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La mitomanía… es peligrosa

Ningún paciente impaciente

La mitomanía, mentira patológica o pseudología fantástica, técnicamente calificada es una enfermedad patológica, una perturbación de la personalidad de los mentirosos compulsivos. De acuerdo a este cuadro psiquiátrico el cien por ciento de los funcionarios públicos de alta jerarquía padecen esta enfermedad, aunque a decir verdad la mentira del funcionario, en la práctica, es su caparazón para estar vigente ya que decir la verdad sería tanto como la frase lapidaria del vetusto dinosaurio ya fallecido Fidel Velázquez –murió casi a fuerza- “el que se mueve no sale en la foto,” aunque ahora es al revés. Si un funcionario dice la verdad más temprano que tarde no saldrá en la foto. La alta jerarquía gubernamental tiene la necesidad de mentir porque las necesidades que el pueblo pide las tiene que comprometer a sabiendas que nunca las podrá cumplir, más por la corrupción que por falta de recursos.

En las campañas políticas la mitomanía y el mitómano ocupan las primeras planas de la prensa. Hay ofrecimientos y actitudes que rayan en lo temerario: el actual gobernador mintió desde el momento en que las llamadas telefónicas “ilegales” no fueron desmentidas y hasta hoy no explica al pueblo “qué ondas” con los seis melones mensuales que se escucha en la grabación. La campaña dio para eso y más como las grabaciones en cuestión. Pero las hubo jocosas: “en un tronar de dedos terminaré con el crimen organizado.” Y parecía que tenía una vara mágica porque las ejecuciones se terminaron y ahora que volvieron no es “mas que el reacomodo de los que se dedican a estas actividades ilícitas.” Otra gran puntada fue la de “que habrá agua las 24 horas del día.” Y en las colonias duran hasta 120 horas sin agua. También dijo que “no habría ningún niño ni joven sin cupo en las escuelas.” Y el semestre pasado el 60 % de los jóvenes que pretendieron ingresar a la UABCS no lo lograron. Para este febrero cientos de familias durmieron varios días en el perímetro de las escuelas para lograr una ficha para que sus hijos acudieran a esa escuela que les queda más cerca de su casa. También dijo que en su gobierno “se mandaría al desempleo a vacaciones,” y resulta que tenemos una de las tasas más elevadas en desempleo a nivel nacional. Son más de 20 mil sin trabajo y en el informal muchos más. Habló de un gobierno transparente y es una de las entidades con mayor impunidad y por lo tanto una de las mayores en ocultar la corrupción. Hace unas semanas su secretario de finanzas dijo que no había por qué dudar de la transparencia del gobierno de Marcos Covarrubias y recientemente la prensa nacional manejó la noticia de que seis gobiernos panistas en el ejercicio de 2014 “no saben qué hicieron con 3 mil 700 millones de pesos.” Marcos Covarrubias “escondió” 352.8 millones de pesos que se opacaron en: programas educativos, salud, seguridad pública y las aportaciones a las entidades federativas… ¡ah! pero en educación manejaba la opacidad Sonia Murillo, y como premio la puso en contraloría, y a la contralora de Marcos la premió con una diputación y ahora desbancó al cabeza de gato de doña Flora del Mezquital. Ya la miré muy oronda en el presídium en el informe del presidente del tribunal superior de justicia, entramado en el que exige justicia la familia de Jonathan Hernández, asesinado por juniors –se dice- del poder… y una más: allí, en plena ceremonia dijo: “que la justicia llegue con oportunidad a quien la requiera.” Y en salud despacha con la cuchara grande la familia del secretario general de gobierno y en seguridad pública ordenó a sus tamemes diputados panistas que reformaran la constitución para que llegara un tal Palemón que más bien , creo, es un gran palomón.

Y en plena euforia campañil y ya engullido por la mentira patológica se atrevió a decir: “ningún paciente impaciente.” Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Ayer miércoles amanecí muy “madriado” al grado de solicitar a una hija que me llevara al Issste. Se me bajó tremendamente la presión arterial acompañada con una arritmia cardiaca, que francamente hicieron que me sintiera muy mal. Llegamos a urgencias, me bajé y mi hija salió a buscar dónde estacionarse, tarea casi imposible: entré y miré un mundo de mil vestidos, unos sentados, otros de pie y muchos, de plano, caminando como sonámbulos. Muchos pacientes traían un tapabocas azul. Llegué a una pequeña ventanilla, dije mi malestar, tomó mi carnet, apuntó y me dijo: “por esta puerta –señaló con el brazo- una enfermera lo va a llamar. Como a los cinco minutos se desocupó una banca y raudo llegué hasta ella. Cuando el recepcionista me dijo “una enfermera lo va a llamar,” pensé que rápidamente me atenderían ya que “con el corazón no se juega.” Como a los diez minutos entró mi hija y nos vimos como cuando los perros miran para que los acaricien. Hasta esos diez minutos salió un paciente y la enfermera nombró, con voz fuerte… no era mi nombre. En diez minutos IMPACIENTES MÁS, llegó una señora con una niña vomitando; como a los cinco minutos la llamaron. Otro período interminable y la puerta “por donde me llamarían” no se abría. Llegó una ambulancia y metieron una señora, un doctor entró por la puerta y desapareció y creo que la enfermera también porque a los quince minutos la puerta no se abrió. Ya muy IMPACIENTE me levanté, llegué hasta donde mi hija y le pedí tocara la puerta; abrió, me miró impotente y me dijo: “no hay nadie.” De inmediato salimos a buscar una doctora amiga para que me atendiera. En efecto traía la presión muy baja y una “clarísima arritmia.”

Señor gobernador: somos miles los pacientes impacientes en el servicio de salud en el que usted no hace nada o casi nada para corregir las deficiencias. Los pobres y pensionados pagamos la irresponsabilidad…Señor gobernador: nadie le creyó eso de “ningún paciente impaciente:” Alea Jacta Est – 17-03-16


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Una Respuesta de La mitomanía… es peligrosa

  1. Juan Moisés de la Serna 22/03/2016 en 7:05 AM

    Siento no estar de acuerdo con el fondo de este texto, ya que se equipara al mitómano con el político, es cierto que en la política se miente mucho y se dicen muchas medias verdades, pero la mitomanía va mucho más allá.
    Es una enfermedad con graves consecuencias para la persona, sus amigos y familiares.
    El mitómano no busca votos, simplemente admiración, no planea a largo plazo y diseña campañas.
    Le recomiendo encarecidamente la lectura de mi última obra de divulgación científica dedicada a este fenómeno titulada: La Mitomanía. Descubriendo al Mentiroso Compulsivo que puede adquirir a través de Amazon.
    Espero que sea de su interés la lectura.
    Saludos.

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