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La suerte está echada / Una mancha más al servicio del Issste

Ir a consulta es acción temeraria

 Cotizo al Issste desde 1959, es decir, tengo 53 años y un mes cotizando nada mas que desde el primero de enero de 1990 pasé a formar parte de los ilustres pensionados. Cuando se realizó el homenaje en el que se entregan medallas por 30 años de servicio, asistí pero me dije: “no puedo formar en la lista de la inadvertencia, tengo qué hacer algo”. Escribí un folleto al que titulé: “el año nuevo me sabe agrio” y al calce de la portada escribí: “por la patente 232711, antes llamado Jesús García Manríquez”. Primeramente lo entregué a los del presidium. Desde el momento en que uno se jubila (pensiona) pasa a ser un simple número para el Issste: te dan una credencial que se identifica con ese número; cada semestre tiene uno que pasar “revista de supervivencia”, o sea que tiene que ir a decir, “aquí estoy, no me he muerto”. En el folleto hablo de la vida de los pensionados y en una parte digo que debería haber una consigna supraterrena que anuncie –y se haga efectiva- que los jubilados se deben morir a los diez años de iniciar su pensión, ya que en 1990 había muchos pensionados que cobraban una jubilación miserable pues se habían jubilado allá por 1980 y como las pensiones solamente reciben el aumento del salario mínimo, a los diez años ya casi ganaban ese salario. Actualmente hay muchos compañeros que viven al día y por necesidad forman en el banco para cobrarla ya que no cuentan con un peso de refuerzo. Y a esa vida sacrificada hay que agregarle los años que cargamos encima.

 En el tránsito biológico los pensionados, todos, vamos acumulando años en la alforja, independientemente de que tengamos o no una vida con necesidades materiales, pero los años son de todos y a mayor edad las fuerzas “se van yendo de vacaciones”, verdad senador Carlos Mendoza?  Y por esa circunstancia el Issste nos consideraba y las fichas para las consultas las podíamos solicitar por teléfono. Recientemente a los “antropólogos sociales” del Issste se les ocurrió la puntada de cancelar ese servicio y ahora las fichas se tienen que ir a sacar a donde uno consulta. La Catra (antigua casa del trabajador) del Fovissste, con la explosión demográfica y el crecimiento de la ciudad rumbo al sur, ha sido rebasada por la necesidad de consultas y los derechohabientes y médicos pagamos las consecuencias. Con la medida de no dar ficha por teléfono, se hacen unas colas enormes y muchos van a formar desde las seis de la mañana. Se imagina usted, amable lector, el sacrificio que hay que hacer para ir de madrugada, casi sin poder caminar y mucho menos durar una hora parado haciendo fila?. Un hijo nos hizo el favor de ir a sacar la ficha y me platicó que llegó a las seis con treinta de la mañana y ya había muchos formados. Nos tocaron las dos últimas fichas, la de mi señora y la mía. De los que estaban formados atrás no alcanzaron ficha y les dicen “vengan mañana, pero muy de mañana”. Llegamos al consultorio a las diez 30 y salimos a la una y treinta. Qué tal si hubiésemos formado, sencillamente de la consulta nos mandan internar. Así de dramática es la absurda decisión de los “cerebros “güevones” de la delegación del Issste que tomaron tal determinación. Ahora bien: ¿en qué molestaba “el eficiente y atinado servicio que prestan”, el que las fichas se dieran por teléfono? ¿Trastocaba algún programa “ético y moral”? Lo dicho: la decisión de obligar a ir a formar es una mentada de madre para los pensionados y en especial para los enfermos y viejos. Es obligación moral y ética del delegado ordenar de inmediato volver a la práctica anterior. ¿Cómo aceptar que muchos que forman por más de una hora no alcancen ficha? ¿Y si batallan para caminar? ¿Por qué no se las dan para el siguiente día. Pero insisto: ya basta de tanto pisoteo a la dignidad humana. Los pensionados merecemos un trato digno y no ser tratados como pordioseros. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: tengo 53 años y un mes pagando mi cotización como burócrata federal, y así como yo hay muchísimos en el estado y el país. Con nuestras cuotas se integran parte de los presupuestos para cubrir necesidades del Issste, entre ellas los pagos de tanto “güevón” e irresponsable que pulula por las delegaciones federales. El delegado debería esmerarse en atender su encargo que fundamentalmente es para servir con eficiencia y pundonor a los trabajadores de la federación y con especial cuidado a los jubilados y vigilar más de cerca a los de mayor edad y enfermos. Alea jacta est. 01- 02-13


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