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La suerte está echada / La primera trinchera es la de la vida

La primera trinchera es la de la vida
Nadie nos obliga a ocupar otra… 

En mi poemario “Tres voces una cruz y el agua” (1990), editado en la imprenta Juárez del compañero Luis Barboza –recién fallecido-, está el poema  “muerte”: “Es tan corta la existencia/ que el hombre jamás termina/ de crucificarse en su madero// Es tan corta la existencia/ que siempre por los caminos/ vamos afinando notas/ en la pauta de la muerte// Es el nacer el camino/ para empezar a morir/ es remontar escaleras/ para subir as la muerte/ es desandar escalones/ para morir a la vida// Es la muerte la batalla/ de aquel guerrero sin voz/ que lucha contra la muerte/ con ropaje de ataúd// -El que muere al nacer…/ muere o nace?// -El que nace y crece/ surge a la vida/ o crece a la muerte?// Ciertamente es tan corta la existencia que el hombre jamás termina de crucificarse en su madero… pero mientras, quiera o no, ocupa la trinchera de su vida, esa trinchera que nunca sabe qué tan larga será, y claro, la va horadando con sus acciones, que al final, lo califican… ¡cuidado con aquel que no sea calificado al morir! Ciertamente todos ocupamos nuestra trinchera de la vida y muchos, tal vez, no se preocupen por ocupar otra ya que nadie obliga a ello. Se puede ocupar el rol comodísimo de las tareas cotidianas: tener casa y familia, ir al trabajo, regresar a casa, comer, descansar, leer alguna columna de un periódico (tal vez), ver la tele y esperar la noche para dormir… y al otro día lo mismo, ir al trabajo… y así hasta la vejez y la muerte.

Conocí a Manuel Apodaca López, allá por los sesenta en Santa Rosalía, tanto él como yo ya cargábamos el pico y la pala con los que horadábamos nuestra trinchera vital. Un día pasaba por el Chorizo –paseo alargado desde el arroyo del Pozo hasta el puesto del Yigo, en Ranchería-  y escuché que por sonido estaban invitando a reunirse en un local de enfrente. Me quedé para ver de qué se trataba. Llegaron algunas personas y una se posesionó del micrófono. Un minero me dijo: “va hablar “el Pardo”. Y en efecto habló una persona a la que le decían “Pardo” porque era el encargado de una zapatería que así se llamaba. La gente lo calificó como “el señor Pardo”. En la reunión se habló de dar vida al Partido Acción Nacional (PAN) también tomó el micrófono el joven Manuel Apodaca López (1965). Desde entonces conocí al compañero Apodaca. El señor Pardo duró pocos años en cachanía y el proyecto del PAN no prosperó. Al correr de los años Apodaca fue ensanchando la   trinchera “extra”. Se involucró en tareas del PRI y fue dirigente de la CTM. De vez en vez iba Márquez Físcher, dirigente estatal, y realizaban asambleas. Yo me mantenía ocupado en la trinchera opuesta y organizaba la lucha de mineros, sardineras, choferes, etc. Apodaca quería ser candidato a diputado pero como la organización de la CTM en cachanía no tenía mucho peso, no lograba su objetivo. En una de tantas visitas a mi pueblo encontré todos los changarros (taquerías, abarrotes, loncherías, que eran como cincuenta), ubicados desde Ranchería, la Nopalera, el centro y la Hidalgo, con el logo de la CTM, en letras negras y grandes. Había changarros hasta de de cartón negro. Socarronamente sonreí y me dije: “ahora sí va a ser diputado Apodaca”, y así fue. Le tocaron los primeros tres años del gobierno de Liceaga Rubial. (1987) Fue  diputado de la Sexta Legislaturay representó el Distrito IX, con cabecera en Santa Rosalía. El Distrito X (Guerrero Negro) fue representado por Mario Ibarra Cárdenas, y el XII por José Manuel Murillo Peralta (el famoso Che). Apodaca se quedó a radicar en esta ciudad y en la lucha que dimos por la Alianza Sudcaliforniana, él y yo formamos parte activa en ella. Nos reuníamos semana tras semana, llegaba por él para concurrir a las reuniones. Como un año nos involucramos en la Alianza Sudcalifornianay nuestras coincidencias políticas fueron muchas. La lucha fue aprovechada por los vivales de siempre y Apodaca y yo guardamos los arreos. Hace meses tuve noticia de que estaba delicado de salud. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: El compañero Apodaca no se conformó con la trinchera natural otorgada por la vida, no, a golpe de pala y pico confeccionó la trinchera “extra” que lo llevó a representar a su partido (PRI)  y su central (CTM) como diputado de su pueblo. La lucha en la Alianza Sudcaliforniana nos permitió conocernos en una página democrática. El martes de la semana pasada supe que había fallecido la semana anterior. Aunque militamos en trincheras opuestas, por más de un año compartimos proyectos de unidad y amistad. Por fin remontó la escalera para subir a la muerte. Un saludo cordial para su familia. Alea Jacta Est. Mi blog: http://nivelcincuenta.blogspot.com  10-10-12


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