“Hermano Francisco no te acerques mucho”

Escuché el discurso que entregó Peña Nieto al Papa Francisco

“Han sido los sucesivos gobiernos los que han creado a la mayoría de los ricos y a la mayoría de los pobres. En México son muy pocos los que son ricos por sus propios méritos y son muy pocos los que son pobres por su propia culpa.”

Escuché el discurso que entregó Peña Nieto al Papa Francisco en el primer acto protocolario de la visita papal. Fue un mensaje magistral dicho por un personaje que no existe en un país también inexistente. Un mensaje de un gran estadista comparable con un Mahatma Gandhi o un Martin Luther King, con la salvedad de que ellos sí abonaron en una patria desigual y lucharon con su esfuerzo en corregir la desigualdad… predicaron con el ejemplo. En cambio el ejecutivo federal eslabonó un discurso en el que en cada enunciado parecía diseccionar con el bisturí irrefutable de la realidad ese país en el que todos los jinetes del apocalipsis que describió se han enseñoreado de los cuatro rumbos de esta patria tan mancillada.

El Papa Francisco escuchó el discurso con la estatura de su jerarquía. Cierto estoy que hubiese querido gritar a los cuatro vientos que lo expresado por Peña Nieto era una extraordinaria oratoria pulida en el alto templo de la demagogia. Bastaría que iniciara su intervención reclamándole a la máxima autoridad nacional a que iniciara a predicar con el ejemplo. Seguramente que la visita a México de ninguna manera se inscribió en el discurso certero y flamígero para desnudar directamente la corrupción que corroe la estructura gubernamental. La estatura representada por el Papa Francisco no podía desenmascarar abiertamente que las tres tentaciones humanas de “la riqueza, la vanidad y el orgullo” encuentran su tierra de cultivo en la alta jerarquía gubernamental, la alta clase política en la que se han creado la mayoría de los ricos y la mayoría de los pobres. Al hablar de que hay riquezas amasadas con las manos manchadas de sangre seguramente se refirió a que son muy pocos los que son ricos por sus propios méritos, y al concurrir a Michoacán fue a testificar de que son muy pocos los que son pobres por su propia culpa. El protocolo para la visita de ninguna manera contemplaba denuncias directas… bien entiende el Papa que el hermano Francisco no se podía acercar mucho como no se acercó al lobo feroz el hermano de Asís.

La palabra del Papa, un mensaje humano y filosófico, moral y dolorido, hermoso y cristalino que corrió por la agreste serranía, por el valle y los ríos, por el mar y las piedras bravías de la costa reclamando a una patria llena de corrupción, crimen organizado, manos llenas de sangre por el dinero embolsado con el sufrimiento popular; su palabra seguirá recorriendo los límites de Michoacán, Oaxaca, Guerrero, Yucatán, toda la agreste sierra hasta llegar a la de los antiguos dueños de la Tarahumara y los apaches del norte. Le habló a los pobres de una patria “anestesiada” en su conciencia y sus bellezas. Su palabra de igualdad y paz seguirá recorriendo estadios y calles, la catedral y las iglesias en donde el discurso vacío, ausente y aislado de Peña Nieto seguirá crucificado… pero crucificando a un pueblo sumiso que como el lobo de Asís sigue prendido en el dedo divino que apunta al universo. Este pueblo nuestro que ancestralmente está prendido en el dedo sin entender que le marcaron el rumbo para asaltar montañas y valles, ríos y mares.

El Papa Francisco predica una iglesia de humildad y concordia, una iglesia que su único poder sea la palabra de Dios y no el poder de la política y las manos manchadas de sangre. Una iglesia que no se arrodille en Palacio Nacional donde se arremolinaron los secretarios de estado, gobernadores y faraones de partidos políticos en el credo de los jerarcas religiosos para escuchar el reproche sutil y puntiagudo del Papa Francisco… y al final aplaudieron al que les dijo farsantes y corruptos… ¡pero no! ellos aman la paz y la justicia, ellos no han creado a la mayoría de los ricos ni la mayoría de los pobres, no, ellos no. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Hermano Francisco no te acerques mucho, yo estaba tranquilo allá en el convento, más luego vi en todas las casas la envidia, la ira, el rencor, la avaricia, lujuria, el odio, la infamia, la mentira. Me vieron manso y comía lo que me daban, pero un buen día me dieron de palos… hermano Francisco no te acerques mucho, vete a tu convento, déjame existir en mi libertad.

Y el hermano Francisco recorrerá con su voz y rebeldía la geografía, y su discurso se diluirá como el agua que corre en los ríos y entre las manos de este pueblo que “histéricamente” seguirá soportando la corrupción, la pobreza y la miseria. Pero el hermano Francisco no se acercará mucho a los que tienen la patente de la corrupción y el cinismo. Alea Jacta Est. 16-02-16


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