La suerte está echada / El reclamo popular

Los mandamientos constitucionales

Los soldados de México

 Es obvio que el gobernador atiende a sus funcionarios de confianza, a los incondicionales, a un “quiotro”  grillero de esos que “representan a las masas”. Pero de acuerdo a la constitución todos tenemos derecho a que nos escuchen. Hoy  hace un mes y cuatro días que entregué a los diputados en sus oficinas, en la del secretario general y en la particular del gobernador, un documento en cinco hojas en el que solicito al Congreso y al Ejecutivo: la creación de la contraloría ciudadana, certeza y certidumbre en la impartición de justicia reestructurando el poder judicial y la procuraduría. Particularmente al gobernador lo convoco para que informe a la comunidad las razones que lo llevaron a poner la secretaría de finanzas en manos del ex secretario de Narciso Agúndez. Partiendo de la tesis de que mi solicitud es seria y razonada, era obligación del Ejecutivo y el Legislativo dar respuesta, a menos, como se intuye, que la lisonja es para los merolicos que se han negado el derecho virtuoso de ver, escuchar y opinar. Mis planteamientos están en la alforja de la opinión pública y por lo tanto requiere de la argumentación de los diputados y el gobernador, máxime cuando el artículo octavo de la Constitución de la República los obliga: “a toda petición deberá recaer un acuerdo escrito de la autoridad a quien se haya dirigido, la cual tiene  obligación de hacerlo conocer en breve al peticionario”. Más claro ni el agua. Los diputados y el gobernador creen que con sus declaraciones y acciones que en nada resuelven la vida sacrificada de miles de sudcalifornianos que con salarios de dos a cuatro mil pesos mensuales hacen malabares para torear el potro de la miseria y pobreza, están cumpliendo y convenciendo al pueblo. Basta mirar y escuchar la radio y televisora del gobernador “y el trabajo de comunicadores”, para darnos cuenta “que no hay mejor prueba  del fracaso de la democracia y de la moral pública, que el cinismo de los políticos”. ¿Dónde la moralidad de los gobernantes que desde 1917, (constitución) están obligados a establecer un salario a los trabajadores que sea suficiente para satisfacer las necesidades normales de una familia en el orden material, social y cultural? La realidad nos demuestra todo lo contrario: la brecha entre la riqueza y la pobreza cada día se ensancha más y cada día los pobres son más y los funcionarios, políticos “políticos”, los ricos y los millonarios cada día acrecientan sus riquezas y cada día se les llena más el corazón de raíces malignas. Y cuando el pueblo se cansa –parece que es muy aguantador- y decide luchar contra el gobierno, “la autoridad” utiliza métodos represivos para “conservar el orden”. El artículo 39 constitucional textualmente dice: “la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”… más claro ni el agua, como la obligación del gobernador de contestarme el documento del 18 de enero. Y resulta que cuando “muchos locos” pretenden hacer valer el artículo 39, les echan los soldados para que los calmen y si siguen, para que los masacren… en aras del orden constituido… el orden de ellos no el del pueblo. Y hace unos días los medios ponderaron el valor heroico del ejército. Peñita se descopetó en alabanzas, y aquí Marquitos. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: en 1973 “alteramos el orden público en cachanía” y cuando me llamó Echeverría al ferry, los soldados me abrieron valla y se cerraron para que los mineros no me acompañaran. Me dijeron que habían cortado cartucho, yo no escuché. Nos trasladamos a Guerrero Negro para entregarle un documento, por toda la carretera se atravesaron soldados cuando pasábamos y cuando llegamos unos soldados me rodearon y un compañero entregó el documento. En 1980 siendo candidato a alcalde, realizamos un acto en la cancha de Mesa México, que está cerquita de lo que era el cuartel. Llegaron dos soldados y me dijeron que me retirara. No les hice caso. Vinieron otra vez y como cinco formaron fila en la calle con los rifles apuntándonos. Se acabó el acto aunque “mis revolucionarios” ya se habían ido. De acuerdo con la tesis marxista –y comparto- el ejército está para salvaguardar el orden que los poderosos han construido. Está para proteger el entramado “de la revolución”. Hasta hoy nunca ha defendido al pueblo. Es antidemocrático por naturaleza. Alea jacta est. 22-02-13.

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Escrito por el 25/02/2013. Archivado en La Suerte Está Echada. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.