Mi ciudad impensada ( 3 )

  1. manolo 31/07/2015 en 9:44 AM

    MAESTRO, TE LEO Y ME GUSTA LO QUE ESCRIBES. RECIBE UN CORDIAL SALUDO Y RECONOCIMIENTO.

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